Si pudiera detener el tiempo y ser el guardián de tus mejores sueños.
Ser esa estrella que ordena la constelación de tus dientes de marfil.
Ser siempre tu sonrisa, tu abrigo, el agua bendita que me resucita cuando me besas.
A ratos vienes y te vas, como la marea que despeja mis malos presagios.
Como la semilla que florece si al regarla se le pone la misma pasión que la locura de tenerte entre mis brazos.
Creces entre la espiga y la hierba, despertando con elegancia las mejores espesuras,
allí donde las raíces encajan con la hermosura de tu cuerpo.
Como un chiquillo en la feria, me gusta detenerme y probar el algodón de azúcar
que me ofrece el mar de tus labios: ese que nunca se equivoca,
el que, a pesar de los años, permanece impecable e intacto al paso del tiempo.
Me gustaría compartir contigo este algodón de azúcar como dos enamorados,
volviendo al lugar donde nos dimos el primer beso siendo niños.
Recordar que hubo un tiempo en el que fuimos felices
y, al compás de una música celestial,
rememorar que nos prometimos serlo siempre.
No temas a los días ni a las noches.
Siento la necesidad de despojarme de mis miedos
y atreverme a decirte, una vez más, que te quiero.
Y esta vez, este te quiero es sincero.
Tan transparente como nuestras miradas,
que aún se desean y ven cumplido un sueño de infancia.
Hoy, ya de mayores, comprobamos que nuestro amor sigue como el primer día:
con algunas canas, sí,
pero con la complicidad intacta de aquel momento en que nos dimos el sí quiero.
Un amor que hoy deposito en la caja de los sueños para ser recordado.
Porque el amor, a cualquier edad, debe ser admirado y celebrado.
Motívate con este Algodón de azúcar romántico y sincero.
Y tú, ¿estás motivado/a?
Más reflexiones emocionales para la comunidad lectora de Infoguadiato.
Artículo emocional dedicado al amor de pareja y a quienes están a punto de sentir la flecha de Cupido.
Sergio Delgado Cintas





























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