Cuando el cuerpo es débil y deficitario, buscamos las mejores soluciones para encontrarnos bien. Esconder nuestras debilidades nos hace conscientes de que estamos a falta de esa emoción y de esa chispa para encarar con energía nuestro día a día.
El mundo está hecho para valientes, para aquellas personas que convierten en heroicidad su supervivencia a costa de oprimir ese dolor que los quema por dentro.
Ninguno de los días de su vida ha sido igual para nuestro personaje de hoy, al que rendimos tributo. Nuestro vecino y amigo José María Muñoz Redondo es fiel reflejo de una vida de superación y de trabajo continuo y callado.
Una persona servible para contar a nuestros lectores y lectoras de Infoguadiato que tenemos un vecino entrañable y ejemplar. Un señor que ha buscado el sentido amable de la vida, donde unas veces te da y otras te quita. Pero, a la vez que te arrebata lo que más quieres, te das cuenta de que deja como legado aquellas semillas que un día germinaron.
Y como amante de redactar lo más hermoso de forma novelada, a continuación, vamos a narrar la vida de nuestro homenajeado de hoy, José María Muñoz Redondo:
En Peñarroya-Pueblonuevo, donde la vida se aprende observando a los que trabajan sin descanso, nació José María Muñoz Redondo. Hijo de Josefina Redondo Morales y Agustín Muñoz Romero, creció rodeado de afecto y de un sentido práctico que lo acompañaría siempre.
De niño perseguía un balón por las calles del pueblo, convencido de que cada tarde podía ser una final. Más adelante cambió los juegos por el trabajo, y en el almacén de hierros de Hijos de Francisco Díaz en Peñarroya Pueblonuevo, se ganó la confianza de todos. Allí trabajaba como administrativo, siempre responsable y preciso. En su casa, es el encargado de los arreglos y averías domésticas, que resuelve con la misma calma y habilidad de siempre.
Su vida encontró un equilibrio profundo junto a Dolores Asencio Montero, “Loli”. Con ella compartió un hogar cálido, proyectos sencillos y la alegría de ver crecer a Victoria Paula y José María. Cuando la pandemia se llevó a Loli, el golpe fue duro. Pero él, fiel a su carácter sereno, la recordó cómo había vivido con ella: en silencio, con gratitud y con una fuerza que nacía del amor compartido.
Su hermano Agustín y su familia fueron sostén y compañía. Y sus amigos, esos que él cuidaba con lealtad inquebrantable, siguieron siendo parte fundamental de su día a día. José María siempre supo que las relaciones verdaderas no necesitan adornos: solo presencia, palabra honesta y tiempo.
Manitas por naturaleza, hombre de corazón firme y discreto, sigue dejando su huella en cada cosa reparada y en cada gesto amable. Así es él: alguien que mejora lo que toca, también la vida de quienes lo rodean.
No solo ha sido emotiva, sacrificada y honrada la vida de nuestro vecino y amigo, sino que es interesante conocer las nobles costumbres y labores que ha dejado patente en nuestro pueblo.
Hoy hemos sabido un poco más de la vida de un gran hombre, donde el mayor de los milagros es que nosotros hemos sido testigos.
La fugacidad de las noches más placenteras se conjuga con la efusividad de los días de pasión de vinos y rosas.
A la vez que relatamos su vida, admiramos y respetamos su extensa y dilatada vida personal y profesional.
«La medida de lo que somos es lo que hacemos con lo que tenemos»
— Vince Lombardi
Con esas medidas, y con lo que ha tenido, se ha labrado y constituido una vida fabulosa y fantástica.
A los hechos me remito: me ha conseguido contagiar esta idea, “que hay que ser felices pase lo que nos pase”.
Este homenaje me ha llegado al alma y me ha emocionado.
Porque todas las historias que aparecen en esta sección son tan interesantes que aprendemos de cada una de ellas.
A ti, querido amigo y vecino José María Muñoz Redondo, gracias por ser tan especial y conmovedora tu historia y tu vida.
Digna de ser narrada y llevada a estas pantallas de las redes sociales de Infoguadiato.
Te queremos mucho.
Te lo mereces.
Sergio Delgado Cintas






























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