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Ayer, 18 de febrero, La Granjuela celebró su tradicional Entierro de la Sardina, una jornada festiva que pone el broche final al Carnaval y marca la llegada del Miércoles de Ceniza, símbolo del inicio de la Cuaresma en el calendario cristiano.
Como manda la tradición, el acto combinó ese punto simbólico —entre lo solemne y lo irónico— con el ambiente alegre propio de nuestras celebraciones populares. El Entierro de la Sardina representa el final de los excesos carnavalescos y el paso a un tiempo más reflexivo, pero en nuestros pueblos se vive, sobre todo, como una excusa para encontrarnos y compartir.

La sardina fue elaborada por la promotora cultural Maite, con la colaboración de los niños y niñas de las clases de refuerzo impartidas por Ana, que pusieron ilusión, creatividad y muchas ganas en esta actividad. La implicación de los más pequeños garantiza que la tradición no solo se mantenga, sino que tenga futuro.
Tras el simbólico entierro, vecinos y vecinas disfrutaron de un agradable momento de convivencia degustando sardinas y salchichas, en una actividad abierta a todas las personas que quisieron acompañar la jornada. Un ambiente cercano, participativo y familiar que volvió a demostrar la importancia de estas citas en la vida social del municipio.
Desde el Ayuntamiento se agradece de corazón a todas las personas colaboradoras y participantes por su implicación y buena disposición. Porque mantener vivas nuestras tradiciones no es solo repetir actos cada año: es reforzar identidad, comunidad y pertenencia.





























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