No escondo la realidad ni la perfumo. Hemos sido balas perdidas al contarnos nuestras vidas. Aunque el cinturón apriete y nos robe el mes de abril, si hemos defraudado a alguien —empezando por nosotros mismos— debemos reconocerlo.
Lo niego todo: vendería mi plata y mi oro antes que ocultar mi verdad. Fuimos héroes suicidas y almas encontradas en un amanecer perdido, con un horizonte esclavizado por las palabras de Jesucristo. Con toda nuestra legión a nuestro lado, y todo un país detrás esperando la ley de ese deseo llamado Patria, quisimos salvarla y conservarla hasta que se enfriaran nuestros huesos.
El tren pasa una sola vez y la fiesta sigue bajo control, sin disparates. Somos seres frágiles, y antes de que la marea nos engulla, confieso que ciertas cosas las guardo por amor: amor a mi familia, amor a mi supervivencia y amor a aquello que corre por mis venas y desemboca en el cariño por mi gente.
Malditas sean mis lágrimas de mármol… porque, aunque parezca un tipo duro, mi corazón amamanta a todos mis cachorros, y les dedico mi vida entera con esfuerzo y dedicación.
Con esta introducción poética queremos rendir homenaje hoy lunes a nuestro protagonista: José Hidalgo. Empresario hostelero de un negocio familiar que lleva el nombre formado por las iniciales de sus hermanos y el suyo: RIJOMA (Rita, José y Manolo). Hace más de sesenta años sus padres, José y Carmen, emprendieron este camino de éxito, no exento de trabajo incansable, para ofrecer a sus hijos una vida mejor. Ellos han sabido conservar ese legado.
José se casó con Marce, con quien tiene tres maravillosos hijos: Grego, Manuel y Carmen. Siempre les ha enseñado que el trabajo duro conduce a una vida plena, pero que deben aprender desde pequeños el significado del sacrificio. A los tres les dio carrera, y se siente profundamente orgulloso de haberles transmitido valores esenciales: educación, respeto, igualdad entre hombres y mujeres. Porque sin esos principios —dice— es imposible formar buenas personas.
Nuestro homenajeado merece este tributo porque ha sabido guiar a sus hijos por el camino correcto. Todos los caminos llevan a Roma, y como fiel creyente y hombre de palabra, José ha construido una vida digna de contar. Una vida humilde, llena de amor, por la que sentimos profundo cariño y respeto.
He compartido muchas horas con él jugando al fútbol sala y puedo asegurar que, aunque serio, es una persona magnífica, cargada de lealtad, siempre dispuesta a enseñar el camino correcto a los jóvenes —como quien escribe estas líneas—.
Hoy en día no abundan personas tan cercanas a la realidad ni con tanta pasión por su trabajo. Junto a su inseparable mujer y sus tres hijos, ha sacado adelante el negocio familiar durante más de treinta años. Ha organizado innumerables bodas y eventos, y ha mantenido viva una cocina que combina tradición y vanguardia.
Es un auténtico líder en su sector. Nunca ha defraudado a nadie. Ha caminado siempre con la verdad por delante y se ha ganado todo con interminables horas de esfuerzo al frente de un negocio que ya forma parte de la historia social y sentimental de nuestro pueblo.
Entramos en la recta final del año y, tras la Feria de Peñarroya en honor a nuestra patrona Ntra. Sra. del Rosario, dedicamos esta sección a nuestro amigo y vecino José Hidalgo.
Este homenaje son solo unas pinceladas de su vida; en nuestra sección de entrevistas “Gente de aquí…” hablaremos más en profundidad con él.
Queremos cerrar este artículo con una frase del primer ministro británico Winston Churchill que refleja la esencia de José:
“El éxito es la capacidad de ir de fracaso en fracaso sin perder la ilusión.”
Y sin perder esa ilusión, José Hidalgo ha cosechado todo el éxito de su vida.
Te queremos mucho, amigo y vecino. Te lo mereces, José.
Sergio Delgado Cintas





























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