Nunca sabemos cuándo nos iremos de este mundo. Hay personas que se marchan inesperadamente y dejan una huella imborrable de humanidad y honestidad.
Me vienen a la memoria aquellos viajes a Madrid para ver partidos del Real Madrid con la Peña Madridista El Mejor Club del Mundo de Peñarroya-Pueblonuevo. Aunque soy culé, hasta los siete años fui madridista, y le guardo un gran cariño al mejor equipo del mundo: de hecho, he ido más veces al Santiago Bernabéu que al Camp Nou.
En esos viajes conocí a una persona entrañable, de gran gentileza y amabilidad: Juan José Heras Cabrera, “Guancho”. Desde el primer momento supo captar que entre nosotros nacería esa magia llamada amistad.
“Guancho” fue camarero en Peñarroya, en Belmez, en pueblos de la comarca, en Córdoba o Sevilla. Cuando el bar se llenaba de gente, no se alteraba; con humor decía: “Invasión USA”, y lograba calmar a clientes y compañeros. Tenía un ingenio natural en sus bromas y una simpatía que lo hacían único.
Su afición y amor por el Real Madrid le llevaron a viajar mucho, por España y Europa. Entendía de fútbol y también de otros temas de actualidad. Era un gran oyente y mejor conversador; por eso sus amigos lo querían y lo recordarán siempre.
Cómo no íbamos a querer al hombre que reía y cantaba con nosotros rumbo al Bernabéu, cuando le coreábamos al unísono: “El Guancho es alemán”, por sus ojos azules y su cabello castaño rizado.
Como todo ser humano, tenía sus debilidades, y la vida a veces juega malas pasadas. Pero el tiempo supo reconocerle que aquí estamos de paso, y que lo que queda son los pequeños detalles y los instantes compartidos.
Así fue como, tras la feria de Peñarroya de octubre de 2017, aquel “Alemán de la Corte Terribleña” emprendió rumbo al cielo. Nos dejó huérfanos a quienes tuvimos la suerte de conocerlo. Nuestro amigo “Guancho” nunca caminó solo: lo hizo siempre en compañía de colegas y conocidos a quienes transmitió su pasión por el Real Madrid, enseñando a viejas y nuevas generaciones cómo amar al club de Concha Espina.
Hoy, casi ocho años después, sigues vivo en nuestro recuerdo.
D.E.P.
Sergio Delgado Cintas





























La última vez que le vi, fue trabajando en un bar en la feria de Belmez. Recuerdo estar cenando y ver pasar a un grupo de abuelos, uno de ellos con andador, en un momento sin ser clientes de la terraza les ofreció una mesa para descansar y puso las piernas del que llevaba el andador sobre una silla porque le escuchó decir que le dolían.
Un buen camarero pero mejor persona.