Las imágenes en televisión son devastadoras: más de 350.000 hectáreas calcinadas. Pero lo más desolador es el drama de quienes lo han perdido todo.
Estoy con esas personas a las que se les han quemado —nunca mejor dicho— sus sueños. Agricultores y ganaderos que ven cómo sus cosechas y su ganado desaparecen, quedando arruinados de la noche a la mañana.
Casas arrasadas, bosques calcinados y montes achicharrados por la mano del ser humano.
No sé cómo consolar a quienes lo han perdido todo. Me pongo en su pellejo, igual que en su día lo hice con los afectados por la DANA en Valencia, la borrasca Filomena en Madrid, la erupción del volcán en La Palma o el temporal en Menorca.
Estamos con vosotros, como lo ha estado Su Majestad el Rey, mostrando de nuevo su lado más humano. También con la UME, cuya actuación brillante ha sido clave, y con los bomberos, que pese a la falta de medios han dado todo por extinguir el fuego. Y, por supuesto, con esos dos vecinos de León que perdieron la vida haciendo labores solidarias para ayudar a otros.
Un presidente ausente
Y mientras tanto, nuestro presidente del Gobierno de vacaciones en Lanzarote, en la isla La Graciosa, mientras España arde. Su presencia era necesaria, máxime en momentos en los que la gente buscaba consuelo y apoyo ante el desastre. Pero prefirió relajarse, broncearse y disfrutar de unas vacaciones de ensueño, a costa de todos los españoles.
Parece que por su mente pasó antes pasárselo bien que estar al lado de los vecinos de León, Orense, Extremadura, Madrid y tantas otras partes del país que sufren la tragedia.
Los gestos que faltan
Lo repito: a las personas se las gana con los grandes gestos. Un gesto de humanidad de Pedro Sánchez habría sido estar inmediatamente con todos esos hombres y mujeres que han perdido su vida entera entre las llamas. Pero para eso hace falta empatía, solidaridad y respeto. Tres valores que nuestro presidente perdió hace tiempo.
Hoy Sánchez se asemeja más a Nicolás Maduro en su manera de manejar los medios públicos que a un presidente democrático. Solo le falta tener un programa como el “Aló Presidente” del extinto Hugo Chávez. Quizá podría llamarlo: “Moncloa, dígame”.
España arde, el presidente calla
Mientras tanto, llega tarde a todo. Su presencia es siempre a destiempo, mientras España arde y se desquebraja, territorial y políticamente.
Me expreso mientras España arde y su presidente está desaparecido en combate.
Y tú, ¿te expresas?
¿A qué esperas para leer esta nueva cápsula emocional en exclusiva para los lectores y lectoras de Infoguadiato?
SERGIO DELGADO CINTAS





























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