InfoGuadiato
La Biblioteca Pública Municipal de Peñarroya-Pueblonuevo celebró el pasado jueves una nueva sesión de las II Jornadas de Patrimonio, un ciclo que está demostrando que la identidad de un pueblo no se construye solo con edificios o restos materiales, sino con la voluntad de quienes deciden conservar su historia. Esta vez, el foco estuvo puesto en el archivo ferroviario de la estación de Pueblonuevo del Terrible, un tesoro documental que ha permitido reconstruir piezas esenciales de la memoria local.
Los encargados de la ponencia fueron Rubén Cañamaque López, presidente de la Asociación La Maquinilla, y Paula Dueñas Mata, responsable del archivo. Ambos representan a dos perfiles complementarios: Rubén, profesor de Educación Física en Belmez y activista incansable del patrimonio industrial; Paula, archivera vocacional dedicada a rescatar, digitalizar y ordenar miles de documentos que, de otro modo, se habrían perdido en el polvo.
Rubén abrió la charla reivindicando el papel de los colectivos patrimoniales. Recordó que, lejos de la etiqueta de “nostálgicos” que todavía arrastran, estas asociaciones han contribuido a atraer a la comarca más de cuatro millones de euros en inversiones relacionadas con la recuperación del patrimonio industrial del Guadiato. “Si esto es ser nostálgico, benditos nostálgicos”, apuntó, subrayando que buena parte de ese impulso ha sido posible gracias a la colaboración estrecha entre entidades ciudadanas y administraciones locales.
También destacó que investigadores independientes de toda Andalucía han elogiado la labor de colectivos como La Maquinilla, La Cima o la Fundación Cuenca del Guadiato en publicaciones recientes de la Junta de Andalucía. Un reconocimiento que, según dijo, debería servir para que la ciudadanía local valore lo que se está construyendo desde hace años: un tejido social comprometido con el patrimonio como motor cultural y económico.
El descubrimiento del archivo ferroviario fue un punto de inflexión. En 2013, durante el proceso de rehabilitación del edificio de la antigua estación para convertirlo en el Centro de Interpretación de la Vía Verde, apareció un mueble antiguo cargado de documentos. Lo que parecía simple mobiliario olvidado se convirtió en un hallazgo de más de 10.000 piezas: planos de líneas como Conquista–Puertollano o Peñarroya–Conquista, partes de accidentes, contratos, documentación técnica del Cerco Industrial e incluso planos de edificios nunca construidos. Un corpus que permite leer la evolución económica y social de la comarca durante décadas.
Este fondo fue asumido por La Maquinilla con una filosofía clara: compartir. Todo lo que se recupera se digitaliza y se publica para que cualquier persona, investigadora o no, pueda acceder libremente. Y ahí entra el trabajo meticuloso de Paula Dueñas, que desde 2021 ha dedicado cientos de horas a digitalizar, catalogar y ordenar cada documento. Más de 10.000 archivos ferroviarios y, este último año, 80 ejemplares de la revista Peñarroya, editada entre 1959 y 1961. Muchos de ellos habían sido donados por particulares o prestados por la Biblioteca Municipal, que también colaboró facilitando más de 40 números y contribuyendo a digitalizar 130 planos adicionales.
Paula subrayó que cada documento encierra una historia: la letra de un ingeniero, la firma de un capataz, la minuciosidad de un delineante. “Ningún archivo es frío cuando se sabe leer”, dijo, recordando que estos papeles no son simples objetos, sino testigos del trabajo y el ingenio de generaciones.
Además del archivo digital, La Maquinilla ha habilitado en la antigua estación una pequeña biblioteca especializada, fruto del esfuerzo de voluntarios. Allí reposan más de 600 revistas ferroviarias, cerca de 70 revistas de patrimonio histórico y unos 80 libros sobre arquitectura industrial y minería, creando un espacio único para el estudio del pasado ferroviario de la comarca.
La jornada concluyó con una reflexión compartida: el patrimonio no es solo un recuerdo, sino una herramienta para construir futuro. El archivo ferroviario de Pueblonuevo del Terrible demuestra que, cuando un pueblo se toma en serio su memoria, es capaz de transformar un edificio en ruinas en un centro de conocimiento, un mueble olvidado en un tesoro documental y un grupo de voluntarios en una referencia regional.
En un territorio donde el ferrocarril marcó el ritmo de la vida durante décadas, recuperar estas historias no es un ejercicio de nostalgia: es reafirmar quiénes somos y qué raíces nos sostienen. Y gracias al empeño de asociaciones como La Maquinilla, esas raíces hoy vuelven a estar vivas.






























Hombre un reconocimiento de toda Andalucía cuando la mayoría son de aquí En fin y mas de cuatro millones de euros en inversiones las cuales la inmensa mayoría de la población ni mu ,no nos hemos enterado de nada absolutamente ,ni en qué exactamente recordando que son fondos públicos imaginamos Bien si está todo muy bien no se entiende donde está esa digitalización y donde se puede acceder a ella ,datos que no sabemos absolutamente nadie. Todo pertenece al pasado pero está muy bien ,insisto está muy bien para tenerlo en una biblioteca-museo dedicado a la historia de nuestro pueblo.El almacén central es también un edificio emblemático, ,locomotoras abandonadas como todo sin cuidados ,vagones chapuceados que nos ha costado una pasta mas los que no se saben donde están entre otras cuestiones etc..,etc,,etc Todo necesita un mantenimiento que por el momento deja mucho que desear y me temo que hay digamos otras prioridades mas necesarias de cara al futuro que caminar hacia el pasado ,un pasado que ya no existe ,es una quimera pasada pero que está bien recordarla como parte de la historia de nuestro pueblo .Un pueblo que no levanta cabeza desde hace mas de cincuenta años, mas de medio siglo que no es poco. Y es que agua pasada no mueve molino cuando nos enfrentamos con un futuro preocupante ,difícil ,complicado ,incierto y mucho por hacer ,muchísimo El pasado a veces nos resulta un lastre sobre todo cuando todo se hace mal ,muy mal para poder avanzar en una línea mas acorde a los nuevos tiempos que vivimos Aunque el pasado ha sido muy bonito y es todo un tesoro recordarlo y vivirlo de todas las formas posibles adaptándola a las nuevas tecnologías como avance hacia el futuro culturalmente hablando aunque algunos se hayan empeñado en destrozarlo.