Voy a retroceder más de treinta años e ir a esa inocente e inofensiva mirada de aquel niño que observaba cómo la Navidad era mucho más que una festividad ancestral. Eran pequeños retazos de imágenes que hoy se asoman en mi baúl de los recuerdos; recuerdos tanto familiares como compartidos con personas que ya no están conmigo.
A cada instante se enciende una luz que me aclara —y nos aclara— que la magia de la Navidad debe seguir viva, manteniendo esa mirada limpia de los niños y niñas que fuimos un día. Abrir regalos, comer en familia, compartir momentos únicos e irrepetibles… pero los números uno siempre seguirán siendo los Reyes Magos. Unos Reyes Magos que, para muchos, se anteponen a Papá Noel, aunque hoy algunos hogares españoles intenten colocar al personaje del trineo de Laponia por encima de nuestras tradiciones y costumbres religiosas.
En una reflexión de Mark Twain se decía: «No hay una visión más triste que la de un joven pesimista». A esa frase habría que añadirle la ilusión, porque para que un niño sea feliz y lleve una vida plena debe conservarla. Cuando a un niño se le da un instrumento, intentará tocar melodías sencillas y, sin darse cuenta, transformará el mundo.
Escribir nuestros juguetes preferidos en la carta a los Reyes era nuestro mayor deseo cuando éramos pequeños. Hoy, ya adultos, tratamos de transmitir esa ilusión a nuestros hijos, sobrinos o nietos, para que no se pierda esa luz tan especial que acompaña a estos días.
En breve llegará el “Gordo” de la lotería, que dejará en algunos hogares una lluvia de millones. Pero estoy convencido de que sin salud no se puede disfrutar del dinero, y de que el dinero, muchas veces, no da la felicidad. La felicidad la aportan las buenas acciones, el cariño, el respeto hacia los demás y esa solidaridad entre vecinos y ciudadanos que impulsa el avance colectivo. Todo lo demás es humo: contradicciones, controversias y desdichas que acaban venciendo cuando falta la empatía.
La ilusión, como la inocencia de un niño o una niña en estos días, no tiene precio. Basta con ver los parques llenos de niños jugando con una pelota, corriendo con su patinete o montando en bicicleta.
Esa es mi auténtica Navidad: aquella en la que no se pierden los valores que hemos ido construyendo con el paso de los años. Y, por supuesto, aquella en la que reconocemos a nuestro Rey de Reyes, que nació en un humilde pesebre y trajo al mundo una luz infinita que sigue alumbrando a la humanidad.
Estas serán mis primeras Navidades sin un ser querido muy especial: mi madre. Pero estoy seguro de que, desde el cielo, las viviremos con ella como si estuviera presente. Porque no se ha ido; sigue con nosotros, conmigo, contemplando cómo, a pesar de estar ya crecidos, seguimos creyendo —y hemos creído siempre— en la magia de la Navidad.
Y que ningún niño se quede sin juguetes.
Yo sí creo en el espíritu navideño.
Felices Fiestas.
MOTÍVATE ESTAS NAVIDADES CON LA ILUSIÓN Y LA INOCENCIA DE LOS NIÑOS
¿Y tú, estás motivado o motivada?
¿Te encuentras realmente motivado o motivada?
Reflexiones y pensamientos emocionales para los lectores y lectoras de Infoguadiato.
SERGIO DELGADO CINTAS































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