En política los excesos verbales, la demagogia, los exabruptos siempre han sido moneda común. Es más , la moderación, ser modosito y no increpar demasiado a los adversarios es sinónimo de ser inofensivo y no comerse ni un rosco electoral. El énfasis, la hipérbole, la demasía, la ofensa, el insulto está bien visto y cotiza en las urnas. Admitido esto como “ normal” , hay que añadir que lo que suena ahora en España por tierra, mar y aire es harina de otro costal. Mucha gente , escandalizada, lo expresa suavemente peguntándose “a dónde vamos a llegar”. Pues yo se lo adelanto : vamos a llegar a la violencia. O estamos ya en ella. Cuando se empieza a hablar de violencia política, malo; vamos mal porque puede “ normalizarse” que se dice ahora y muy pronto convertirse en un lugar común, que se dice mucho también ahora. El lugar común al que se puede llegar en España pero también en más países es que se hable de violencia política procurando, deseando y hasta animando a que de las palabras se pasen a los hechos . Ejemplos : el otro día hablaba un jefe de ultra derecha española de cavar la fosa del Gobierno ; a los voceros les encanta fantasear con ella y se diría que hasta se orgasmean cada vez que lo dicen; la reinona de Madrid se lleva la palma instigando y jugando con descaro a la provocación hasta conseguir poner de los nervios a los demócratas de toda España, no sólo de Madrid. A ver si caen en la provocación y montamos un escenario prebélico como ha dicho textualmente. Con ser grave ya esto, me parece de especial maldad que dicha expresión verbal responda a un patrón, a un método preconcebido, a una estrategia buscada: no denunciar nunca la violencia política de derechas y siempre acusar a la izquierda de practicarla. Pero ellos la instigan. Podríamos decir que es el patrón de Donald Trump y del trumpismo la internacional. Trump adjudicó el otro día el asesinato de su influencer a la izquierda antes de que se supiera nada sobre el asesino. Y ayer mismo ha fulminado a un presentador de TV que no le gusta ¿ Por qué lo hace ? Porque su objetivo es inducir la violencia y el odio en sociedades democráticas, infiltrar el miedo en la gente y después, procurar el enfrentamiento y el caos, para terminar recortando las libertades y derechos alcanzados. Aquí aún suena a teoría, pero Trump ya lo está poniendo en práctica. Y aquí , algo parecido: parar una carrera ciclista, colocar una bandera en el colegio o llamar a las cosas por su nombre es violencia política (“Sarajevo en guerra”, “ kaleborroka” dicen los alumnos más aventajados del trumpismo), pero un genocidio del gobierno israelí es “lo que ocurre en Gaza”, “ eso de lo que usted me habla”. Sabiendo que todo lo que sucede en Estados Unidos, desde el bótox hasta las fake news, acaba llegando aquí, me parece muy peligroso que los que están llamados a detentar algún día el poder y el gobierno en el Estado español copien y sigan al pie de la letra este discurso de los más ultras pues en cuestión de violencia se sabe cómo comienza pero no cómo termina . Es más, ese seguidismo por parte de los teóricamente aspirantes al poder y representantes de la españoles no sólo es una frivolidad imperdonable de tal o cual dirigente sino un error que me atrevo a llamar histórico y atribuible a la falta de inteligencia política. En un país llamado España que ha sufrido durante décadas la violencia política de ETA, que ha sufrido una guerra civil y cuarenta años de dictadura jugar a la violencia política es un error peor que un crimen. Hay asuntos con los que, sencillamente, no se juega. No todo vale.
Enrique Monterroso Madueño





























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