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El Deportivo Peñarroya Fútbol Sala estrenó la temporada de División de Honor con una victoria agónica ante el invicto y vigente campeón provincial de Cádiz, el Villa de Rota, en un encuentro vibrante y cargado de emociones que terminó 6–5 a favor de las locales.
Desde el inicio, el cuadro peñarriblense tomó el control del balón y dominó la posesión, generando una batería de ocasiones claras que, en la primera mitad, no encontraron la red por la sobresaliente actuación de la portera gaditana y por la falta de acierto en los metros finales. Aun así, la insistencia local encontró recompensa y el equipo logró plasmar su superioridad en el marcador gracias a un fútbol sala directo, de toque y movilidad.
La nota más destacada del partido la protagonizó Miriam, que en su primer partido federado en fútbol sala firmó un hat‑trick inolvidable. Junto a ella, llegaron goles de jugadoras de la casa con experiencia y olfato goleador: Cheta, Carmen Hernica y Marina engrosaron el registro ofensivo y contribuyeron decisivamente al triunfo.
La clave estuvo en la segunda mitad, tras irse al descanso 1 a 2 perdiendo, Peñarroya logró abrir diferencias en el marcador hasta el 5 a 2 y el cuerpo técnico aprovechó la circunstancia para rotar y dar minutos a todas las integrantes de la plantilla. La intención fue clara: que las más jóvenes sumaran experiencia en una categoría exigente y que el conjunto mantuviera el nivel físico y competitivo a lo largo de los 40 minutos. Las rotaciones cumplieron su objetivo de adaptación y aprendizaje, sin renunciar a la ambición de controlar el encuentro.
El Villa de Rota, peligroso siempre en las contras, recurrió en los instantes finales al sistema de portero jugador para volcar el juego y presionar con más efectivos. La estrategia redujo distancias y obligó a las locales a defender con oficio. En el último minuto, con el portero jugador sobre la pista, el conjunto gaditano logró anotar su quinto tanto, apretando el marcador hasta el 6–5 definitivo y dejando el cierre del partido con un punto de tensión que finalmente no impidió la celebración local.
La actuación arbitral fue objeto de comentarios en ambas bancas; desde la grada se percibieron decisiones mejorables y un trato que, según la impresión general, pudo ser más equilibrado hacia el equipo peñarriblense, acostumbrado a verse perjudicado con demasiada frecuencia, sin que mediara ninguna incidencia determinante que condicionara el resultado.
Balance y conclusiones La sensación final es positiva. El equipo mostró identidad, generación de juego y capacidad ofensiva frente a un rival de entidad, aunque quedó patente la necesidad de afinar la puntería y endurecer la atención defensiva para afrontar una liga larga y exigente, especialmente en desplazamientos y en la portería propia. La plantilla demuestra tener base, herramientas y potencial; ahora toca transformar esas virtudes en consistencia, trabajo y carácter partido tras partido.
El estreno deja buenas sensaciones, dosis de ilusión y, sobre todo, la certeza de que este Peñarroya tiene recursos para competir en la División de Honor si mantiene la ambición y el esfuerzo colectivo.





























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