Reconocer la vida de nuestros vecinos es reconocer también la historia de nuestro pueblo. Y si a eso se le suma el amor incondicional por la tierra que nos vio nacer, aparecen personas que, aun marchándose, nunca se van del todo. Gente que ha dejado huella en las calles recorridas, en los lugares donde fue feliz y en las vidas que tocó sin hacer ruido.
Hoy, miércoles, rendimos homenaje a uno de esos hombres con un arraigo profundo a Peñarroya-Pueblonuevo, alguien que jamás ha perdido sus raíces. Antonio Merino Aguilar es el protagonista de hoy en nuestra sección, a quien queremos honrar por su aportación constante, silenciosa y respetuosa a su pueblo, al que ha contribuido de manera firme y sincera a lo largo de su vida.
Nació en Peñarroya Pueblonuevo un día como hoy, hace seis décadas, en una casa donde los nombres tenían peso y cariño: su madre, Antonia Aguilar Cachinero; su padre, Félix Merino Calle; y sus hermanos, Paco y Mari Ángeles. De allí salió con una manera de estar en el mundo que no se olvida, aunque la vida te lleve lejos.
Estudió Maestría en Automoción y más tarde Delineación. En 1987, cuando el trabajo escaseaba en Peñarroya, hizo la maleta y marchó a El Ejido (Almería). Se fue, sí, pero nunca dejó de volver. Porque hay pueblos que no se abandonan: se visitan.
En El Ejido trabajó como delineante, colaboró con arquitectos —también en las obras del Ayuntamiento— y pasó por invernaderos, empresas de ferralla y hoteles. Hoy continúa en el sector de la ferralla, donde es conocido por algo muy suyo: el orden, la exigencia y la precisión. Todo en su sitio. En el trabajo y en la vida.
Antes, en Peñarroya, fue fútbol. Jugó durante años en el Peñarroya C.F., compartiendo campo y juventud con amigos que aún conserva. Y fuera del fútbol, el campo: la pesca, el tenis, el piragüismo —con sus mojadas memorables—, las candelas para asar bellotas, las sandías “prestadas” en los veranos de río, los perdigones que corrían y se cobraban, y ese amor intacto por todo lo que huele a tierra.
Hoy le tira el senderismo, visitar pueblos, las plantas —ahora le ha dado fuerte— y los pájaros: canarios, colorines; hubo un tiempo de palomos. Tiene perro, al que quiere mucho aunque a veces se desespere con lo travieso que es. Así es Antonio: paciente, cascarrabias lo justo y meticuloso siempre.
La familia sigue siendo el centro: su compañera Rosi desde 1989, sus hijos Mario y Antonio, su nuera María, y ese vínculo cercano con los suyos, incluido su tío Ángel, desde Barcelona. Y los amigos de siempre, esos que no caducan.
Sesenta años después, Antonio es reconocible desde lejos: trabajo constante, amor por la tierra, lealtad a los suyos y un orden que tranquiliza.
Feliz cumpleaños, Antonio. Que sigas volviendo. Que sigas caminando. Y que todo, como te gusta, siga bien organizado.
Un hombre que siempre ha servido a su pueblo, que lo ha defendido como su mejor fortín: Peñarroya-Pueblonuevo. Hoy, en el día de su cumpleaños, ve recompensadas tantas horas de trabajo y dedicación a su familia y a su tierra. Desde Infoguadiato queremos homenajear a un hombre humilde y sencillo, a un hombre bueno, a un hombre de paz y, sobre todo, a un hombre de pueblo.
“Caminamos juntos por un mismo interés, hacia un mismo objetivo: el amor y la felicidad por un mismo pueblo. Hagámoslo real”.
En esa misma senda camina desde hace tiempo nuestro amigo y vecino Antonio Merino Aguilar, a quien deseamos que pase un feliz cumpleaños, rodeado del amor de su familia, de su pueblo y, por supuesto, del nuestro.
Te queremos mucho.
Te lo mereces.
SERGIO DELGADO CINTAS





























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