El agua viva y la tierra firme destacaría como rituales religiosos, como signos de energías. En el transcurso de aquellos fenómenos, como registros sonoros, destacaríamos la cabida de planetas y estrellas supersónicas que se extraen desde el origen: la vida.
La vida apasionante y vívida intensamente por nuestro personaje de hoy sábado, al cuál le rendimos este afectuoso y cariñoso tributo: nuestra vecina y amiga, Carmen Martínez González.
Una mujer donde la amistad está por encima de todo, como su fe cristiana ferviente y el amor a los suyos.
Además, Carmen deja tras de sí una marca de buena gente allá por donde vaya. Su vida ha sido una auténtica superación y salvación ante el Dios todopoderoso, que ha puesto en su cuerpo y en su mente toda la baja para aguantar todos los reveses que le ha dado la vida.
Coqueta, amable y divertida, toda gentileza y cariño qué da muestra todos los días a sus vecinos y vecinas. Bajo su opinión indiscutible: todos los seres humanos somos iguales.
Y en ese avance y durante ese progreso que ha obtenido durante su vida, digna de ser contada, es gracias a su buen corazón y actitudes ante la vida.
No sólo es una buena persona, sino que, además, enseña esos valores que hacen grande a quiénes la admiramos.
Su entrega, su dedicación y sacrificio desmedido no es un aporte de cara a la galería, sino unas virtudes que le han hecho única.
A continuación, les narraremos de forma novelada la vida de Carmen Martínez González, que le hemos redactado sus amigos de Infoguadiato:
En Peñarroya-Pueblonuevo nació Carmen Martínez González, hija de Ángel y Dionisa, y hermana de Ángel y José. Desde pequeña mostró una forma especial de estar en el mundo: con calma, con atención y con una bondad que parecía inagotable. Entre cuadernos, teclas y libros fue forjando su camino. Estudió mecanografía y administración, y llegó incluso a presentarse a las Cortes Generales para ser taquígrafa, una prueba durísima por la enorme cantidad de aspirantes. Aun así, Carmen nunca vio los retos como derrotas, sino como señales para seguir avanzando.
Durante un tiempo convirtió su hogar en una pequeña academia de mecanografía y estenotipia. Quienes pasaron por allí recuerdan el ritmo constante de las máquinas, la paciencia de Carmen y la alegría con la que enseñaba, siempre convencida de que cada alumno llevaba dentro un potencial por descubrir.
Pero su vocación más profunda brotaba de otro lugar. Carmen ha estado siempre unida a la vida de la Iglesia: catequista por convicción, miembro de hermandades, del coro musical y de diversos grupos parroquiales. En cada espacio aportó lo mismo: entrega, serenidad y una fe vivida sin estridencias, pero firme y luminosa.
Le gusta cantar, leer, viajar… y, sobre todo, acompañar. Tiene el don de hacer sentir bien a los demás, un talento sencillo y poderoso que la ha convertido en una persona muy querida. Quienes la rodean la describen como trabajadora, generosa, sociable y profundamente fiel a su familia.
Carmen compartió gran parte de su vida con su esposo Manolo, compañero constante, cuya pérdida hace apenas cinco meses dejó un silencio afectuoso que aún se siente. Juntos formaron una familia marcada por la cercanía y el cariño. Su hijo, también llamado Manolo, es hoy uno de sus mayores orgullos y apoyos, reflejo del amor y los valores que ella supo sembrar.
Este homenaje es apenas una ventana pequeña hacia una vida grande. Porque Carmen no sólo ha hecho cosas: ha dejado huella. En sus alumnos, en sus amigos, en su hijo, en su comunidad y en todos los que han podido sentir la calidez de su presencia. Su historia se escribe, sobre todo, en la memoria afectuosa de quienes la quieren.
Siempre se aprende de cada historia de nuestros vecinos y vecinas, y ésta ha sido una de ellas.
Una vida con victorias y derrotas, pero, sobre todo, con un enorme aprendizaje, sacando siempre lectura positiva a los malos momentos.
El cerebro se compone de dos hemisferio: el racional y el emocional. Uno está situado en el lado izquierdo, el racional, y el otro a la derecha, el emocional.
Ambos hemisferio, en el cerebro de Carmen, ha utilizado el hemisferio derecho. Porque ella es toda pasión y emoción de poder ser una mujer que aspiró a lo grande, pero que decidió escribir su mejor novela en su pueblo sin ninguna ficción.
«Las personas especiales huelen a sencillez y reflejan un brillo en el centro del alma».
ANÓNIMO
Y sí hay un olor que huelan a sencillez y brille con luz propia en el centro del alma, no hay dudas: esa es la de nuestro personaje de hoy, que acabamos de homenajear: Carmen Martínez González.
«LA MUJER DE LA SONRISA ETERNA»
Te queremos mucho.
Te lo mereces.
SERGIO DELGADO CINTAS






























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