«La vida de un hostelero peñarriblense detrás de un mostrador»
A poco más de un mes y medio de que arranque, el próximo 7 de octubre, la feria de Peñarroya en honor a Nuestra Señora del Rosario, quiero rendir homenaje a la figura de un hostelero que dedicó toda su vida a un mostrador: Marcelo Porras Ramírez, alma del histórico Bar Porras.
Marcelo, el benjamín de los cuatro hijos de Pedro Porras y Margarita Ramírez —Fernando, Luisi, Mari y él mismo, conocido cariñosamente como Marce—, heredó junto a su hermano mayor Fernando la tradición hostelera iniciada por su padre en la taberna de la travesía de la calle Palacio Valdés. Más tarde, en los años setenta, el negocio se trasladó a la esquina de la Plaza Blas Infante. A finales de esa década, Marcelo tomó las riendas del bar, convirtiéndolo en un referente de Peñarroya.
Han sido más de 50 años de trayectoria impecable, marcada no solo por su profesionalidad, sino también por la cercanía y el trato humano. Una vida que compartió con su esposa Carmeli, sus hijas Carmen y Marga, sus yernos Kiko y Javi, y sus cuatro nietos: Carmen, Álvaro, Cayetana y Manuela.
En mayo de 2022 decidió poner punto final a su dilatada carrera. Con él se fueron también sus inconfundibles sabores: los flamenquines caseros, las tapas de lechón, la japuta en adobo, las tortillas de mediodía, los montaditos de lomo con una caña fresca, los caracoles primaverales y, cómo no, las berenjenas en vinagre, fruto de una receta familiar ya casi perdida.
El Bar Porras abría cada día a las cinco de la mañana para dar servicio a mineros y trabajadores antes de comenzar la jornada. No era solo un bar: era un punto de encuentro social, un espacio de vida compartida. Desde junio de 2022 lo regenta Javier Romero, que mantiene viva su esencia.
Hoy la feria de Peñarroya sigue siendo la misma, pero queda la memoria de uno de los últimos grandes hosteleros de nuestra tierra. Marcelo Porras no solo fue un excelente profesional de la hostelería: fue amigo, confidente y apoyo de muchos de sus clientes.
Este artículo es mi manera de agradecerte, Marce, todo lo que has dado a tu pueblo. Gracias por tu dedicación, tu esfuerzo y tu humanidad. Gracias también por cuidar y querer tanto a mi padre, y por hacer de tu bar un hogar para tantas personas.
La jubilación es un premio merecido. Ahora toca disfrutar de lo más importante: tu familia y la vida misma.
De parte de tu amigo,
Sergio Delgado Cintas
Con todo mi cariño y respeto:
«Eres único e irrepetible.»





























Gracias por el artículo que le as dedicado a Marce se que lo aprecias mucho
Me sumo a las alabanzas a Marce.
Lo recuerdo desde que éramos niños. Su hermana Luisi ( se fue muy pronto..) y yo eramos amigas y él a veces se venía a jugar al parque con nosotras. Era un niño muy bueno, tal como se convirtió en hombre.
Un abrazo