Por Begoña Iza
Algo muy gordo está pasando en Andalucía y nos están mintiendo. Nos mienten la Junta de Andalucía y nos mienten demasiados medios de comunicación que miran para otro lado mientras se cocina, otra vez, una catástrofe ambiental anunciada.
Cuando la UME tiene que desplazarse desde Morón hasta Aznalcóllar para evitar un desastre, no estamos ante una anécdota ni ante un simple temporal. Estamos ante el reconocimiento implícito de que existe un riesgo real, grave e inmediato, un riesgo que algunos llevamos años denunciando mientras se nos tachaba de alarmistas.
En 1998 se rompieron las balsas de Boliden y Andalucía pagó el precio. Doñana fue envenenada, el Guadiamar quedó devastado y la empresa responsable se marchó sin pagar. Ni los casi 90 millones de euros de la limpieza ni la humillación colectiva que aquello supuso. Aquello no fue un accidente: fue un crimen ambiental con responsables políticos claros.
Veinticinco años después, la historia se repite. El Partido Popular ha decidido que Andalucía vuelva a ser colonia minera, un territorio al que se le extraen recursos, se le dejan residuos tóxicos y se le niega un futuro. Autorizaciones ambientales concedidas en cadena, sin debate social, sin transparencia y sin escuchar a la comunidad científica.
Aznalcóllar vuelve a llenarse de lodos venenosos. Las balsas vuelven a crecer. Y la Junta de Andalucía entrega la explotación de Los Frailes a Grupo México, una multinacional con un historial que debería bastar para cerrar cualquier expediente administrativo. Muertos en Pasta de Conchos. Ríos envenenados en Sonora. Impunidad como forma de negocio.
¿De verdad alguien cree que esta vez será diferente? ¿De verdad pretenden convencernos de que empresas con ese pasado van a actuar con responsabilidad aquí, cuando su beneficio depende precisamente de recortar en seguridad y control ambiental?
La presencia de la UME no tranquiliza: alarma. Porque demuestra que ni siquiera la Junta confía en su propio modelo. Se parchea el riesgo mientras se mantiene intacto el negocio. Se contienen las balsas mientras se abre la puerta a que sigan llenándose.
Andalucía vuelve a ser tratada como zona de sacrificio. Como vertedero tóxico de multinacionales que vienen, arrasan y se van. Y la Junta de Andalucía no es una víctima de este modelo: es su cómplice.
No necesitamos minería a cualquier precio. No necesitamos desarrollo basado en la destrucción del territorio, el envenenamiento del agua y la amenaza permanente sobre nuestras vidas. Necesitamos futuro, no saqueo.
Andalucía no es colonia. No es mina. No es vertedero.
Y si quienes gobiernan no la defienden, lo haremos nosotros.
Foto portada: Desde el 4 de febrero, la UME levanta un muro de contención en torno a la balsa de la mina de Aznalcóllar, con el despliegue de cerca de un centenar de efectivos, además de vehículos, motobombas y maquinaria especializada.





























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