Silvia, entre sus enredos y locuras emocionales, siente un vacío un tanto extraño desde que hace poco más de un año murió su abuela Paqui. Hablar de la palabra cáncer a la edad de diez años, como también de la muerte, son palabras tabú.
Simplemente, Silvia echa de menos aquellas tardes en las que su abuela, acompañada de su abuelo materno, eran una delicia para ella. Vivir en un barrio complicado era, a la vez, sencillo, porque entre todas las pieles que habitan El Puche sobresalen y prevalecen dos palabras mágicas que encienden a todo un barrio: familia y amor.
Acercándose el lunes 1 de noviembre y celebrándose el Día de Todos los Santos, Silvia se armó de valor y fue con sus padres y su abuelo Vicente al camposanto para llevar flores a su querida abuela.
El nicho se encontraba en una enorme y alargada pared llena de nichos. Llegaron, se persignaron y rezaron un silencioso padrenuestro. La tarde era soleada para tratarse de un otoño inusual, porque hacía mucho calor.
Luego, al volver del cementerio, quedó con Aarón para hacer el trabajo de Geografía e Historia que les había mandado la profesora Victoria sobre la China milenaria, su cultura y sus tradiciones.
Llegado el martes y al volver a clase, cada uno expuso su trabajo, siendo el mejor de todos el de Silvia y Aarón, cuyo desarrollo profundizó sobre la vida de Mao y también sobre cómo su gastronomía está a la vanguardia en Occidente. La culminación del trabajo hizo un repaso de cómo se realizaron las figuras de los Guerreros de Xi’an.
Aarón, dada su dislexia, se confundió a la hora de ponerle el nombre al trabajo y lo relacionó con la asignatura de Conocimiento del Medio, pero todos dieron por bueno ese pequeño desliz del perspicaz churumbel.
Los peligros de los videojuegos y de pasar tantas horas frente a una pantalla fueron otros temas a tratar en la clase de Tecnología, donde Moisés García, «El Barbas», les habló sobre la toxicidad que supone estar demasiado expuestos a una tablet o a un ordenador, provocando alteraciones en la personalidad y también una temprana miopía por pasar tantas horas frente a las pantallas.
Esto hizo pensar a Mohamed y a Esperanza, porque ellos no tenían nada de esos artilugios, ya que sus padres no podían permitirse demasiados lujos. El resto sí tenía una tablet o un portátil, además de alguna que otra consola.
Carla y Jaime dieron su opinión desde el lado más cómico y surrealista. Opinaron que todo lo que no podía destruir la mente tampoco podían destruirlo las obsesiones por las maquinitas. Jaime, tan pesimista como siempre, dijo que tenía la tablet estropeada y que no podía ver su serie favorita: Bob Esponja.
Silvia seguía pensativa y abducida por la nostalgia del día anterior. Quedó con Miguel Ángel en el recreo para reconducir su situación, ya que las notas de Miguel Ángel iban cada vez mejor. Como diría el entrenador del Atlético de Madrid, el «Cholo» Simeone: «partido a partido», pero en el caso de Miguel Ángel era «examen a examen» para salir del agujero en el que estaba metido desde principios del curso escolar.
La reprimenda y el castigo de sus padres le hicieron pensar, y no quería perder la relación tan bonita y verdadera que tenía con Silvia. Porque, a pesar de llevar casi dos meses con ella, le había cogido un gran cariño y afecto, hasta el punto de poder denominarlo como su primer amor.
Ángel «El Bigotes» dio las soluciones de unos problemas que había puesto en clase de Matemáticas, siendo otra vez Mohamed quien se llevó la mejor nota. La ilusión de Mohamed era llegar a ser cirujano algún día para salvar vidas y ayudar a las personas más pobres.
La jornada escolar se iba diluyendo, pero antes de ir al comedor descubrieron algo. Fueron a la biblioteca del colegio y vieron cómo un libro estaba encima de una mesa, como si alguien se lo hubiera dejado olvidado sin ponerlo en su sitio.
El libro era «El Principito», del escritor y aviador francés Antoine de Saint-Exupéry, cuya famosa frase pronunciada por el zorro en el capítulo XXI se complementa con otra gran verdad de la obra: «Solo se ve bien con el corazón».
Precisamente, el libro estaba abierto por ese capítulo veintiuno. Pero no todo es enigmático en este peculiar colegio. En el colegio de El Puche también se acerca a los alumnos a la cultura, y aquella era una prueba de curiosidad muy propia del profesor de Lengua y Literatura, Héctor Ventura, un fiel lector que poco a poco les iba inculcando la afición por la lectura. Y como muestra, «El Principito», un libro para entender que el mundo no solo está hecho de realidad, sino también de fantasía.
Y puestos a fantasear, los alumnos de 5º de Primaria tenían que leerse «El Principito» durante el primer trimestre.
El hombre del traje negro y pelo engominado que había aparecido en los primeros capítulos entraba otra vez en escena, esta vez para ayudar al colegio a conseguir aire acondicionado para la época primaveral y los días de más calor.
De dónde había salido este personaje misterioso no se sabe, pero no dejará de sorprendernos en próximos capítulos hasta que conozcamos su identidad. Como es un hombre al que no le gusta la popularidad, en su maletín siempre lleva algo con lo que sorprender al barrio de El Puche.
Este hombre hacía milagros, pero sobre todo para las personas desfavorecidas, y eso le hacía todavía más especial.
La tarde se convirtió en un río de juegos y risas compartidas en el parque, donde la pelota no dejaba de rodar y las bicicletas paseaban por sus senderos.
Esa misma tarde dejaron a Miguel Ángel salir a jugar al parque y, de paso, estar un ratito con Silvia. De nuevo el amor volvía a brillar y a dejar en un segundo plano el pesimismo y aquellas cosas perjudiciales para la mente y el corazón.
Se respiraba un buen ambiente en el barrio de El Puche y en un parque cada vez más lleno de vida, que acogía a nuevos inquilinos como Mohamed y Esperanza. Un barrio donde el sentimiento corre en un solo latido: el de la amistad.
Por eso esta banda tiene aún muchas cosas que contar. Contar cómo llegaron a conocerse, algunos desde la guardería y otros conforme fueron creciendo.
Historias llenas de vida y aventuras donde queremos hacerles partícipes de cómo se construye un barrio obrero y desfavorecido, así como del día a día de un colegio que hemos tomado como referencia para hacer este serial semanal de «La Banda de Silvia y Aarón».
¿Te apuntas a nuevas aventuras con Silvia y Aarón?
Para finalizar este cuarto capítulo queremos dejar como impronta una frase con la que concluir este nuevo episodio de la banda más divertida e intrépida que aparece cada semana en exclusiva para los lectores y lectoras de Infoguadiato:
«Existe un antiguo mito que sostiene que contar historias puede curar enfermedades o salvar vidas; sin historias, viviríamos un presente viejo».
— Marcela Serrano —
SERGIO DELGADO CINTAS






























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