Se llamaba María Serrano Infante, hija y hermana de médicos que ejercieron su profesión brillantemente en Peñarroya Pueblonuevo. En este mes de los muertos, ella falleció a los 95 años.
Escribir sobre su vida en esta necrológica me afecta muy dentro. Ella fue la primera abogada de Peñarroya, tal vez sería la primera en muchas otras cosas de las que no tengo memoria, pero sí sé que fue ella, la mayor de la familia, la primera en quererme (con permiso de su madre, doña Ángeles).
Pero ahora, de María Serrano merece conocerse mucho más. Se merece que los jóvenes y todos los que no la conocieron sepan que fue una niña que tuvo que huir con sus padres y hermanos pequeños a la zona roja durante la Guerra Civil; que le tocó volver a Peñarroya para ver algunos de los muebles de su casa en la vivienda de vecinos del bando vencedor, y que le tocó empezar a ser mayor en los duros años cuarenta.
Después marcharía a la Universidad de Granada a estudiar la carrera de Derecho. Fue la primera mujer licenciada en Derecho de Peñarroya-Pueblonuevo.
Terminó la carrera mientras se enamoraba de Eulogio, de Jaén. Juntos ejercieron profesionalmente en esa ciudad y, más tarde, se retiraron a vivir la jubilación en Córdoba, junto al resto de la familia Serrano: sus padres ancianos y las tres hermanas —María, Carmina y Angelita—, además de Luis, el único hermano.
Eulogio y ella no tuvieron hijos, pero su amor por los niños siempre estuvo presente: primero conmigo, un juguete para ellos, y luego con todos los sobrinos, a los que quisieron, mimaron y, de mayores, respetaron en su día a día.
Cada vez que venía a Peñarroya nos visitaba en casa. Hablaba con mi madre recordando juntas momentos de su juventud y aquel vestido tan precioso que mi madre le hizo, “lleno de jaretitas”. ¡En aquellos tiempos en que, si no tenías una costurera cerca, no podías ir elegante!
Hace ahora diez años nos juntamos todos los Serrano, mi hermano Luis y yo. Compartimos una grata comida, muchos recuerdos y muchos cariños.
En aquel momento le comenté que había sido la primera mujer abogada del pueblo y que nunca había presumido de ello. Me contestó:
—¿Y para qué sirve presumir?
Así era ella.
Actualmente, en la casa familiar del pueblo hay una placa de abogado: la de su sobrino Luis Serrano Polo.
Hoy escribo estas palabras porque ella, mi querida María Serrano, ha muerto, y desde aquí le digo que la sigo queriendo, que ella fue la primera y que creó escuela en esto del querer.
Descansa en paz, querida María.
Pie de foto: Feria de Peñarroya, octubre de 1958
Ángeles Heras Caballero
Madrid, 3 de noviembre de 2025






























D.E.P, señora.