Despojado, hace tiempo, de haber sido esclavo de la envidia por poseer lo que otros tenían —trabajo, pareja, hijos, etc., e incluso una preparación mayor que la mía—, no me quedó otra que sanar esas heridas.
No hay nada mejor en esta vida que desear ser feliz con los demás sin perjudicar a quien tienes al lado: tu familia, tus amigos. No hay nada más bello que amar a una persona por encima de todas las cosas o de cualquier posesión.
El materialismo —al que todo está orquestado para consumir y producir— altera la mente, construye envidia, dispara a diestro y siniestro y, sobre todo, siembra odio. Odio y envidia que, como todo, la naturaleza y el paso del tiempo acabarán llevando.
Miguel Delibes, escritor clásico español del siglo pasado, supo ver en sus libros lo que otros no veían. En su obra El camino supo saborear la soledad de la naturaleza y el ruido de su fauna.
Si vas a dispararme, hazlo ya. Encuentro en cada disparo emocional tuyo que tus tiros van en otra dirección: en el deseo de desarticular balas con veneno dispuestas a agujerear mis posesiones.
Con una enfermedad mental como posesión, y un corazón hecho a base de girar en torno a la bondad, observo —como lo hacía Delibes con su tierra, Castilla y León— que yo amo también mi tierra y mi pueblo, y que muero por ellos.
Defenderé todas aquellas enfermedades que tienen cura, menos la enfermedad que no la tiene: la envidia.
Yo hace tiempo fui vacunado contra esa enfermedad.
Y mis posesiones son: la libertad y el laissez faire.
Ahora vivo mejor con esas dos únicas posesiones.
Soy feliz, y eso me hace ser mejor persona cada día.
Me expreso con la única enfermedad que no tiene cura.
Y tú, ¿te expresas?
¿A qué esperas para leer esta nueva cápsula emocional en exclusiva para los lectores y lectoras de Infoguadiato?
Sergio Delgado Cintas





























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