InfoGuadiato
Estamos en este mes de febrero, como suelen ser estos meses de febrero, inestables climatológicamente hablando. Quedamos a últimos del pasado mes de enero con un invitado de mente inquieta y altruista, la persona que más se deja la piel patrimonialmente por su pueblo y por su comarca. Rubén Cañamaque López (Peñarroya-Pueblonuevo, 1977) es una persona que te gana y te convence de sus ideas en las distancias cortas. Con él hablamos de los proyectos ya finalizados desde que se creó su asociación Vía Verde La Maquinilla, allá por el año 2012, aunque ya se habían puesto en años anteriores las primeras piedras para lo que es hoy una auténtica realidad y un compromiso por el medioambiente y el patrimonio. Rubén no dejará en saco roto todos sus proyectos ya iniciados ni los próximos que vendrán.
Tiene como espejo a Jerónimo López Mohedano, nuestro anterior invitado del mes de enero, ya que fue su profesor en el colegio público Alfredo Gil y le inculcó unos valores de amor a su pueblo, los cuales ha seguido todo al pie de la letra para ser un magnífico proteccionista de nuestros tesoros patrimoniales y de darle, medioambientalmente, una segunda oportunidad a nuestras vías férreas, transformándolas y conectándolas con un trayecto tanto a pie como en bicicleta, cien por cien sostenible con nuestro medioambiente y protegiendo nuestra flora y fauna.
Conversamos también sobre su infancia, sobre ser una persona de pocos amigos. Hemos captado de su personalidad que es independiente y solitario, un alma libre, un verso suelto, y que todo lo que hace y tiene en mente es por el bien de nuestro municipio de Peñarroya-Pueblonuevo y nuestra comarca del Valle del Guadiato. Rubén Cañamaque es, de profesión, profesor de educación física en el Instituto José Alcántara de nuestra localidad vecina de Bélmez.
Ya, por último, antes de pasar a la entrevista íntegra para los lectores y lectoras de Infoguadiato y El Periódico de Peñarroya-Pueblonuevo Valle del Guadiato, le tocamos un poco la fibra conversando sobre su familia y dejando claro que sus dos hijos mellizos quieren y pueden seguir sus pasos, con el compromiso por el que tanto ha luchado en la asociación Vía Verde La Maquinilla.
Con todos ustedes, les dejamos con esta entrevista íntegra con Rubén Cañamaque López y le damos las gracias, de paso, por su obsequio a nuestro redactor, quien le ha realizado la entrevista: una taza conmemorativa de las chimeneas de la fundación, que guardará en buen recaudo y en el mejor sitio posible.
Sin más dilación, les dejo con la entrevista.

Buenas tardes, Rubén Cañamaque. Te doy en primer lugar las gracias por concederme esta entrevista y que sepas que estaba ansioso de que llegara este día para poder conversar con una persona comprometida con su pueblo, con su patrimonio y con el medioambiente, y así de paso conocer tu lado personal y profesional también.
Infoguadiato: – La primera pregunta es mezclando olores y el pasado, olores añejos, de infancia. ¿Qué se te viene ahora por la cabeza para recordar tu infancia? ¿Tuviste miedo a hacerte mayor en tu infancia por lo que ibas descubriendo desde pequeño? ¿Qué es lo que no ha perdido de su infancia Rubén Cañamaque? ¿Conservas los mismos amigos de tu infancia?
Rubén Cañamaque: – Lo que me viene o se me pasa ahora mismo por la cabeza es el barrio donde me crié, el Cerro. Hay mucha gente que quizás no lo sepa, porque es verdad que ahora mismo vivo en Pueblonuevo, en la parte muy cerca de la plaza Santa Bárbara, pero bueno, mis primeros años los pasé en el Cerro. Hasta los doce años viví en la barriada del Cerro y estoy muy orgulloso de ser un vecino del Cerro, como muchos habitantes del pueblo. Y bueno, lo que me viene ahora mismo a mi intelecto son los paseos por la Vía Estrecha cuando era muy pequeño, aunque todavía no era el Vial Norte, todas las actividades que desarrollaba allí: las candelarias, los juegos infantiles… Era el camino que recorría para ir al colegio. Yo vivía en el Cerro, pero iba al colegio público Alfredo Gil, y cogía el trozo de la Vía Estrecha para ir al colegio.
A veces peco un poco de ingenuo, pero siempre he sido una persona viajera. Es verdad que nunca he tenido miedo a salir, quizás por eso tengo ese carácter tan abierto, ¿no? Nunca me ha dado miedo el mundo. Hay mucha gente que es educada en otro tipo de ambiente; lo extraño, lo diferente, lo no conocido, lo peligroso, ¿no? Pero en mi caso he tenido la suerte de tener unos padres que siempre me han empujado a conocer, a viajar, a no tener miedo, y ciertamente no me he criado con ciertos traumas ni pensamientos negativos. Cada vez que he viajado, he ido conociendo, y tampoco he tenido ningún tipo de problema ni de rechazo.
Creo que lo fundamental, lo que me mantiene vivo, es la curiosidad. Desde pequeño he sido un niño muy curioso. No he sido un niño travieso, pero sí muy preguntón, hasta el punto de ser muchas veces muy pesado con los adultos. Y eso es precisamente lo que me ha llevado a ser la persona que soy y a dedicarme en mis ratos libres a lo que me dedico, que es hacerme preguntas. A veces busco a alguien que me las responda, o muchas veces me las respondo a mí mismo, a través de mi esfuerzo y de mi trabajo.
Es verdad que soy una persona de pocos amigos, quizás no por mí, pero sí tengo que decir que soy una persona solitaria. Entonces, el concepto de amistad no está muy arraigado en mí; no soy una persona de muchos amigos. Pero… bueno, más o menos, digamos que en cada etapa de la vida – eso es ya una cuestión personal – vas eligiendo un tipo de amigos. Si hablamos de amistad en el concepto profundo, en esos términos, no conservo amigos de la infancia.
I.G.: – Te formas académicamente. ¿Nos podrías narrar tu formación académica y profesional? ¿Qué es lo que más te han enseñado los profesores? ¿Algún profesor que te haya marcado en especial?
R.C.: – Yo empecé a estudiar en el colegio público Aurelio Sánchez los primeros años hasta tercero de primaria. Luego me trasladaría al colegio público Alfredo Gil a partir de cuarto de primaria, que es cuando mis padres me trasladan a dicho colegio. Después cursé estudios en el instituto Alto Guadiato y de ahí ya me fui a Madrid a estudiar en el INEF de Madrid, que estaba adscrito a la Universidad Politécnica de Bélmez. Echaba mucho de menos mi pueblo. Estuve en Madrid cinco años y en cuanto pude terminé mis estudios y volví pronto, para tratar de labrarme un futuro aquí, en mi tierra, que para mí es lo más importante.
Bueno… como en todo en la vida, uno ha tenido buenos, malos y regulares profesores, ¿no? Probablemente, el profesor más importante que he tenido en mi vida es precisamente una persona que entrevistaste hace poco: Jerónimo López Mohedano. Por su carácter y por la manera en que explicaba la historia del pueblo, fue una persona que me marcó, y ahí está la importancia de la educación.
I.G.: – Actualmente ejerces como profesor en el Instituto Belmezano, José Alcántara, como profesor de educación física, ¿Cómo pondrías en forma a la educación?, ¿Algún tipo de entrenamiento eficaz para nuestra juventud cuál sería?, ¿Es real cómo nos pintan el sistema a nuestros jóvenes?, ¿Cómo ves a esos jóvenes que les impartes clases en un futuro?
R.C.: – Jeje…bueno una pregunta difícil la que me formulas. Yo creo, que hay que invertir más diría yo, hacía falta más inversión, más que a lo mejor, mejores profesores, que yo creo que los hay, no hablo por mí, hablo por mis compañeros. Es muy importante atender mejor a la diversidad, porque creo que ahí hay una implementación deficiente, hay que invertir además en salud mental en la educación, creo que hay un déficit de psicólogos muy importante en nuestros centros educativos, que yo creo que es una parte fundamental. Y en eso, también hago hincapié, hay que aumentar las plantillas para reducir las ratios, tanto por clases. El fracaso escolar, está íntimamente vinculados a esos tres problemas, es decir, hay demasiados alumnos por clases, hay una insuficiente atención a la diversidad, por falta de inversión, claramente, no por falta de profesionales, y después, bueno, el tema de la salud mental, porque es que hay muchos chavales que necesitan, pues eso, ser escuchados, y bueno atender esos problemas, porque por desgracia, esos psicólogos, es algo en muchos casos, y en muchos niños, no pueden pagárselo, no se lo pueden permitir sus padres. Necesitarían esos niños ese apoyo que en los centros no existen.
I.G. ¿Entrenamiento eficaz para nuestra juventud?
Creo que algo que estamos descuidando mucho es, más que el entrenamiento, la esencia de la alimentación mediterránea. Ese es el gran problema: alimentarse bien. Comer bien es consumir productos de la tierra, desde nuestro fabuloso café —que tenemos en el pueblo y que es un fantástico estimulante—, hasta nuestro fantástico aceite, que también es de la zona. También un poquito de jamón… Todo esto, evidentemente, combinado con el consumo de frutas, carne blanca, etcétera, etcétera. Y bueno, luego salir a pasear por la Vía Verde, que yo pienso que sería ideal, ya sea corriendo, caminando o en bicicleta, si queremos. Lo tenemos al lado, y creo que es un buen plan.
Pienso que hay muchos prejuicios. En todas las épocas ha habido de todo, y creo que es un vicio, si leemos los textos clásicos, que las generaciones adultas siempre han tenido la tendencia de ver mal a las generaciones que llegan. Sin embargo, la juventud tiene los problemas típicos de su edad: muchas veces tienen apatía, otras veces desgana o desinterés, quizá por el gusto por otras cosas, por el entretenimiento fácil. Pero yo creo que, de algún modo, porque somos adultos «responsables» —ponlo entrecomillado—, todos en algún momento hemos pasado por eso cuando éramos jóvenes, en alguna fase. Por eso, en ese sentido, lo que tengo es comprensión. Lo que he aprendido de ellos es que son capaces de hacer mucho más de lo que nosotros pensamos. Lo que ocurre es que, para movilizar a la juventud, hay que saber motivarlos. Muchas veces, el problema está más en los adultos que los tratamos que en ellos mismos.
Los veo como en todas las generaciones: habrá de todo. Algunos llegarán lejos a niveles académicos, otros encontrarán un trabajo, unos pocos serán emprendedores. En cualquier caso, creo que la especie irá mejorando. Yo, por lo menos, soy un ser humano optimista y convencido de la mejora del ser humano. Según lo que he leído en los libros de historia, puede ser que estemos mal, pero vamos de peor a mal, no de mal en peor. Y eso ya es un éxito, nuestro propio éxito como especie. Tenemos mucho que mejorar, aunque tengamos muchas contradicciones.
I.G.: – Pasemos a la niña de tus ojos, la Asociación Vía Verde La Maquinilla. ¿Cuéntanos cómo surgió la asociación? ¿Hay que «pelearse» mucho con las administraciones? ¿Y con el Ayuntamiento, cómo se lleva? Digo, con el actual y con el anterior.
R.C.: – Los inicios de la asociación surgieron realmente cuando yo trabajaba en Guadalcanal (Sevilla), que fue mi primer destino como profesor. Recuerdo que, cuando visité por primera vez el Cerro del Hierro —un monumento fabuloso—, vi cómo el trastáfaro ferroviario estaba abandonado. Se trataba de la línea Sevilla-Mérida, que aún estaba activa, pero habían transformado parte en una ruta turística, y vi que eso tenía muchísimo éxito.
Al poco tiempo de llegar a Bélmez, rápidamente me di cuenta de que había muchos trazados ferroviarios abandonados y pensé que podrían tener el mismo uso y éxito. Entonces, empecé a trabajar en el instituto con el alumnado del José Alcántara en Bélmez, junto con el colegio, para recuperar el primer tramo, que era el más fácil: el que había entre Bélmez y Peñarroya-Pueblonuevo. Iniciamos pequeños talleres de reciclaje, lo primero que hicimos: papeleras, protectores para árboles, tutores, paneles informativos… Al poco tiempo, recogimos firmas para recuperar los trastáfaros ferroviarios abandonados y convertirlos en una Vía Verde.
Con el tiempo, te das cuenta de que no basta con eso, que tienes que organizarte mejor. En ese momento decidimos formalizar la asociación, para tener cobertura legal y agrupar a personas con inquietudes similares. Empezamos a organizarnos en 2009-2010, aunque oficialmente la asociación se creó en 2012. A partir de ahí, comenzaron a llegar las primeras inversiones de las administraciones públicas, lo que nos dio impulso para luchar por metas mayores: la ampliación de la Vía Verde, dotarla de más servicios, promocionarla… Y poco a poco hemos llegado hasta donde estamos hoy.
En cuanto a las administraciones, al principio tenía la idea de que había que «pelearse» con ellas. Es verdad que todos usamos ese término, incluso yo lo he usado en muchas ocasiones, pero también es cierto que tiene una connotación negativa. Lo que he aprendido es que, más que con los funcionarios o los gestores públicos, la verdadera lucha es contra los plazos y la lentitud administrativa. Uno de los mayores problemas de las administraciones europeas y españolas es que siempre van muy lentas: las autorizaciones y las inversiones tardan demasiado. Pero nunca te dicen que no.
En mi experiencia como presidente de la asociación, cada vez que he acudido a un ayuntamiento, a la Diputación de Córdoba, a algún ministerio o a la Junta de Andalucía, siempre he encontrado personas dispuestas a ayudar. El gran problema es que hay muchos cambios políticos y administrativos, lo que retrasa los proyectos y no siempre depende del gestor público de turno. Esa es la mayor dificultad, pero el trato siempre ha sido amable, sin importar el partido que gobierne.
Sobre Víctor, el anterior alcalde, ¿qué decir de él? Desde nuestro punto de vista, su labor ha sido correcta. A Mariví la conozco de su etapa anterior y creo que también hizo un buen trabajo. —Esta entrevista se hizo antes de que nombraran a María José Muñoz como concejala de Cultura, Patrimonio y Turismo en el nuevo equipo de gobierno del Ayuntamiento de Peñarroya-Pueblonuevo, tras aprobarse la moción de censura al anterior equipo de gobierno. — Nosotros no tenemos quejas de ninguna de las personas que han pasado por ahí. Trabajamos con quien esté en el gobierno, sin importar siglas, porque nuestro único objetivo es el bienestar de nuestros vecinos.
I.G.: – La noticia sobre el Cerco Industrial, ¿es una gran noticia? ¿Qué calado crees que tendrá para nuestro municipio este plan director? ¿Crees que es una fuente de ingresos lo suficientemente rentable para nuestro municipio?
R.C.: – ¿El tema del plan director? ¡Hombre! Yo creo que sí. Es una herramienta que hacía falta hace muchísimos años y que debería haberse planteado hace al menos una década. Pero bueno, aunque sea tarde, bienvenido sea. Esto permitirá acceder a financiación de la Unión Europea y a fondos del 2% cultural del Ministerio de Cultura. Este año ha habido una inversión de 80 millones de euros en rehabilitación de monumentos a nivel nacional. Optar a esas cantidades sin un plan director nos pone en desventaja. Es una condición indispensable para financiar la rehabilitación del Cerco Industrial.
Para empezar, este plan nos permitirá definir qué hacer en la zona: qué áreas dedicar al desarrollo industrial, cuáles al turismo, cuáles a espacios residenciales… ¿Queremos un espacio arqueológico? ¿Un parque periurbano? Todo eso debe decidirse con consenso ciudadano. Y creo que el futuro del municipio pasa por el empleo, pero también por la revitalización del Cerco Industrial.
Peñarroya-Pueblonuevo debería llamarse Peñarroya-Pueblonuevo «El Cerco», porque con su dimensión y valor histórico debería tener categoría de distrito.
R.C.: – Sí, totalmente. El Cerco, evidentemente, no es la salvación del pueblo, pero dinamizar el Cerco sí es importante. Estoy seguro de que todos tenemos el deber de solucionar un problema que, además de ser un problema de autoestima, genera una sensación agridulce. Cualquier persona que pase por el Llano (Plaza de Santa Bárbara, en el distrito de Pueblonuevo) siente tristeza, por un lado, pero también asombro por la dimensión y la belleza del lugar. Tenemos el deber, los que estamos aquí, de reacondicionarlo.
Por otro lado, creo que también tenemos el deber de arreglarlo porque es una fuente de ingresos para el pueblo. La gente que visita el Cerco y la Vía Verde se queda impresionada. Estoy convencido de que, si se acondiciona para visitas y se dinamiza, el pueblo mejorará su imagen. Además, se resolvería el problema medioambiental que supone el vertedero. Todos saldríamos ganando: desde el punto de vista cultural, económico, medioambiental y, por supuesto, social.
I.G.: – Otra cosa que quería preguntarte es sobre el proyecto de la estación de la Estrecha. ¿Alguna novedad respecto a ese tema? ¿Para cuándo la oficina de turismo? ¿Crees que es necesario crearla? ¿Notas cierta lentitud partidista en este proyecto y en otros de vuestra asociación?
R.C.: – Pues vamos avanzando poco a poco. Lo que sabemos es que la Diputación de Córdoba se ha comprometido a arreglar el tejado del muelle de carga, con una inversión de sesenta mil euros. Las obras empezarán en diciembre de este año.
Nosotros hemos rehabilitado las taquillas, un proceso que está ya en su fase final. Las vamos a transformar en una biblioteca y en un archivo. Ahora mismo, estamos esperando la conexión eléctrica, que está a punto de finalizarse. También hay que destacar que el edificio ya tiene agua potable, algo que no tenía después de más de cincuenta años abandonado. Ahora estamos con lo básico.
El siguiente paso será transformar otra parte de la estación en el Museo Ángel Perry, en honor al último jefe de estación de ese edificio. Ángel Perry tiene una colección de fotografías impresionante; de hecho, muchas de las fotos que circulan por internet fueron recopiladas por él. Como era de Peñarroya-Pueblonuevo, queremos crear un espacio para que su memoria, la de un peñarriblense ejemplar, no quede en el olvido. Estamos en ese proceso.
El año que viene también se explanará todo el exterior con fondos de sostenibilidad turística de la Mancomunidad del Valle del Guadiato. Así que seguimos caminando.
Nosotros somos muy realistas. Quien piense que tenemos una varita mágica y que vamos a conseguir las cosas de un día para otro, se equivoca. Creemos que el proyecto de la estación avanza, pero nuestra planificación es a cuatro o cinco años vista. No es algo inmediato. Somos una asociación humilde, con pocos recursos, y muchas veces tenemos que construir o reconstruir las cosas con subvenciones. Estas no siempre llegan o no siempre se adaptan a nuestras necesidades, así que vamos poco a poco. Sin prisa, pero sin pausa.
La oficina de turismo estará operativa cuando el centro de alquiler de bicicletas esté en funcionamiento. Diría que para 2026. Cuando el centro esté activo y abierto la mayor parte del tiempo, habrá alguien disponible para recibir a los visitantes y turistas, quienes podrán alquilar bicicletas, reservar servicios de guías por el Cerco o acceder a otros recursos del municipio.
Sí, es necesaria la oficina de turismo, totalmente. Pero también entiendo que el municipio tiene otras prioridades. El turismo es importante, pero el pueblo enfrenta otras necesidades más urgentes. Entiendo a los políticos cuando dicen que es un tema que se abordará más adelante. Peñarroya-Pueblonuevo tiene pocos recursos, una demografía menguante, una crisis social y problemas de empleo. En este contexto, la inversión en turismo es positiva, pero a veces no es posible priorizarla.
Sobre la «parálisis» del proyecto, no lo veo así. A nosotros nos cedieron la estación en agosto de 2023, hace solo dos años. Desde entonces, hemos avanzado: se han rehabilitado las taquillas, el edificio ya tiene agua potable y pronto tendrá electricidad. Hay que recordar que el Ayuntamiento de Peñarroya-Pueblonuevo ha invertido diecisiete mil euros en la estación, un esfuerzo importante teniendo en cuenta sus recursos.
La Diputación de Córdoba sí ha tenido retrasos. La inversión estaba prevista para marzo de este año y, desgraciadamente, se ha pospuesto hasta diciembre. Como mencioné antes, las administraciones suelen ser lentas. Pero parálisis, no. ¿Cierta lentitud? Sí, pero seguimos avanzando.
I.G.: – El altruismo y la voluntariedad son señas de identidad de vuestra asociación. ¿Fue un acierto la Vía Verde La Maquinilla? ¿Hay futuras ampliaciones para esa vía? ¿Qué es lo que más te ha costado conseguir de la Vía Verde? ¿Somos conscientes del gran tesoro que tenemos en nuestro municipio?
R.C.: – Creo que sí, que fue un acierto la Vía Verde de la Maquinilla. Si lo miras desde el punto de vista social, yo creo que ha sido un éxito porque ha facilitado que personas de todas las edades, incluidas personas mayores, visiten los alrededores del pueblo con seguridad. En la Vía Verde no pueden pasar coches ni motocicletas. Estamos hablando de niños pequeños y de familias enteras, a quienes les hemos facilitado no solo visitar su entorno, sino también conocer su propio patrimonio industrial, las minas que recorren la Vía Verde. Entonces, creo que, desde el punto de vista social, ha sido un éxito; desde el punto de vista cultural, también, porque ha permitido acceder a pozos a los que antes no era tan sencillo llegar y conocerlos; y desde el punto de vista medioambiental, porque ha permitido recuperar zonas que estaban abandonadas en el pueblo y que eran antiguas escombreras mineras. Pero, sobre todo, ha sido un éxito desde el punto de vista económico, porque gracias a esta Vía Verde se han invertido más de cuatro millones de euros, que no es ninguna tontería.
Me gustaría que estos “haters” que tenemos, o los descreídos del proyecto, me dijeran qué otro proyecto en esta zona, en los últimos diez o quince años, ha generado más dinero que la Vía Verde. Me gustaría que me lo explicaran. Ese dinero se ha invertido en empresas de maquinaria de la localidad, en empresas de materiales de construcción, en empleo social. Además, está viniendo turismo, gente que compra productos locales, que se queda en hoteles, que alquila taxis, que reposta gasolina. Sin ser la salvación del pueblo, creo que es un proyecto muy interesante para esta zona.
Sí, hay futuras actuaciones para la Vía Verde. Dentro de poco, se van a invertir fondos de sostenibilidad turística en la Vía Verde del Valle del Guadiato y del Valle de los Pedroches. A la altura de Fuente Obejuna, se van a ampliar otros siete kilómetros; el tramo que actualmente tiene cuatro kilómetros se extenderá en otros siete, quedando muy cerca de Peñarroya-Pueblonuevo. Será relativamente sencillo unir Peñarroya-Pueblonuevo con esa Vía Verde y, probablemente, en el plazo de dos o tres años, podremos hablar de que la Vía Verde del Guadiato y de los Pedroches tendrá más de cincuenta kilómetros de longitud. Así que sí, sí hay previstas ampliaciones.
Quizás lo que más me ha costado conseguir de la Vía Verde, o mejor dicho, lo que más me está costando conseguir ahora mismo, es convencer a la gente de que esto es una herramienta en la que los ciudadanos de nuestro pueblo deben invertir. Eso es lo más difícil. Lo más complicado no es la infraestructura en sí, aunque en su momento costó mucho esfuerzo conseguirla, sino hacer que la gente joven del pueblo e incluso los emprendedores —que los hay— monten negocios alrededor de la Vía Verde. Me refiero a albergues, casas rurales, empresas de alquiler de bicicletas… En ese sentido, lo más difícil es cambiar la mentalidad de nuestro pueblo y de nuestra zona. No solo hablo de Peñarroya-Pueblonuevo, sino también de Fuente Obejuna, Bélmez o Espiel. Estamos hablando de municipios que deben empezar a emprender, porque la Vía Verde del Guadiato y de los Pedroches es una Vía Verde de emprendimiento, y tiene que ir acompañada de otros emprendedores. No puede ser que La Maquinilla lo emprenda todo. Es decir, la Asociación La Maquinilla no puede encargarse de emprender la Vía Verde, montar empresas, gestionar alquileres de bicicletas, abrir un albergue y un área de autocaravanas. Eso que estamos haciendo nosotros deberían hacerlo otros ciudadanos. Si La Maquinilla ha tenido que asumir la estación de Peñarroya-Pueblonuevo para ofrecer todos estos servicios, más que un mérito, es un mal síntoma. Significa que algo no estamos haciendo bien como pueblo y como comarca. Deberíamos hacérnoslo mirar.
Creo que ahora sí somos conscientes del gran tesoro que tenemos en nuestro municipio con la Vía Verde. Si me hubieras hecho esta pregunta hace diez o doce años, cuando aquí no había asociaciones que se dedicaran a esto, la respuesta habría sido diferente. Pero ahora veo que la gente está mirando con orgullo lo que hay en el pueblo. Solo falta ponerlo un poco más en valor. Y creo que eso dice mucho del trabajo de concienciación que estamos haciendo entre todos los colectivos que mencioné antes.
I.G.: – Medioambientalmente hablando, ¿hasta qué extremo llevas tu compromiso con el medioambiente? ¿Qué opinas de la Agenda 2030? ¿Estaremos en un futuro en un planeta sostenible?
R.C.: – Bueno, pues hasta el compromiso de seguir peleando para que el Cerco esté limpio. Esa es la realidad. El Cerco es un espacio cultural, pero también es cierto que es un vertedero. Nuestro compromiso como asociación es mejorar esas escombreras mineras, ponerlas en valor y rehabilitarlas medioambientalmente. Pero también tenemos el compromiso de limpiar el Cerco, porque ese es el principal problema medioambiental que tenemos. Mientras el problema del Cerco no se solucione, no podemos decir que nuestro municipio es un municipio limpio. Ese tiene que ser el gran objetivo, no solo del Ayuntamiento, sino también del gobierno andaluz y del gobierno de España. No es posible que, en pleno siglo XXI, haya un municipio de diez mil habitantes viviendo al lado de un vertedero. No puede ser, con todos los problemas de salud que eso conlleva. Es un tema del que muchas veces no hablamos, pero, ¿cómo es posible que todas las administraciones, sobre todo las más grandes, estén permitiendo esto sin haberle puesto solución?
Creo que la Agenda 2030 es necesaria. Estoy a favor de ella. Lógicamente, hay que llegar a un consenso con los agricultores y ganaderos. Es cierto que nosotros vivimos en una antigua zona minera, pero también en una zona agrícola y ganadera, y nuestros agricultores y ganaderos tienen derecho a protestar. Algunas de sus demandas son comprensibles. Pero también es cierto que algo hay que hacer con el medioambiente, porque por el camino que vamos, no vamos bien. La ciencia nos indica que la emisión de gases de efecto invernadero, la sobreexplotación de acuíferos y el abuso de fertilizantes están generando problemas de salud y acortando la vida de las personas. Nos estamos cargando el planeta.
Es cierto que hay un doble rasero. En eso le doy la razón a los agricultores. No podemos ser hipócritas: la hipocresía de la Unión Europea es exigir a nuestros agricultores una serie de condiciones para vender sus productos, lo que encarece los costos, mientras se acuerdan tratados con Marruecos o China, donde los derechos laborales son mínimos y el control de pesticidas es laxo. Eso no puede ser, y en ese punto estoy totalmente de acuerdo con los agricultores. La Agenda 2030 es imperfecta, pero debe mantenerse.
No sé si llegaremos a tiempo. Creo que hay buena voluntad, pero el problema es que el tema medioambiental está muy ligado a la economía. Siempre que hay problemas ambientales y crisis económicas, el perdedor es el medioambiente. Europa es el único gran defensor de estas medidas, pero es un espacio demasiado pequeño. Si países como China, India y Estados Unidos no van en la misma dirección, va a ser difícil resolverlo. En ese sentido, soy pesimista. No creo que vayamos a ver un planeta limpio en los próximos cien o ciento cincuenta años. Vamos hacia ello, pero muy lentamente.
I.G.: – Por último, tu familia, es decir, tus padres, tu mujer y tus dos hijos, son pilares fundamentales en tu vida. Pero, ¿qué les dirías a tus padres, que tanto te han ayudado en la asociación? Y a tu mujer, por tantas horas dedicadas a tu asociación, ¿qué le quieres decir? Y a tus dos hijos, ¿hay relevo generacional? ¿Seguirán tus pasos en la asociación?
R.C.: – Decirles a mis padres que, sin ellos, la Asociación La Maquinilla hubiera ido mucho más lenta. Y que, bueno, hoy en día soy lo que soy gracias a ellos, gracias a la educación que me han dado. Yo soy de los que piensan que la educación pública es muy importante, como hemos hablado al principio, pero la educación que te dan en casa es fundamental: el esfuerzo, la palabra dada, el compromiso, el defender lo tuyo, el amor por tu tierra.
A mí, en mi casa, nunca me han hablado mal de mi pueblo, jamás, algo que, por ejemplo, me encuentro en muchas ocasiones. Todo eso ha conformado la persona que soy hoy. ¿Qué puedo decir de mis padres? Que ni en veinte vidas podré agradecerles todo lo que han hecho por mí y todo lo que siguen haciendo. A pesar de su edad, son personas que tienen ya setenta años y trabajan más que mucha gente de veinte. Para mí, son un referente, personas a las que quiero muchísimo.
A mi mujer, ¿qué decirle? Que, sin ella, tampoco hubiera sido posible. Porque ella es la gran perdedora en cuanto a dedicación de tiempo. Y no solo ella, sino también mis hijos, mis pequeños. Cada vez que le dedico tiempo a La Maquinilla, lógicamente, se lo estoy robando a mi mujer y a mis niños. Alguien tiene que asumir esa carga, y es ella.
Esto es una labor de equipo. Hablando en términos deportivos, yo en La Maquinilla soy el que da la cara, pero si no fuera por mis padres y por mi mujer, el proyecto hubiera fracasado.
Sobre mis hijos, no lo sé, son muy pequeños todavía. Yo trataré de transmitirles los valores que hemos defendido: el amor por su pueblo, el respeto por el lugar donde han nacido. Pero el tiempo lo dirá. Evidentemente, para mí sería un orgullo y una gran satisfacción que alguno de mis hijos se dedicara a lo que son mis pasiones. Pero hay que esperar.
Al final, el mayor legado que podemos dejarles a nuestros hijos son nuestros valores, pero también la libertad de elegir. Creo que eso es lo fundamental: darles libertad.
I.G.: – Para dar por terminada esta entrevista, ¿qué mensaje motivacional darías para animar a más personas a sumarse a la asociación?
R.C.: – Nuestro lema es el de siempre, y es una frase que, aunque ya esté muy trillada, sigue siendo válida. Es de Paulo Coelho —no es un escritor al que le tenga mucho aprecio, pero dijo algo muy cierto—:
“Tu opinión no cambia nada, tu ejemplo sí.”
Y esa es la realidad. Opinando en un bar no conseguimos nada. Sentados en casa discutiendo o tomando unas cervezas con un amigo, tampoco. Lo que realmente cambia las cosas es remangarse y actuar. Y eso es lo que hacemos en la Asociación La Maquinilla, día a día.
Hablamos poco y hacemos mucho, o al menos hacemos lo que podemos. Y eso es lo que nos salva.
I.G.: – Muchas gracias, Rubén Cañamaque, por esta entrañable y sincera entrevista. Te deseo lo mejor para tu asociación y para ti.





























0 comentarios