Hay personas que caminan en silencio, pero dejan un rastro imborrable a su paso. Personas que no necesitan levantar la voz para ser escuchadas, porque su forma de vivir habla por ellas. José Manuel Parra Mesa, “Parrita”, pertenece a esa estirpe discreta y valiosa que, sin pretenderlo, termina sosteniendo a los pueblos.
Nació el 15 de mayo de 1985 en Peñarroya-Pueblonuevo, en el seno de una familia sencilla donde se aprendían desde niño valores esenciales: el respeto, el cariño por los tuyos y la importancia de cumplir siempre con la palabra dada. Sus padres, José y Manoli, fueron su principal referencia, junto a su hermana menor, Inmaculada, con la que siempre mantuvo un fuerte vínculo familiar. De su padre heredó dos pasiones que lo acompañarían toda la vida: el fútbol y la familia entendida como refugio, como espacio de protección y de aprendizaje.
La vida, sin embargo, le puso pruebas muy pronto. Con solo 15 años perdió a su padre, un golpe duro que obliga a madurar antes de tiempo. Años después, el destino volvió a golpear con la pérdida de su madre. Dos ausencias que dejan un vacío imposible de llenar, pero que en José Manuel sembraron fortaleza, responsabilidad y una manera serena de afrontar las dificultades. Nunca desde el lamento, nunca desde el reproche, siempre desde la dignidad y el esfuerzo diario.
Se formó en Electricidad en el IES Florencio Pintado, apostando por una formación práctica que le permitiera abrirse camino. Pronto entendió que el trabajo constante y honesto era la base sobre la que construir su futuro. Hoy desarrolla su labor en el ámbito agrícola, en fincas del término de Belmez, un entorno donde el sacrificio diario y el contacto con la tierra van de la mano. Belmez se convirtió con el tiempo en parte de su vida, sin dejar nunca de sentirse orgulloso de sus raíces en Peñarroya-Pueblonuevo. Dos pueblos, dos formas de sentir, un mismo compromiso.
Pero Parrita no se entiende sin su implicación en la vida social y cultural de su gente. El deporte fue una de sus primeras escuelas. En el fútbol sala defendió la portería del Deportivo Peñarroya F.S. y de la Peña Bética Rafael Fernández. Ser portero es una responsabilidad silenciosa, donde el error se paga caro y la concentración lo es todo. Esa posición le enseñó a resistir, a levantarse y a seguir, lecciones que más tarde la vida volvería a exigirle.
La música ha sido otro de los grandes pilares de su trayectoria. Desde niño, el tambor lo acompañó en la Agrupación Musical Nuestra Señora de la Amargura, y con el tiempo pasó a formar parte de la Banda Municipal de Belmez. También encontró su espacio en el Coro Rociero Nuestra Señora del Rosario, en el grupo 3×4 tocando el cajón y en Trémolo. Para José Manuel, la música no fue solo una afición: fue refugio, desahogo y compañía en los momentos más difíciles, una manera de expresar lo que a veces no se puede decir con palabras.
Amante declarado de las tradiciones, vive el Carnaval desde dentro. Comparsas, ensayos, letrillas y escenario forman parte de su identidad. Es ahí donde se le ve disfrutar, compartir y entregar lo mejor de sí mismo por el bien de unas fiestas que considera esenciales para la vida cultural del municipio. Gracias a personas como Parrita, el Carnaval sigue vivo en Peñarroya-Pueblonuevo, transmitiéndose de generación en generación.
Cuando llega la Semana Santa, su compromiso se hace aún más visible. Costalero de la Virgen de la Amargura y capataz del Cristo Yacente de Belmez, asume responsabilidades que requieren no solo fuerza física, sino templanza, respeto y liderazgo sereno. Cualidades que ejerce con naturalidad, desde la humildad y el ejemplo.
En lo personal, comparte su vida con Pepa García, su compañera inseparable, que es el eje de todo junto a su familia. Parrita mira el presente con los pies en la tierra y el futuro con optimismo, pero siempre con una prioridad clara: cuidar de los suyos.
Su carácter es fácil de describir y difícil de encontrar. Cercano, educado, leal, transparente y siempre dispuesto a ayudar. Amigo de sus amigos, de los que saludan sin prisas y se paran a hablar, aunque el día vaya cargado. De los que, pese a los golpes de la vida, jamás han perdido la sonrisa.
Este homenaje no es solo un repaso a su trayectoria vital, sino un reconocimiento a una forma de estar en el mundo. Porque personas como José Manuel Parra Mesa no suelen llenar titulares, pero sostienen los pueblos. Son el pegamento invisible que mantiene vivas las costumbres, el respeto y la convivencia.
“Las personas más felices no tienen las mejores cosas. Saben aprovechar al máximo las oportunidades que se les presentan”
ANÓNIMO
Por todo ello, este homenaje nace desde la admiración y el cariño.
No cambies nunca, Parrita.
Te queremos mucho.
Te lo mereces.
SERGIO DELGADO CINTAS





























Un hombre grande donde los haya.
Pero habéis dejado atrás una pieza fundamental de su vida, aquella que lleva su misma sangre, es decir, su hermana.
Gracias.
Gran persona y como describes bien, en silencio y sin destacar, lo tuve de compañero en Formación Profesional. Es la definición de buena persona.
Gracias de corazon