Dice la ciencia que dos polos opuestos se atraen. Pues entonces, tenemos que escribir en este nuevo capítulo del serial casi semanal de la Banda de Silvia y Aarón que sus dos protagonistas, es decir, Silvia y Aarón, amigos íntimos y alumnos del Colegio Público de El Puche, vieron surgir el amor entre ambos al final de curso, cuando viajaron a Valencia para poner punto final al curso escolar.
Las miradas de Silvia y Aarón se encontraron en la ciudad del Turia. Allí, bajo la atenta mirada de sus compañeros y compañeras de 5º de Primaria y la supervisión de los tres profesores que los acompañaron a Valencia: el bigotes, la sabelotodo y la saltamontes. No son otros que Ángel, Victoria y Violeta, los profesores de Matemáticas, Geografía e Historia y Educación Física.
Ya sabiendo más o menos las notas finales y gracias al hombre del traje negro, que les sufragó el viaje a Valencia, Silvia se sentía ya atraída por Aarón desde que cortó su relación con Miguel Ángel a principios del tercer trimestre.
Como dice el dicho: «Un clavo saca a otro clavo». No cabía la menor duda de que su mejor amigo de siempre, al que le tenía un gran cariño, se convertiría en un amor surgido desde el respeto y el afecto entre los dos.
Para Aarón iba a ser su primer amor. Al principio era muy reacio. No sabía cómo Silvia se había enamorado de un chico disléxico, con déficit de atención, hiperactivo y un tanto depresivo. Pero, como no hay que poner puertas al campo ni al amor, tiró para adelante e iniciaría en Valencia su relación con Silvia.
Silvia ya sabía de lo que iba una relación, ya que estuvo más de seis meses con Miguel Ángel. También sabía que sería distinta su relación amorosa con Aarón, porque Aarón era muy especial y tanto sus padres como él no la iban a rechazar por ir en una silla de ruedas.
Fue una bendición para ambos el viaje a Valencia. Les dio tiempo a conocer todos los rincones y monumentos de la ciudad que vio nacer a Sorolla y, dicho sea de paso, una ciudad con historia y encanto.
Y fue en su catedral, la Iglesia Catedral-Basílica Metropolitana de la Asunción de Nuestra Señora, donde se darían su primer beso. Un beso eterno y deseado por ambos, donde sus bocas se unieron para dar paso a un manto de caricias y abrazos con tintes y rimas al amor perpetuo.
Un viaje donde no solo se unieron dos almas blancas, sino que también daría paso a otro nuevo amor, entre Ángel y Victoria, dejando atrás sus miedos. Dos profesores casados que, en la soledad y en la privacidad que les dejaban sus obligaciones, quedaban hasta que el tiempo dijo que había que darle libertad y no poner cadenas ni al amor ni al deseo.
Por fin se ponía de manifiesto que los amores son libres y que hay que darles alas. Y tanto Silvia como Aarón eran el ejemplo perfecto de que a las personas con discapacidad hay que darles el mismo trato que a cualquier otra pareja.
La vuelta al barrio de El Puche fue toda una balsa de aceite. Se habían roto todos los moldes y fue toda una aventura que no tenía desperdicio.
Las presentaciones de Silvia y Aarón en ambas casas fueron el colofón de una crónica de un amor anunciado, porque en el día a día de amistad entre ambos se había forjado una complicidad y una comprensión que desembocarían en un amor mágico y con la varita bendecida entre ambos.
Como en el amor, como en la vida, no hay trucos. La sinceridad y las buenas acciones entre ambos los llevarían por el camino de una relación duradera e irrompible con el paso del tiempo.
Ambos quedarían para dar un paseo, ir al cine y a la pizzería del barrio los fines de semana. Y, como el verano estaba a la vuelta de la esquina y, por consiguiente, las vacaciones del colegio, no dejarían de hacer planes entre los dos con tal de pasar el mayor tiempo juntos.
Por otro lado, a Ángel y a Victoria les llegaría el momento de decir en sus casas toda la verdad sobre su relación. Aunque dolorosa para ambas familias, no hay nada mejor que no ocultar una obviedad y, si al final triunfa el amor, dejar atrás huellas imborrables, pero dejando de ocultar lo evidente. Soltaron lastre, y tanto Ángel como Victoria se unieron para dejar de vivir en la oscuridad y pasar a brillar con luz propia todo el amor que ambos llevaban por dentro.
Las dos bombas de final de curso retumbaron en todos los cimientos del Colegio Público de El Puche. Hasta su directora no se asombraría de las dos relaciones amorosas, ya que daba por hecho e intuía que ambas relaciones ya se estaban cocinando a fuego lento durante todo el curso escolar.
El curso escolar afrontaba ya sus últimos días para dar paso a las vacaciones. Pero este serial de la Banda de Silvia y Aarón todavía no ha acabado. Todavía nos depararán más aventuras donde se verán envueltos todos sus personajes.
En el próximo capítulo escribiremos sobre Mohamed y cómo fue la llegada de sus padres a España y cómo vino al barrio de El Puche. Sin lugar a dudas, una historia de superación y de cierta complejidad para los tiempos que corren.
Porque quizás todavía no nos hemos puesto en la piel del migrante, y la inmigración es un arma de doble filo para los que quieren dividirnos y hacer que seamos racistas con el diferente.
Detrás de la inmigración hay historias que deben ser contadas, como la de los padres de Mohamed.
Con el próximo capítulo quiero dejar patente que hay que ser empático y solidario con el que viene a buscarse una vida y un futuro mejor a un país como España.
Quizás algunos no lo entiendan, pero ¿y si fueran ellos, es decir, los que denigran a los inmigrantes y los rechazan, como está sucediendo hoy en día? ¿Y si fueran ellos los inmigrantes? ¿Qué pasaría? ¿Les gustaría ser rechazados y tildados de delincuentes y de depredadores sexuales?
Todo lo dejo para el próximo capítulo.
De momento, me despido poniendo el lazo a este duodécimo capítulo con la frase célebre final para dar fin a este nuevo capítulo:
«El amor es como una guerra: fácil de empezar, difícil de terminar, imposible de olvidar».
HENRY LOUIS MENCKEN
SERGIO DELGADO CINTAS





























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