Conocemos y confundimos a menudo conceptos en los cuales somos requeridos a ejercer, como dar servicio a nuestros vecinos. Y lo hacemos de forma ejemplarizante, sin ningún tipo de vergüenza, sirviéndonos de nuestros clientes como el mejor aliado para ejercer nuestro trabajo.
Un trabajo en el que nos sentimos herederos de grandes figuras del pasado, aquellos referentes que cogimos como guías para ser algún día como ellos. Ser primordialmente seguros en nuestras decisiones, útiles, precavidos y, a menudo, testarudos a la hora de encauzarnos en algún problema. Todas aquellas cosas que seremos el día en que nos cortemos la coleta y pasemos a la plena y merecida jubilación.
A todo esto, y dicho lo escrito hasta ahora, me enorgullece homenajear hoy, sábado primero de noviembre, a un hombre nacido del buenismo, de quien todo lo que ha hecho en la vida ha salido desde su corazón. Un corazón servicial y trabajador, que ha llevado una vida laboral en blanco, sin ningún tachón ni borrón que hacer a su impecable hoja de servicio. Estoy describiendo a nuestro vecino y amigo Juan Manuel Pérez Ramos, un señor de los pies a la cabeza, al que me complace rendir tributo en este día de Todos los Santos.
Nacido en Peñarroya-Pueblonuevo, donde el aire huele a tierra y esfuerzo, llegaría al mundo Juan Manuel Pérez Ramos, hijo de Manuel y Cecilia, hermano de Francisco Miguel. Desde niño aprendió que la vida se construye paso a paso, con trabajo, con lealtad y con una sonrisa franca.
La suya ha sido siempre una existencia tejida con hilos de familia y amistad. Junto a su esposa, María Meneses Pulgarín, formó un hogar cálido, donde el amor y el respeto son la norma, y donde sus hijas, Cristina y María, crecieron admirando su ejemplo de constancia y generosidad.
Juan Manuel es de esos hombres que no necesitan grandes gestos para dejar huella. Su palabra vale, su mano ayuda y su presencia basta. Durante 33 años, su vida se confundió con la de la gasolinera La Piscina, ese pequeño rincón donde miles de personas encontraron algo más que combustible: un saludo amable, una conversación sincera, una sonrisa de las que alivian el día.
Ni siquiera la pandemia lo detuvo. Mientras el mundo se paralizaba y el miedo se colaba por las rendijas, él seguía allí, firme, atendiendo, confiando en la solidaridad del pueblo que tanto quería. Aquellos días lo marcaron, pero también mostraron su verdadero temple: el de un hombre sencillo, pero grande en humanidad.
Fuera del trabajo, su pasión por el fútbol y las motos lo mantenían en pleno movimiento, igual que su grupo de amigos de siempre, con quienes comparte risas, recuerdos y lealtad. Porque si algo define a Juan Manuel es precisamente eso: su fidelidad. A su gente, a su palabra, a la vida.
Hoy, ya jubilado, disfruta del descanso merecido. Pero quien lo conoce sabe que su esencia no ha cambiado: sigue dispuesto a tender la mano, a ofrecer un consejo, a regalar su tiempo.
Juan Manuel Pérez Ramos es, en definitiva, un hombre bueno. De esos que hacen que los pueblos sigan teniendo alma. Un ejemplo callado de dignidad, trabajo y amor, cuya historia —más que contarse— se agradece.
Y entre todas esas buenas facetas y fases honoríficas de nuestro personaje de hoy, todavía sigue tejiendo e hilvanando sueños que, a buen recaudo, también serán nuestros. Un tipo sencillo y honesto, de aquellos donde la expresión de vecino y amigo se hace grande, respondiendo a la llamada del tiempo: nunca es tarde para darle este reconocimiento a un hombre generoso que ha trabajado en silencio por el bienestar de todo un pueblo, siendo además una persona responsable y honrada.
El futuro quizás lo podamos inventar, pero el pasado y el presente son hechos, como el que hemos relatado en la persona de Juan Manuel Pérez Ramos.
Antes de dar por concluido el serial de hoy de nuestra sección para Infoguadiato, queremos despedirnos con una frase del jurista, filósofo, teólogo, político, escritor, poeta, traductor, profesor de leyes, juez de negocios civiles y lord canciller inglés de Enrique VIII, Santo Tomás Moro, quien dijo:
“Un hombre bueno se define por su lealtad, su compromiso con la virtud, el bien común y la felicidad humana, que encuentra principalmente en los placeres del espíritu y en vivir según la razón y la ley natural.”
Y en todas esas vicisitudes y etapas de su vida, Juan Manuel sigue el sonido del tiempo y el rugido del viento, con la cara amable que siempre ha ejercido todos los días de una vida neutra y sin aditivos, apta para personas buenas como él.
Te queremos mucho.
Te lo mereces, amigo y vecino Juan Manuel.
SERGIO DELGADO CINTAS





























0 comentarios