El acto, convocado por CTA, incluyó el depósito de coronas de flores en recuerdo del militante anarcosindicalista, 32 años después de su fallecimiento.
El cementerio de Almodóvar del Río acogió el 24 de octubre un homenaje a Antonio Ramos Palomares, conocido como «El Carbonero». El acto, convocado por CTA bajo el lema «Que el olvido no borre su memoria», incluyó el depósito de coronas de flores ante su tumba, cuando se cumplen 32 años de su fallecimiento.
La convocatoria recuperó el recuerdo de un trabajador vinculado a la CNT y la FAI cuya trayectoria permanece presente entre sus familiares y quienes compartieron con él sus ideas y su compromiso sindical.
Francisco Moro, familiar de Ramos y exsecretario general de CTA en Andalucía, ofrece una visión cercana de su vida en el testimonio recogido por Miguel Hernández Bernárdez. Para él era el «tío Carbonero», una persona cariñosa, alegre, valiente y autodidacta, con una memoria extraordinaria.
Moro recuerda las visitas que le hacía y las conversaciones que se prolongaban durante horas. A través de aquellos encuentros conoció sus experiencias y también su manera de entender la solidaridad: ayudar a otros trabajadores y a familias necesitadas, incluso cuando los recursos propios eran escasos.
Según ese relato familiar, la vida de Antonio Ramos estuvo marcada por la represión franquista, las torturas y largos periodos de prisión. Su familia también sufrió las consecuencias del encarcelamiento, la precariedad y el miedo que rodeaba a quienes habían sido señalados por su militancia.
El testimonio describe, además, las dificultades de su vida después de salir de la cárcel. Durante una etapa tuvo que presentarse en el cuartel de la Guardia Civil y hubo personas que evitaban relacionarse públicamente con él por temor. Moro contrapone ese aislamiento con el acercamiento posterior de quienes acudían a escucharlo y pedirle opinión.
Pero sus recuerdos no se limitan a la persecución. También hablan de un hombre familiar, orgulloso de su oficio y de su apodo, que había adquirido conocimientos mediante la lectura y que mantuvo sus convicciones a pesar de las dificultades.
La solidaridad ocupa un lugar central en esa memoria. Moro relata que Ramos ayudaba discretamente a quienes lo necesitaban y entendía el apoyo mutuo como una práctica cotidiana. Esa es una de las facetas que su familia quiere conservar junto a su trayectoria militante.
El homenaje celebrado en Almodóvar del Río llevó ese recuerdo hasta el lugar donde reposan sus restos. Las coronas de flores acompañaron una convocatoria que reivindicaba, desde su propio lema, mantener viva la memoria de «El Carbonero».
Fuente de la semblanza: texto de Miguel Hernández Bernárdez basado en el testimonio de Francisco Moro.






























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