No soy quién para juzgar a las personas, tampoco para etiquetar a nadie. Son las veces que he estado al lado de Lucifer, como le pasaría a una persona muy estimada para mí, que reunía todos esos conceptos que se suelen atribuir a quienes han significado algo: amistad, lealtad, honorabilidad y todos esos calificativos que, seguro, sus familiares y amigos —que lo han conocido mejor que yo— le podrían atribuir a Antonio Molero.
Todos jugamos algunas veces a la «ruleta rusa» de la vida y apostamos todo al «rojo» ganador, aunque eso nos cueste la misma vida, como a Antonio Molero, nuestro «Bolili» del alma, «Boli» en tono más afectivo para sus íntimos amigos.
De mente abierta y liberal, Antonio fue un gran constructor de sueños indefinidos, de luces y sombras, que fue edificando con sus propias manos.
La vida se entiende como esos momentos que hay que aprovechar al instante, porque el tiempo pasa muy deprisa y no espera para darte otra oportunidad: te acaba devorando.
Hablar de futuras ferias de Peñarroya sin el alma de esas fiestas, donde al paso de la feria en la puerta de su casa con sus amigos ponía al gusto de sus agregados el ágape y el líquido de esa embriaguez que se alargaba hasta altas horas de la madrugada, es hablar de noches festivas donde la camaradería hacía acto de presencia.
Si los infiernos tienen desde hace más de un año y medio a su discípulo más aventajado, yo pienso que en el cielo también hay sitio para personas tan sensibles, lúcidas y disfrutonas como Antonio Molero.
Para sus familiares y amigos seguirá siempre presente, y desde este rincón de Infoguadiato hemos querido dejar patente que su huella será imborrable.
En este mundo tan anodino, existen personas de gran valor que nos han regalado momentos que pasarán a la historia de nuestro pueblo.
Que tu descanso eterno sea esa luz que nos guíe en este sendero terrenal que es la vida.
D.E.P.
Sergio Delgado Cintas





























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