Es tiempo de verano y de feria en Pueblonuevo, y pensar que ya no está con nosotros nuestra madre… No verla disfrutar de sus dos nietos mayores en la feria, ni pasar una noche entre hermanos y esposas, aunque faltaban un hermano, su mujer y la nieta más pequeña —de cinco meses— que nació cuando la enfermedad de mi madre ya era galopante y no la pudo ver físicamente, aunque sí la conoció vía telemática.
Estos momentos te hacen ver la vida bajo el derrumbe y los escombros tras esfumarse para siempre la figura de mi madre.
Me da fuerza pensar que ella no se ha ido, que hay una luz que nos guía y nos cura todos nuestros males.
Todos somos mortales y efímeros. Nadie está libre ni es inmune, y el dolor, como la herida, es eterno. Pero no nos queda otra que aceptar que ya no volverá y enjuagar las lágrimas con los recuerdos del ayer.
Sigmund Freud patentó el psicoanálisis y lo mejoró con “la cura del habla”.
Y siguiendo sus métodos, sesgando mentes que no avanzan hacia su libertad e independencia, no son pocos los que logran dejar el lado oscuro.
Encuentro cada día un motivo para alegrar mi corazón.
Uno de esos motivos es seguir pensando que sigues viva, mamá.
Aunque ya no te vuelva a ver, el amor es un arte donde se abrazan y pronuncian las siguientes dos palabras: “Te quiero”.
Ese te quiero me llena de orgullo y satisfacción, porque te lo dije en vida, y seguro que te lo diré también en la otra, cuya existencia será universal.
Mientras tanto, seguiré disfrutando del ciclo de la vida hasta que cierre mis ojos.
Me expreso con la tristeza de que ya no volveré a verte en esta vida, pero seguro que en la otra sí te veré.
Y tú, ¿te expresas?
¿A qué esperas para leer esta nueva cápsula emocional en exclusiva para los lectores y lectoras de Infoguadiato?
Sergio Delgado Cintas





























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