¡Ay!, quién pudiera meterse en la máquina del tiempo y viajar al pasado. Algunos se quedarían allí, detenidos en esas épocas que, por desgracia, no volverán; tiempos de una generación de hierro que vivió años muy duros, como la posguerra.
Las casas estaban llenas del gentío y del bullicio de los vecinos que se asomaban o se acercaban a los hogares en busca de ese calor familiar.
Como estoy narrando, eran otros tiempos, pero qué bonito es recordar cómo aquellos vecinos, casi sin nada, eran felices y vivían una vida plena, con la esperanza de un futuro algo mejor para sus hijos.
Qué mejor figura para homenajear hoy martes, en representación de esa generación de hierro, que nuestra entrañable vecina y amiga Ángela Santiago Holguín, alma mater de una prolífica saga familiar como los Santiago Holguín.
Una mujer luchadora, emprendedora y con una devoción divina que desborda y traspasa todo lo litúrgico y lo instrumental.
A veces nos cuentan grandes hazañas históricas o heroicas, como las del Cid Campeador, pero en Ángela se ve que su mayor hazaña ha sido llevar una vida callada, silenciosa y sin estridencias, sosteniéndose en un ritmo constante de trabajo hacia su familia y hacia los demás.
Hoy nos detenemos en esa clase de mujer que, por pura vocación, se encarna en una discípula más de la diosa Atenea, por sus serviles actos en los tejidos dedicados a los mejores dioses y diosas divinos que hay en nuestro pueblo.
Gracias a ese estilo de mujer prudente y evocadora, se convierte en un referente ideal para aparecer en las mejores portadas que puedan circular por las redes sociales, como las de Infoguadiato, para hacer prevalecer que es digna de admiración y devoción; no solo por sus hechos, sino por la personalidad con la que encara los duros momentos con una entereza descomunal.
De forma didáctica y sencilla, resumimos la biografía —novelada— que el equipo de redacción ha preparado para mostrar a los lectores y lectoras la vida de Ángela Santiago Holguín:
Ángela Santiago Holguín nació en la humilde casa de la calle Espartero, nº 28, donde el bullicio del barrio se mezclaba con los primeros latidos de una vida generosa. Más tarde, su familia estrenó hogar en el barrio de La Gotera, y allí Ángela creció como la mayor de una extensa prole: Angelita, Conchi, Celi, Rosario, Antonia, Luisi, Pepi, Paco y Rafa. Desde joven aprendió que cuidar a los suyos no era una obligación, sino una forma natural de estar en el mundo.
Trabajó en la Yutera con la energía de quien empieza a abrirse camino, y años después se convirtió en autónoma en la plaza de abastos, donde vendía frutas, encurtidos y frutos secos. Muchos la recuerdan por su trato cercano y su carácter firme. Con Alfredo Mera Hidalgo formó un matrimonio sólido, construido a base de trabajo compartido y complicidad. De esa unión nacieron M. Ángeles y Raquel, y más tarde llegaron los nietos —Azahara, Juan José, Ángela y Óscar— y los bisnietos Alejandra y Mateo, que ampliaron el círculo de afecto que ella tanto valoraba.
Junto a su marido y a otros vecinos, Ángela fue pieza clave en la revitalización de la Hermandad del Cautivo Nazareno y Esperanza. Cosió trajes para la Virgen, organizó actividades, movió hilos, voluntades y corazones para que los pasos volvieran a salir. Su compromiso sigue vivo, porque nunca entendió la fe como algo lejano, sino como un trabajo constante y colectivo.
Quienes la conocen coinciden en lo mismo: su familia siempre estuvo en el centro de su vida; su mano, siempre tendida; su amistad, leal y cálida. Ángela no buscó grandes gestos, pero dejó una huella profunda. Hay personas que sostienen casas, barrios y hermandades casi sin que se note. Ella es una de ellas.
Si una frase define la vida de nuestro personaje de hoy es la siguiente:
«Ningún legado es tan rico como la honestidad.»
William Shakespeare
Y ese legado, tan cargado de honestidad, es el mayor tesoro que dejará a sus familiares y a sus vecinos nuestra adorable amiga y vecina Ángela.
Que todo el amor que colmaste en tu pueblo se multiplique hoy por mil.
Estoy seguro de que nos quedamos con la sensación de haber rendido un sincero, respetuoso y emotivo homenaje a una gran señora, de la cual nos sentimos profundamente orgullosos.
Sin más que decirte:
«SIGUE SOÑANDO EN GRANDE»
Te queremos mucho.
Te lo mereces.
SERGIO DELGADO CINTAS






























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