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El joven árbitro peñarriblense Carlos García Romero fue el protagonista de una charla emitida en Écija Comarca Televisión, enmarcada en una iniciativa formativa impulsada por el Écija Club de Fútbol para acercar a los jugadores de cantera a la realidad del arbitraje y fomentar valores como el respeto, la convivencia y el juego limpio.
Con solo 13 años, Carlos es uno de los árbitros federados más jóvenes de Andalucía y dirige partidos en categorías base como prebenjamín, benjamín, alevín, infantil y cadete, arbitrando en muchos casos a futbolistas mayores que él. Una circunstancia que, lejos de intimidarlo, refuerza su convicción y madurez dentro del terreno de juego.

Durante la charla, el director deportivo del Écija CF, Mario Tirado, explicó que el objetivo principal era que los más pequeños “se pusieran en la piel del árbitro” y entendieran su papel dentro del fútbol. Tirado subrayó también la importancia del comportamiento de los padres en las gradas, recordando que los valores que se transmiten en casa son los que luego se reflejan en el campo.
Carlos relató cómo nació su vocación arbitral desde muy pequeño, cuando en el colegio siempre asumía el rol de árbitro en los partidos entre compañeros. El impulso definitivo llegó tras asistir a una charla de Juan Martínez Munuera, a quien considera su referente y ejemplo por su forma de dirigir los partidos. Desde los nueve años ya soñaba con el silbato en la mano y, con solo 12, debutó como árbitro federado.
Definido a sí mismo como dialogante y cercano, Carlos apuesta por el diálogo con jugadores y entrenadores, recurriendo a las tarjetas solo cuando es estrictamente necesario. Reconoce que el arbitraje no está exento de errores, pero insiste en que los colegiados también son personas, con estudios, familia y problemas, y que nadie entra a un campo con la intención de perjudicar a un equipo.

Uno de los mensajes más contundentes de su intervención estuvo dirigido a las gradas. Aunque asegura que, en general, el comportamiento hacia él es correcto, señala que el mayor problema suele venir de algunos padres. “Muchas veces somos más pequeños que sus propios hijos y deberían entendernos más”, afirmó, reconociendo además que no siempre es fácil para sus propios padres escuchar ciertos comentarios desde la grada.
Bajo el lema La violencia no es para mí, Carlos lanzó un mensaje claro: respeto al árbitro, a los compañeros y al rival, no solo en el fútbol, sino en cualquier deporte. Su sueño es seguir progresando hasta llegar algún día al arbitraje profesional, incluso a Primera División, sin perder nunca la ilusión ni los valores que hoy defiende con apenas 13 años.
Un ejemplo de que el futuro del arbitraje también se construye desde la educación, la empatía y el respeto.






























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