“Viajen con nosotros a mil y un lugar”, solían cantar la Orquesta Mondragón con un Javier Gurruchaga estelar. Entre aquellos viajes nos hemos parado a contemplar que, gracias a nuestros vehículos, hemos llegado a nuestros lugares de destino. Entre olores perfumados de rosas y un sendero inmaculado —aunque no exento de algunos baches— existe un hombre que le dio sentido a su vida a través del vehículo de cuatro ruedas. Ese hombre es Emilio Castillejo Camacho, nuestro homenajeado de hoy, el de la Inmaculada. Un día especial para rendir tributo a una persona que no ha parado de crear e innovar en el mundo del motor, demostrando toda su sabiduría y su arte para que los vehículos hiciesen después el resto de su cometido.
Lo bonito es lo propio de su carisma para hacerse universal: un hombre de la ingeniería y los negocios que sigue llenando su vida de emoción y ternura, transmitidas hoy a su familia y a sus aficiones, disfrutando de regalar esas sonrisas cómplices a los suyos.
Emilio Castillejo Camacho nació en Peñarroya-Pueblonuevo como quien llega al mundo destinado a dejar una huella serena pero profunda. Hijo único de Emilio Castillejo Gorraiz y Hortensia Camacho Rubio, creció entre el rigor cariñoso de su madre —que lo llevó a la academia de Doña Felisa— y el eco metálico del taller donde su padre moldeaba motores y vidas. Allí, siendo apenas un niño, descubrió que el lenguaje de las máquinas también podía ser una forma de afecto: tornillos como palabras, engranajes como lecciones y el ejemplo paterno como brújula.
De aquel pequeño aprendiz surgió el mecánico que el Valle del Guadiato aprendería a respetar. En 1970 obtuvo el nombramiento de Servicio Oficial de Land Rover Santana y, más tarde, también de Suzuki. Su taller se convirtió en un punto de referencia: un lugar donde los vehículos recuperaban fuerza y las personas, confianza. En 1990 recibió el nombramiento de Servicio Oficial Renault, etapa que culminó con su jubilación, cuando legó no un simple negocio, sino una manera de entender el trabajo. Sus hijos —Emilio y María José— continúan hoy esa estela; Renault sigue vivo en sus manos como un homenaje cotidiano al maestro que los formó. Su hijo Miguel Ángel es enfermero en nuestro hospital comarcal.
Emilio no limitó su entrega al taller. Participó en la fundación de la Asociación de Empresarios de Peñarroya-Pueblonuevo, convencido de que el progreso se construye en comunidad. También puso su energía en la lucha por lograr la estación de ITV para la localidad, un logro que aún sostiene parte del pulso económico del pueblo.
En su vida íntima halló en Pepi Díaz Ortega a su compañera definitiva. Con ella levantó un hogar luminoso, donde sus tres hijos crecieron bajo el ejemplo de la honestidad y el esfuerzo. Más tarde llegaron Alba y Blanca, nietas que despertaron en él una ternura nueva, más silenciosa, más pura.
Quienes lo conocen hablan de su calma, de su sensibilidad discreta y de una lealtad que no hacía ruido, pero sostenía. Amigo firme, trabajador incansable, hombre fiel a sus valores incluso cuando el mundo parecía dudar de los suyos. Su vida no fue estruendosa, pero sí fértil: un legado tejido en manos limpias, en motores que volvieron a latir, en familias que avanzaron gracias a su constancia.
Sentir, entregarse, emocionarse y, sobre todo, vivir son los cuatro vértices donde se sostiene la rosa de los vientos de Emilio Castillejo Camacho, que goza de buena salud y dedica gran parte de su vida a los demás, dejando a un lado las individualidades para centrarse en ese colectivo —sus clientes— al que ha brindado tanto para que se fueran felices.
No solo se iban felices sus clientes: volvían, repetían y seguían llevándose más vehículos de su gama. Una vida entera abasteciendo coches de esta legendaria marca francesa y siempre con el buen trato y la conciencia tranquila de haber hecho un buen negocio, donde ambas partes salían ganando; aunque sus clientes solían arrancarle algunos beneficios, para Emilio Castillejo Camacho eso no era ninguna molestia, porque lo que quería era que volvieran a disfrutar de los servicios de su empresa.
“La innovación sin ejecución es alucinación”, dijo Henry Ford. Y no es porque su vida bajo la innovación del motor haya producido alguna alucinación, sino porque la ha ejecutado de manera impecable y digna para ser ofrecida hoy a los lectores y lectoras de Infoguadiato.
La mejor manera de celebrar este hermoso día, tan especial, es tributar la figura de nuestro amigo y vecino Emilio Castillejo Camacho. Un homenaje bien merecido y que quedará para siempre en el recuerdo de nuestro pueblo.
Te queremos mucho.
Te lo mereces.
SERGIO DELGADO CINTAS






























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