Resulta ya imposible ocultar lo evidente: el Partido Popular no ejerce la oposición, ejerce el bloqueo. Y lo hace de manera calculada, fríamente medida y absolutamente ajena a las necesidades de la ciudadanía. España puede avanzar, pero el PP ha decidido que no avanzará mientras ellos no gobiernen. Es su única doctrina política: si no mandan, todo debe paralizarse.
¿Quién paga este bloqueo?
Los trabajadores, los pensionistas, los jóvenes y los autónomos. Es decir, España entera.
El PP ya no vota en contra del Gobierno: vota en contra del país
Lo más grave es que lo hace incluso cuando su voto negativo perjudica a su propio electorado. Da igual que una ley mejore pensiones, facilite la vida de los autónomos, amplíe derechos laborales o favorezca a los jóvenes:
el PP vota NO por sistema.
No es ideología.
No es debate.
No es discrepancia democrática.
Es una consigna: “cuanto peor para España, mejor para nosotros”.
La estrategia es tan burda como peligrosa: paralizar para desgastar al Gobierno, como si la estabilidad del país fuera un daño colateral aceptable.
¿Dónde queda la responsabilidad de Estado? No existe
Ni una sola vez han optado por la abstención útil.
Ni una sola vez han mostrado la más mínima altura política.
Ni una sola vez han entendido que, cuando se gobierna para 48 millones de personas, la oposición no puede comportarse como un comité electoral permanente.
El PP ha renunciado a toda forma de Estado.
Ha renunciado a la moderación que tanto proclama.
Y ha renunciado a la verdad, sustituida por bulos, manipulaciones y una intoxicación constante de la opinión pública.
Feijóo no pudo gobernar. Su frustración guía ahora su política
Feijóo tuvo en sus manos la posibilidad de liderar España.
La perdió.
Y desde entonces se comporta como un líder desconcertado, incapaz de asumir que gobernar es pactar, sumar y negociar.
No logró los apoyos necesarios.
No supo.
No pudo.
En lugar de hacer autocrítica, decidió arrastrar al PP hacia una oposición agresiva, ruidosa y sin proyecto. Una política que solo conoce un verbo: bloquear.
El PP ha cruzado líneas que nunca debió cruzar
Y lo ha hecho acercándose de manera continuada y voluntaria a una fuerza política de extrema derecha. Ese es su gran peaje: renunciar a su tradición de partido conservador moderado para dejarse arrastrar por el discurso más radical.
El PP ya no frena a la extrema derecha: se adapta a ella.
Ya no debate sus ideas: las normaliza.
Ya no compite electoralmente: las asume como propias en ayuntamientos y autonomías.
Feijóo debe explicar a España qué está dispuesto a ceder para mantener ese vínculo político. Porque nada es gratis cuando gobiernas con quien defiende posiciones abiertamente contrarias a derechos fundamentales y libertades civiles.
El electorado del PP merece saber la verdad
Muchos votantes populares son perjudicados por el bloqueo de su propio partido.
Muchos desconocen que su “no permanente” frena mejoras que ellos mismos necesitan.
Muchos creen que castigan al Gobierno… cuando en realidad se castigan a sí mismos.
Y llegará el día —porque siempre llega— en que esos votantes descubrirán que el PP ha usado su sufrimiento como herramienta política.
España no puede permitirse un PP dedicado a incendiarlo todo
La oposición tiene una función esencial en democracia, pero el PP ha decidido renunciar a ella. No fiscaliza: destruye.
No propone: agita.
No mejora leyes: las dinamita.
¿Para qué?
Para intentar provocar un desgaste artificial del Gobierno, aunque para ello deban sacrificar derechos, progreso, estabilidad y oportunidades de la ciudadanía.
El partido de la negativa absoluta
El “no” del PP ya no es ideología, es método.
Ya no es rigor, es revancha.
Ya no es política, es obstinación.
Y un país no puede permitirse una oposición que vive instalada en la negación, el alarmismo y el enfrentamiento permanente.
España necesita una derecha moderna, democrática, fiable, capaz de pactar y de defender los intereses del país por encima de los intereses del partido.
Hoy, el PP no cumple ninguno de esos requisitos.
La ciudadanía acabará señalando a los responsables
El PP puede seguir bloqueándolo todo.
Puede seguir negándose a apoyar incluso aquello que beneficia a sus propios votantes.
Puede seguir incendiando la política española para intentar desgastar al Gobierno.
Pero hay algo que no podrá evitar:
el juicio político del pueblo español.
Y cuando llegue, será evidente quién fue el responsable de detener el progreso, polarizar el país y acercar a España a la extrema derecha.
Porque no hay mayor traición política que votar contra tu propio país solo para dañar a tu adversario.
Manuel A. Águeda






























Gobierno miserable.
Otros no gobiernan por que no qui ren .que quiten una poca muerda del publo
Porque no cambiamos el mitin que nos has puesto y en vez de poner PP ponemos PSOE.
Quizas quede hasta mas creible.
El Partido Popular español ha asumido cada vez más los códigos del trumpismo, un modelo que no es ya una estrategia política, sino una forma de actuar basada en el individualismo agresivo, la polarización calculada, la manipulación emocional y el desprecio a las instituciones. Ese camino erosiona la confianza pública y abre grietas en la democracia.
Al mismo tiempo, respalda una economía de la motosierra que significa exactamente lo que parece: recortes de derechos, ventajas fiscales para los más ricos, privatización acelerada y un Estado debilitado, incapaz de proteger a la mayoría. El resultado es un país más desigual, más vulnerable y más fácil de dividir.
Ambas dinámicas —el trumpismo político y la motosierra económica— se alimentan entre sí y conforman un proyecto que pone en riesgo la convivencia, la cohesión social y el futuro democrático.