Hace días que ando jugando con mi mente a ver quién puede más, si ella o yo. Por cortesía he abandonado para siempre mi “síndrome del impostor”, regresando al lugar de origen donde siempre fui yo mismo.
En las profundidades de mi experiencia en la vida, a través de mi enfermedad mental, he comprendido que siempre podemos llegar a tiempo si aceptamos esa música de fondo que siempre nos acompañará a lo largo de nuestras vidas.
Esa retahíla de miedos y pesadillas que nos golpea a diario no nos deja ver nuestra auténtica realidad. Manejar los tiempos mentales, como también las palabras, las frases positivas y los pensamientos alentadores, ayuda a mantener viva esa fe emocional que empuja a seguir adelante.
Conozco a muchas personas que, a través de su soledad no deseada, han hecho de su mente un caparazón en el cual se sumergen hasta convertirse en personas deficitarias de autoestima y de sentimientos emocionales.
Tenemos en común los enfermos mentales con los felinos cierta independencia y, a veces, también el desafecto hacia otros seres humanos. El jugar siempre con el papel de sabernos perdedores en algunas situaciones tan adictivas que tiene la vida nos hace apartarnos de muchos placeres cotidianos, viviendo ajenos a probarlos y disfrutarlos.
Contar los días como una forma de estar presos en esa cárcel mental no solo implica necesitar apoyo y comprensión de la sociedad, sino también afrontar cada jornada tras perder otra batalla mental que nos prohíbe saborear los triunfos emocionales que algunas veces conseguimos ganar.
Encerrarnos en esa cárcel mental es convivir constantemente con el peso de dos palabras: enfermedad mental.
No debemos rechazar nunca a aquellas personas por cuya imaginación pasa todo aquello que su mente quiere apartar de lo maligno, intentando cortar de raíz toda la maleza emocional que invade sus pensamientos.
Imaginar una vida sin lo diferente, buscando siempre las rarezas o las excentricidades que aparecen en personas marcadas psíquicamente, es uno de los grandes errores de esta sociedad.
Hubo un tiempo en el que yo me dedicaba únicamente a quemar etapas sin ocuparme de crear aquello que verdaderamente podía explotar dentro de mí. A pesar de tener una enfermedad mental, tengo muchos defectos, porque no soy perfecto, pero también tengo una virtud: plasmar mis emociones a través de las letras.
No me considero el mejor columnista ni el mejor escritor, pero siento la necesidad de contar mediante estos artículos todo lo que llevo dentro, sin dejarme nada atrás.
Antes estaba cohibido, encerrado en mi propio mundo. Hoy siento la necesidad de compartir mis reflexiones, pensamientos e inquietudes a través de estos artículos, y no ser un enfermo mental al uso, sino convertirme en un activista de la salud mental y de los enfermos y enfermas mentales.
Hace tiempo toqué fondo, y más bajo no pude caer. A día de hoy me siento liberado, feliz y con ganas de vivir mi vida de forma honesta y plena, sin hacer daño a nadie, recurriendo a este espacio donde me dan la oportunidad de expresarme casi a diario.
En mi soledad literaria me siento acompañado por mi mente y por todos aquellos personajes que aparecen como protagonistas de mis artículos y de mis obras literarias.
Doy las gracias, por lo tanto, a ese ruido de fondo que siempre me ha acompañado a lo largo de mi vida y con el que mi mente ha jugado para nunca sentirse sola.
La enfermedad mental es una lucha constante, una batalla diaria que muchas personas afrontan en silencio. Y la salud mental debe convertirse en ese complemento de energía y esperanza para todos aquellos enfermos y enfermas mentales que estén dispuestos a seguir luchando.
Este artículo quiere reivindicar la salud mental y dar voz a todos aquellos enfermos y enfermas mentales que no saben cómo salir del pozo en el que están metidos.
Por eso yo les digo que sigan luchando, batallando y sumando victorias a sus guerras mentales para poder ganar la gran batalla emocional en la que viven.
Este artículo es para ti, querido lector o lectora.
Este artículo es el fiel reflejo de un hombre que aún sigue y seguirá luchando y batallando con su mente hasta el día en que muera.
Sin más, para cerrar este artículo:
Tú puedes, porque eres un auténtico guerrero o guerrera.
Tú puedes más que tu mente.
Ánimo.
EL ÚLTIMO ESCALÓN
MOTÍVA-TE CON EL ARTÍCULO EMOCIONAL “EL ÚLTIMO ESCALÓN” PARA ALCANZAR TU LIBERACIÓN MENTAL
¿Y tú, estás motivado o motivada?
Reflexiones y pensamientos emocionales para los lectores y lectoras de Infoguadiato.
SERGIO DELGADO CINTAS






























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