Don Gustavo
Llamadas, avisos y más llamadas. Don Gustavo no da abasto: parece que los socavones de Peñarroya tienen más vida social que cualquiera de nosotros. Y se pregunta uno, ¿tan complicado es que dos operarios cojan un carrillo con un poco de alquitrán y le den dignidad a nuestras calles? Por favor, que se acerca la feria y entre baches, roturas de agua sin terminar y averías varias, corremos el riesgo de que el pregón lo dé directamente el hazmerreír.
Ejemplos sobran: el agujero en la esquina de José María Pemán con Navarro Sáez parece candidato a patrimonio histórico; el socavón en la Travesía España, a la altura del semáforo con José Simón de Lillo, ya debería llevar placa conmemorativa por su antigüedad; el hundimiento en la calzada de la Avenida Extremadura esquina Reina Victoria compite en tamaño con las atracciones de feria; y en la calle Calderón los baches exhiben orgullosos el alambre del hormigón, como si fuera arte urbano contemporáneo.
La guinda, sin embargo, está en dos rincones: en la esquina de calle Almanzor con Paraíso, donde el registro de recogida de aguas se está soltando y amenaza con tragarse al primer incauto; y en la calle Málaga, justo a la altura de la vivienda del concejal Matías Moguel, donde existe un socavón que impide el paso normal de vehículos cuando en la acera de enfrente hay coches aparcados. Si ni delante de casa se arregla, ¿Qué quedará para el resto del pueblo?
En fin, que Don Gustavo denuncia, pero los agujeros siguen creciendo. Quizá sea que los socavones ya tienen padrino político, y claro, con eso no se compite.

El cartón —sí, ese de las cajas, las de cereales, las hueveras y demás envases— va en el contenedor azul, que para algo está destinado al reciclaje de papel y cartón. No cuesta tanto, pero parece que a muchos se les olvida. Un poco de por favor: que no es ciencia espacial, es simplemente tirar cada cosa en su sitio.





























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