Todavía no se han apagado las luces de Navidad y, en esta nueva receta, quiero dar las gracias a todas las personas que, en fechas tan señaladas como estas, nos invaden con ese espíritu navideño tan especial.
En Navidad, cuando era pequeña, con la inocencia de pedir regalos a mansalva a mis padres, la carta que escribía a los Reyes Magos era interminable. La noche previa al día de Reyes no podía dormir. Por la tarde había visto la cabalgata con mis padres y mis hermanos. Mi infancia ha sido muy feliz: he tenido todos los caprichos y más. Gracias también a mi tía Rosario, a mis hermanos y a mí no nos ha faltado de nada. De verdad, he sido muy feliz.
Ya de mayor, sigo ilusionándome por Navidad escogiendo regalos o pensando qué regalar a mis padres, a mis hermanos, a mi tía, a mis cuñadas y ahora también a mis tres sobrinos, contando además con algunos amigos con los que intercambiamos regalos por Reyes. Me ilusiona ver a todos los que me rodean ese día abriendo los regalos y contemplar sus caras de satisfacción. También le doy las gracias al Señor por estar conmigo en estos momentos.
En esta receta no pueden faltar las gracias y, sobre todo, el ingrediente principal de este plato estrella: el agradecimiento a todos los partícipes de que esta receta salga adelante, que no es otro que la Sociedad. Gracias a la sociedad se consigue que nos integremos y que se integren cada vez más personas con enfermedades mentales o con alguna discapacidad, ya sea física, psíquica o sensorial.
El mayor ejemplo son dos personas muy influyentes en la actualidad: Pablo Pineda, con síndrome de Down, profesor y actor; y Jesús Vidal, reciente ganador del Goya al mejor actor revelación por Campeones. Este actor tiene una gran deficiencia visual y psíquica. No podéis imaginar lo contento que estoy de que se integren este tipo de personas; es un orgullo sentirnos representados por ellas. Como dijo Jesús Vidal en su discurso al recoger el Goya: “Visibilidad, diversidad e integración”. ¡Qué emoción!
Los ingredientes de esta receta giran en torno a la sociedad: según cómo nos trate, avanzará o no el mundo. Saltemos todas las barreras que haya que saltar; que en esta receta se integren todas aquellas personas en inferioridad; que no dejemos a nadie excluido por religión, raza o condición sexual. Avancemos todos con el mundo y que el mundo avance con nosotros, para ser una nación puntera y a la vanguardia.
Esta receta es apta para celíacos y para intolerantes a la lactosa, ya que está hecha sin huevos, sin lácteos y sin cereales.
Con esta receta de Gratitud Emocional estoy profundamente agradecido a mi familia, a la que le debo todo. La gratitud emocional está en dar y recibir. También estoy muy agradecido a los médicos y especialistas de la Unidad de Salud Mental de mi pueblo; sin ellos no estaría ahora mismo elaborando esta receta, que está en plena ebullición y a punto de dorarse más en el horno para que salga crujiente y sabrosa. Siempre me han mostrado su apoyo.
Este libro de recetas está hecho, en gran medida, de mis experiencias y vivencias, tanto en el plano académico como en el personal y laboral. Por ello, en esta receta estoy agradecido a la vida por todo lo que me ha dado: los momentos malos por los buenos.
Engrasamos el molde con mantequilla sin sal para que no se pegue la base. Lo metemos en el horno a 200º. Al sacarlo, le echamos por lo alto una pizca de ilusión, un buen puñado de empatía y unas gotas de solidaridad. Quitamos el molde, lo emplatamos y lo presentamos con una ramita de perejil para que todo salga a las mil maravillas y nos chupemos los dedos.
Para terminar, voy a contaros una historia que viene muy a colación con la Gratitud Emocional.
Mohamed llegó en patera a España cruzando el Estrecho hasta las playas de La Línea de la Concepción. Nada más besar la arena corrió para que no lo pillaran los cuerpos de seguridad del Estado. Llegó con lo puesto y se dedicó a la indigencia, durmiendo entre cartones en los cajeros automáticos.
Una noche de sábado fue atacado por un grupo de jóvenes radicales de una banda nazi, que le propinaron fuertes golpes con bates de béisbol, dejándolo inconsciente y moribundo. Por suerte, una pareja lo vio y llamó a una ambulancia. Mohamed tenía solo dieciséis años. Esta pareja, ya casada y sin hijos, lo acogió en su casa hasta que los servicios sociales y asociaciones de La Línea le ofrecieron un piso de protección junto a otros inmigrantes.
Con el tiempo, el Ayuntamiento regularizó su situación y pudo estudiar un ciclo de Formación Profesional de Mecánica. Al cumplir la mayoría de edad consiguió un trabajo fijo en una fábrica de coches. La vida le sonrió: encontró pareja en La Línea, se fueron a vivir juntos y planean casarse dentro de un año y formar una familia, la que no pudo tener en Dakar, Senegal, su ciudad de origen.
Como buen senegalés, le encanta cocinar arroz con paprika y pollo al curry, que le sale de rechupete, como esta receta de Gratitud Emocional. Mohamed está agradecido a La Línea y a España por darle la oportunidad de trabajar, tener vivienda, ejercer su religión musulmana, leer el Corán y convivir en libertad con personas de otras creencias.
Eso es lo más bonito del mundo: convivir todos juntos, seamos como seamos. En el caso de Mohamed, cumplir el sueño que imaginó cuando cruzó el Estrecho en patera.
Como él dice, debemos estar agradecidos por vivir en un país plural y libre, con derechos que otros no tienen. Y como decía Federico García Lorca: “Si quieres conocer España, vete a conocer Latinoamérica”.
“Gracias a la vida que me ha dado tanto…”
Mercedes Sosa
LA COCINA DE LAS EMOCIONES
Una nueva receta emocional en exclusiva para los lectores y lectoras de Infoguadiato
Sergio Delgado Cintas






























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