Lo más importante que nos queda de esta vida, cuando algún día la dejemos, es que al día siguiente otro ser ocupará nuestro lugar, y que el recuerdo de nuestra existencia será nuestro mejor legado para caminar en los reinos de los cielos.
No temo al futuro, como tampoco temo al triste convencimiento de que el día en que me muera —espero que sea dentro de mucho tiempo—, pasaré a otra dimensión. Mientras tanto, disfruto cada día a mi manera, y soy muy feliz siendo quien soy y dando lo mejor de mí mismo. Por eso, no temo al paso del tiempo, ni físico, ni mental, ni emocional. A eso lo llamo: Aceptación.
Aceptar ganar o perder. Aceptar estar grueso o famélico. Aceptar estar solo o acompañado. Y, cómo no, aceptar cerrar etapas para abrir otras.
No solo busco estar en paz conmigo mismo, sino también embriagar de felicidad a los demás, en pleno éxtasis. Somos ciegos deseosos de ser acompañados por un lazarillo que nos allane el camino para encontrar el mayor tesoro que podemos tener: nuestra propia existencia.
Y entre esas tesis sobre el existencialismo, en plena búsqueda de nuestra identidad, admiro a la vida. Que me mire de frente y a los ojos, y me diga la verdad.
Mi lugar en el mundo ya está ubicado, muy cerca de mi entorno, donde seré feliz y daré lo mejor de mí.
Estoy eufórico y con ganas de demostrarte que no te voy a fallar. En esta vida plena que tengo —sin odio, sin rencor ni envidia—, quiero decirte que soy muy feliz, aunque de vez en cuando me des palos y momentos amargos. Pero gracias a la vida, he podido comprobar que soy un privilegiado de vivir esta existencia placentera y sin sobresaltos. Esa es la vida que quiero también para los demás. Y lo digo sin soberbia, con toda la humildad del mundo, mirando hacia esa clase baja y trabajadora que tanto admiro, así como a quienes sobreviven en la exclusión social. No los echemos al olvido.
Estoy tan agradecido a la vida, que nunca podré devolverle con creces todo lo que ha hecho por mí. Me ha dado tantas lecciones, y esa cura de humildad que recibí cuando toqué fondo en su momento.
La vida es una enseñanza, en la que tocas y rozas el éxtasis, aunque muchas veces bordees esa delgada línea donde pasamos gran parte del tiempo debatiendo nuestro ser o no ser. Esa es la cuestión. (Shakespeare)
Me expreso en pleno éxtasis de mi existencia.
¿Y tú? ¿Te expresas?
¿A qué esperas para leer esta nueva cápsula emocional, en exclusiva para los lectores y lectoras de InfoGuadiato?
Sergio Delgado Cintas





























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