Reflejar un pequeño resumen de la actividad desplegada por los Amigos de África de nuestro pueblo en los 30 años que acaban de cumplir sería prácticamente una misión imposible. No se podría, por más que quisiera. Porque hablar de esta asociación es hablar de solidaridad extrema, de ponerse siempre al servicio de los más necesitados, de no apartar la mirada al continente vecino y ofrecerle continuamente apoyo, de embarcarse en miles de proyectos ayudando a niños pobres, de mirar a África con la esperanza de aportar una y otra vez ese granito de arena que aunque pueda parecer que, a veces, es poca cosa o no es suficiente, supone constantemente un aliento de luz en cada actividad que ponen en marcha en el continente africano.
Todos los que hemos pertenecido a una asociación sabemos lo complicado que es no llegar arriba, sino mantenerla viva y presente año a año y codo a codo entre todos los componentes. Esta asociación echó a andar hace ya 30 años, siendo chavales, críos, pero una juventud que empezó con la misma filosofía que aún hoy mantienen: esperanzarnos en un mundo mejor, a pesar de la que está cayendo ahí afuera.
Amigos de África es una asociación sencilla, humilde y cercana, pero con un afán de trabajo y compromiso inconmensurables, organizando campamentos solidarios, recogiendo medicinas, apadrinando jóvenes, participando en cientos de proyectos en la África más empobrecida y olvidada, levantando actos buscando beneficios y un muy largo etcétera de compromisos aquí y allá, con la idea inmarcesible de que podemos mejorar este mundo, que sí, que se puede revertir a mejor muchos «pequeños mundos» injustos y desfavorables por «pequeños mundos» llenos de acciones buenas y justas. Están convencidos de ello y así lo demuestran desde hace tres décadas, que se dice pronto.
He tenido la suerte de colaborar con el grupo y sólo recuerdo de esa experiencia haber aprendido, haberme hecho mejor persona y darme cuenta (que es muy difícil) de la cantidad de idioteces y estupideces que nos rodean y preocupan, y por el contrario, reestablecerme y reprogramarme mi escala de valores de esta vida cada vez más llena de materialismo y publicidad vacía. Gracias por enseñarme está gran lección.
Felicidades y enhorabuena a los Amigos de África por este largo e intenso recorrido, sois un ejemplo a seguir por todos. Qué suerte presumir en Peñarroya de vosotros, hijos e hijas del Terrible, criados en nuestras calles y barrios, desde el Cerro hasta el Peñón. Y, por supuesto, qué enorme esfuerzo y mérito montar un grupo con 16,17 años y mantenerlo ahora con cincuenta. Vivo, activo y con proyección. Transmitiéndose, además, de padres a hijos. Por lo que el punto y final no se vislumbra ni por asomo, todo lo contrario, estáis reinventando y fortaleciendo el proyecto, con nuevos espíritus solidarios, jóvenes que empiezan a empujar, hijos que cogen el testigo y generaciones talladas muy escrupulosamente para mantener ardiendo vuestra llama. ¡¡Gracias por todo lo que hacéis y a seguir cumpliendo muchos años más!!
Miguel A. García





























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