Dictamos sentencia y prejuzgamos a personas que tienen inquietudes, que saben invertir su tiempo en sus aficiones y que, con el paso del tiempo, convertirían en oficio. Quizás perdemos el tiempo en etiquetarlas, y no reconocemos las verdaderas virtudes de todos esos vecinos y vecinas que han hecho de su vida un arte de supervivencia y un filón donde encontrarse a gusto.
La estampa que refleja nuestro pasado y presente se ve plasmada en esos ojos que han visto tanto y han fotografiado todo lo que el objetivo les dictó, haciendo ese click que deja impresa una postal para la posteridad.
Esos ojos, que han inmortalizado las mejores instantáneas de nuestro pueblo y comarca, pertenecen al hombre al que rendimos tributo este martes: Juan Luis Molina Arias. Un hombre no muy dado a relucir ni a resaltar ante sus vecinos su talento, algo innato. Arraigado en nuestro municipio, proveniente de la localidad vecina de Belmez, que lo vio nacer.
Sin lugar a dudas, merece todo el énfasis el haber dedicado su vida a su pueblo de adopción y a la comarca del Valle del Guadiato, que tanto ama y de la que se siente profundamente orgulloso.
Como un ave observadora, ha visto pasar la mejor época de nuestro pueblo y de nuestra comarca. Ha vivido tiempos prósperos, educado entre el amor y el respeto mutuo, por encima de ideologías y pertenencias. La tolerancia y la bondad han guiado siempre la vida de este hombre bueno y honesto, en medio de un mundo lleno de egos e idolatrías infaustas.
En Belmez nació, entre la luz blanca de los amaneceres serranos y el murmullo de una familia trabajadora. Pedro e Inés, sus padres, le enseñaron el valor del esfuerzo y la mirada curiosa, esa que más tarde convertiría en arte. Con sus hermanos, Pedro Tomás e Inés, compartió juegos, sueños y aquella infancia de pueblo donde todo parecía eterno.
De joven, Juan Luis aprendió el oficio de su padre, pero su inquietud lo llevó a buscar nuevos horizontes. Barcelona lo recibió con el olor del revelado y el rumor de las calles modernas. Allí aprendió a dominar el color, a atrapar en papel no solo la imagen, sino la emoción. Y cuando sintió que era el momento, regresó. Volver era su destino.
A finales de los setenta levantó su estudio en Peñarroya-Pueblonuevo. Desde entonces, cada boda, cada retrato, cada primera comunión, llevó su firma discreta pero reconocible. Fue testigo silencioso de miles de historias, de lágrimas y sonrisas, de miradas que el tiempo habría borrado si no fuera por su cámara.
Su nombre se hizo habitual en toda la comarca. Formó parte de FEPFI y de PROIMAGEN, compartiendo con otros su pasión. También lo vieron en el Radio Club Atalaya, o al manillar de una moto con el grupo “La Afición”. Porque Juan Luis no sabe estar quieto: pedalea, dispara con arco, cuida su coche, se reta en el crossfit, pero sobre todo, vive rodeado de los suyos.
Esperanza, su compañera de vida; sus hijos —Esperanza, Cristina, Marta y Juan Luis—, y sus siete nietos —Aitana, Alejandra, Antonio, Jorge, Cristina, Alejandra y Marta—, son hoy su mejor galería: la de los recuerdos compartidos.
Dicen que un buen fotógrafo no hace fotos: roba instantes al olvido. Juan Luis Molina Arias lo ha hecho toda su vida, con humildad, paciencia y amor por su tierra. Y ahora, jubilado, sigue mirando el mundo con la misma curiosidad del niño que un día descubrió la magia de la luz.
Su legado no está solo en los álbumes que descansan en tantas casas, sino en la gratitud de quienes lo consideran, ante todo, un amigo. Porque Juan Luis, además de fotógrafo, ha sido —y es— una buena persona. Y esa es la mejor imagen que deja en todos nosotros.
“No solo se trata de un disparo de flash para el recuerdo, sino de activar el botón para quedar reflejado un momento para la eternidad.”
— Sergio Delgado Cintas
Una frase que describe a un hombre que ha aportado tantos momentos y recuerdos memorables a toda una generación de peñarriblenses y guadiateños, y que ahora, en sus hijos, delega ese buen hacer artesano de congelar imágenes para revelar fotografías que nos recuerdan que cualquier tiempo pasado fue mejor.
Una auténtica anatomía de un instante a través de una vida llena de gratas secuencias e inolvidables eventos, que solo él y sus cámaras guardarán como un secreto entre fotógrafo y objetivo.
Y aun sabiendo que se llevará ese secreto a la tumba, sirva este emotivo homenaje —humilde y sincero— para agradecer tantos años de servicio y trabajo, alegrando la vida de todo un pueblo y comarca. Desde Infoguadiato, sus amigos le expresan su gratitud por su fidelidad, y por supuesto, a sus mejores aliadas: sus cámaras fotográficas.
Te mereces tanto cariño y amor, que toma como muestra este artículo novelado para que lo tengas siempre presente, amigo y vecino: Juan Luis Molina Arias.
La vida y la imagen, a través de los ojos de un retratista perfeccionista que nos ha narrado con sus fotografías los últimos casi cincuenta años de un pueblo y comarca en su auge y en su decadencia, abogando siempre por un futuro luminoso que despierte de su letargo.
Gracias por todo.
Te queremos mucho.
SERGIO DELGADO CINTAS






























Hola hermano, es una gran satisfacción saber el reconocimiento el cual te mereces.
Te han revelado tal como eres, así mismo.
Muchas Felicidades 👏 👏
Estoy muy orgullosa de ti y la prolongación de la profesión en tus hijos JLuis, Cristina y Marta. Es un buen legado y referentes desde nuestro abuelo Tomás XIX y padre Pedro XX fotógrafos. Transmitimos su apellido con Arte.
Quiero expresar mi más profundo agradecimiento a Info Guadiato por el espacio y la dedicación brindados en la publicación del artículo sobre mi trayectoria profesional. Mi agradecimiento a Sergio Delgado Cintas, autor del artículo, y Herminia Marcado.
También quiero dar las gracias a mis amigos de aficiones, con quienes he compartido momentos buenos y malos, pero que, sin duda, han sabido transformar cada experiencia en un lazo de amistad que ni el tiempo podrá borrar. A mi familia, los pilares fundamentales de mi vida, y el motor de mi esfuerzo diario: su apoyo incondicional ha sido la clave de cada logro alcanzado.
Y, por supuesto, no puedo olvidar a mi pueblo de adopción, que me ha acogido como uno más y me ha dado tanto a nivel humano y profesional. A todos ustedes, mi más sincero ¡gracias!