31 de octubre de 2023

Las cloacas han ganado

La sustitución de Podemos por Sumar, sin ninguna cara visible víctima de los aparatos mediáticos y policiales de la cloaca, es una de las mejores expresiones de una victoria incontestable

El Gobierno de Mariano Rajoy usó al Ministerio del Interior, a la Policía y a la Guardia Civil para fabricar pruebas falsas contra Podemos. Esas pruebas falsas fueron puestas en manos de periodistas corruptos para producir centenares de noticias falsas con el objetivo de destruir mi reputación y la de otros dirigentes del partido gracias a horas y horas de difamación en los informativos y en las tertulias de las principales cadenas de radio y televisión, y gracias a ríos de tinta en los grandes periódicos del país.

Estas pruebas falsas se pusieron en manos de jueces activistas para lanzar un inédito operativo de lawfare centrado en la apertura de procesos judiciales que, a pesar de la ausencia completa de base jurídica (como quedaba constatada archivo tras archivo), servían para el mismo fin que los informes policiales: daban apariencia de legitimidad a la calumnia diaria en los medios de comunicación. Todas estas operaciones tenían como objetivo adulterar el proceso democrático, bien mediante la erosión de los apoyos electorales de Podemos, bien mediante la frustración de los acuerdos que permitiesen su entrada en el gobierno.

A día de hoy lo cierto es que las cloacas pueden cantar victoria. La sustitución de Podemos por Sumar, ninguna de cuyas caras visibles ha sido víctima de los aparatos mediáticos y policiales de la cloaca, es una de las mejores expresiones de una victoria incontestable. Si algo saben en Sumar es que no quieren recibir el mismo trato que Podemos y practican cada día lo que hay que hacer y lo que no hay que hacer para conseguirlo.

Todos los jueces activistas –salvo Alba– siguen en sus juzgados, y la mayor parte de los policías implicados en la cloaca continúan en sus puestos. Respecto a los periodistas corruptos implicados en las campañas de difamación, todos ellos siguen trabajando para importantes medios de comunicación y algunos, como Ana Terradillos o Antonio García Ferreras, dirigen programas en horarios de máxima audiencia. Hay algunos cargos del PP que pasarán por los juzgados, pero no tengo muchas esperanzas en que se haga justicia.

Pueden brindar con champán e incluso celebrarlo con farlopa en un burdel. Pero, ¿se han dejado algún cabo suelto? Me temo que sí. Del mismo modo que el que mata para lograr sus objetivos políticos debe saber que es posible que, tarde o temprano, le peguen un tiro o le hagan volar por los aires, el que renuncia a su propia legalidad y el que deja que su corrupción se vea y se pueda demostrar, empieza a perder algo más importante de lo que parece: la legitimidad.

La violencia contra Podemos ha creado un carril inédito en España que permite retratar con absoluta precisión la podredumbre del poder y de los aliados progresistas del poder que, históricamente, han sido la principal base de legitimación del conjunto del sistema. Basta escuchar a Ione Belarra hablar de Palestina o decir que no va a la jura de Leonor para que la otra izquierda no tenga más remedio que desdecirse y seguirla. Les encantaría acusarla de ruidosa o de ser una mujer silente en manos del macho alfa, como escribió Esther Palomera, pero eso cada vez es más difícil. La verdad se ha hecho tan eficaz que sus enemigos solo pueden decir desesperados: que se callen, que les quiten todos los micros.

España se puede permitir que la monarquía, las cúpulas judicial, policial, militar y mediática sean un nido de corruptos y que los principales partidos sean cooperadores necesarios de esa dinámica, pero no se puede permitir perder el flanco izquierdo que los legitime. Ese fue el papel de los dos grandes partidos de la izquierda en la Transición y también el papel de los nacionalistas moderados catalanes y vascos. Pero ese mundo ya es historia y Pedro Sánchez tiene que bailar al son de una amnistía en la que no cree y reconocer en su comité federal que la asume porque necesita los votos de Puigdemont. Ya no hay que mentir para hacer política en España porque la mentira de los consensos ya no se la cree nadie; ni siquiera Enric Juliana, que hoy en La Vanguardia no habla de los Pactos de la Moncloa y entierra con su solemne melancolía a Javier Marías y al sistema del 78: “El paso dado ayer por Sánchez abre una nueva dinámica política en España, sin retorno”. Apuren el champán y la farlopa, mientras puedan.

 

Pablo Iglesias

 

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