Nacemos desde el latido de sentimientos que, muchas veces, tienen un pulso femenino. Las mujeres han sido —y siguen siendo— motores esenciales que nos empujan a avanzar.
Hay mujeres ajenas a las estridencias, que dan por natural su papel tierno y maternal, ofreciendo cariño y protección a quienes las rodean.
La palabra de una mujer leal, comprometida y servicial parece hoy en riesgo de desaparecer. Por eso, este jueves queremos detenernos y rendir un merecido homenaje a nuestra vecina y amiga: Julia Cascos Sepúlveda.
Su vida ha estado enteramente dedicada al cuidado de su familia, de sus vecinos y vecinas. Una existencia que, por momentos, roza lo fantástico; casi una de esas historias donde Edgar Allan Poe sabría describir con talento la frontera entre lo real y lo imaginado, entre la vida y la muerte.
A través de estas líneas, escritas con tono de novela, nos acercamos a la historia de una mujer que hizo de la responsabilidad su verdad más pura. Una vida sencilla, natural, sin aspavientos, que dejó aportes ejemplares para su comunidad local y comarcal, como veremos a continuación.
Nació un martes 13 de agosto, en Peñarroya-Pueblonuevo, bajo un sol andaluz que parecía querer anunciar que llegaba alguien especial. Hija de Pedro Casco Peña y Francisca Sepúlveda Escudero, creció junto a su hermana Cecilia entre las calles del Cerro, en la Travesía San Rafael, donde la vida olía a tierra, a pan reciente y a conversación larga.
En el colegio Aurelio Sánchez, con Adela Navarrete como directora, empezó a mostrar esa mezcla de curiosidad y determinación que la acompañaría siempre. Julia no se conformaba con lo fácil: se atrevía con lo nuevo, lo difícil, lo desconocido.
Por eso, no era raro verla al volante de su todoterreno, recorriendo caminos imposibles junto a la Asociación Todo Terreno Alto Guadiato de Rafael Podadera, desafiando cuestas y barro con una sonrisa.
La aventura no era solo un deseo, sino una manera de vivir. De niña viajó con sus padres y su hermana hasta Bélgica, a Chatelineau, para asistir a la boda de su prima. Atravesaron Francia y Alemania, y en una huerta francesa alguien les regaló unas fresas dulcísimas que se quedaron para siempre en su memoria, como símbolo de lo sencillo y hermoso de los caminos compartidos.
Durante los días oscuros del confinamiento, cuando el silencio pesaba en las calles, Julia sacaba su altavoz a la ventana y hacía lo que mejor sabe hacer: dar ánimo. Primero con el “Resistiré”, y después con canciones que devolvían un poco de vida al vecindario.
Porque para ella, alegrar a los demás nunca ha sido un esfuerzo, sino un reflejo natural de su manera de ser.
Estudió Auxiliar Administrativo y trabajó en ALIATO, junto al psicólogo José Antonio Fernández, donde descubrió que ayudar a otros a recomenzar es una de las formas más nobles de la empatía.
Más tarde, junto a su marido, Miguel Ángel Hidalgo Pérez, convirtió el Bar Restaurante de la Estación de Servicio en un hogar extendido, un lugar donde cada plato tenía historia y cada cliente salía sintiéndose parte de algo más grande.
Antes, ambos habían regentado El Tiro, al que dieron nuevo nombre y alma: La Dehesa.
Julia no se detuvo ahí. En 1991, montaron un local en la feria de Peñarroya que llamaron El Golfo Pérsico, un rincón lleno de vida que aún se recuerda con cariño por su ambiente y su energía.
Su familia es su orgullo: sus hijas Julia, Sandra y Ángela, y sus nietas Camila y Melisa, que han traído de vuelta la música de la infancia y las risas que nunca dejaron de sonar.
Le gusta tenerlos cerca, organizar reuniones, celebrar la vida, tal como hacía su abuela y madrina, también llamada Julia, de quien heredó ese don para hacer del encuentro un acto de amor.
Hoy, su historia no necesita adornos. Está escrita en los postres que endulzan las sobremesas, en las flores que cuida con mimo y en el calor que irradia su presencia.
Julia María Cascos Sepúlveda no solo ha vivido: ha sembrado raíces profundas, ha florecido, y ha hecho florecer a quienes la rodean.
En los días grises y de bajos ánimos, siempre tendremos la sonrisa y la caridad de una gran mujer como la que hemos tributado hoy.
Conmemorar, celebrar, festejar y hacer de todos los días algo festivo está al alcance de vecinos y vecinas como Julia Cascos.
Una Peñarroya-Pueblonuevo con raíces profundas, donde las reglas del juego están establecidas en el buen hacer de sus habitantes.
Y por el hecho de ser unas vidas contadas y narradas con tanta pasión y orgullo, vaya dedicada esta frase célebre sobre pasión y orgullo dedicada a Julia Cascos Sepúlveda:
«Pocos se mantienen firmes en el amor sin el incentivo apropiado»
Jane Austen
En la firmeza de ese amor sin cheque al portador ha convertido su vida nuestra vecina y amiga Julia Cascos Sepúlveda en una continua fiesta de fidelidad hacía su familia, amigos y clientes.
Y por supuesto, también en no olvidar sus raíces.
Por ello: Gracias por ser como eres, Julia.
Te queremos mucho.
Te lo mereces.
Sergio Delgado Cintas






























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