Don Gustavo, como tantos días, camina por su pueblo. Lo recorre con los ojos bien abiertos y la memoria encendida. Ve, por ejemplo, ese bache que crece sin tregua junto al semáforo del parque Carbonífera. Lo observa con desazón: le parece una vergüenza, otra más de esas pequeñas grandes heridas que retratan el abandono cotidiano.

También ha sabido —y no sin cierta rabia tranquila— que los servicios del mercado de Pueblonuevo llevan meses cerrados al público. Curiosamente, no lo están para quienes trabajan en el interior del mercado «Sebastián Sánchez». Una paradoja que parece no incomodar a nadie, como si el descuido se hubiese vuelto costumbre. Según nuestros representantes municipales, los aseos están cerrados porque los usuarios los ensucian. Una justificación tan extraña como preocupante: ¿no se limpian los servicios públicos precisamente para que puedan usarse?

Y para completar la estampa, ahí está la señal vertical del paso de peatones en la carretera que sube hacia el monumento a la Familia Minera de Morera, casi desaparecida entre la maleza y el olvido. Una señal muda, invisible, como tantas otras cosas que deberían importar… pero que, a fuerza de no mirarlas, se han vuelto transparentes.

Señal vertical del paso de peatones tapada en la carretera que sube hacia el hospital.

Desde hace más de un mes, persiste una situación peligrosa en la esquina de Calle Trinidad con Hernán Cortés. Un socavón y varias baldosas levantadas representan un riesgo diario para peatones y vehículos. Esta escena no solo es lamentable a los ojos de cualquier visitante, sino que también expone a los residentes y usuarios locales a accidentes y lesiones.

Es urgente que las autoridades correspondientes tomen cartas en el asunto antes de que ocurra un incidente mayor. La seguridad pública debe ser prioridad.




























Creo que en la nueva señalización para personas con movilidad reducida realizada frente a la antigua Seat es incorrecta por estar situada en las cercanías del paso de peatones. Una norma aplicable sea de doble sentido o sea de sentido único. Una norma aplicable al propio ayuntamiento por parte de la compañía de seguros en caso de accidente entre otras presuntas anomalías en el trazado.