Hay personas que dejan huella sin necesidad de alzar la voz. Personas que, con gestos sencillos y una presencia constante, se convierten en parte imprescindible del paisaje humano de un pueblo. Así es la vida de María Lourdes García Cubillo, una mujer querida y respetada en Peñarroya-Pueblonuevo, ejemplo de cercanía, vocación y amor por los suyos.
En nuestros pueblos, como en las viejas leyendas rurales, existen personas reales que han marcado una época sin pretenderlo, dejando una huella profunda a través de su forma de ser y de vivir. María Lourdes es una de ellas. Esta historia, narrada de forma novelada, es tan real como la vida misma.
María Lourdes nació en Peñarroya-Pueblonuevo, en el mes de febrero, en el seno de una familia trabajadora y unida. Hija de Juan García Romero y Fernanda Cubillo Luján, creció junto a sus hermanos Juan Fernando y Teresa, aprendiendo desde pequeña valores que han guiado toda su vida: respeto, responsabilidad y cariño hacia los demás. Una familia de la que siempre habla con orgullo y gratitud.
Su infancia y juventud transcurrieron en el distrito de Peñarroya, primero en la calle Las Parras y después en la calle Tetuán, espacios que forman parte de su memoria emocional y del recuerdo de una época en la que el barrio era casi una gran familia. Allí se forjaron amistades, vivencias y ese carácter cercano que aún hoy la define. Tras contraer matrimonio, se trasladó al distrito de Pueblonuevo, sin perder nunca el vínculo con sus raíces ni con la gente de siempre.
El 12 de julio de 1986 contrajo matrimonio con Manuel Gallego Casco, su compañero de vida, con quien ha construido un hogar sólido basado en el respeto, el apoyo mutuo y el amor cotidiano. De esa unión nacieron sus hijos Manuel, Víctor y Alberto Gallego García, orgullo constante de su madre. Con el paso del tiempo llegaron sus nietas Marina, Paola y Lourdes, que hoy llenan su vida de ilusión y ternura.
Tras cursar Bachillerato y COU, inició su trayectoria laboral como dependienta en Tejidos y Confecciones Enrique Morales, donde trabajó durante cerca de diecisiete años, destacando siempre por su trato amable, su cercanía y su sonrisa permanente. Posteriormente, desarrolló una larga y valiosa etapa profesional en la Residencia Geriátrica Virgen del Rosario (Hispania), dedicando casi veintitrés años al cuidado de las personas mayores.
Allí dejó una profunda huella humana. Fue muy querida por los residentes, que encontraban en ella no solo ayuda, sino afecto y comprensión, y también por compañeras y responsables, que siempre reconocieron su calidad personal y profesional. Prueba de ese cariño fue el emotivo gesto con el que celebró su jubilación: una comida compartida con compañeras y jefes, como agradecimiento por tantos años de convivencia, trabajo y respeto mutuo.
María Lourdes ha cultivado a lo largo de su vida numerosas amistades, tantas que nombrarlas a todas sería imposible. Todas ellas forman parte de ese entramado de afectos que la acompaña y la define. Amante de las excursiones y de la fotografía, es una persona profundamente familiar, que disfruta de los pequeños momentos y, especialmente, del tiempo compartido con sus nietas, con quienes sigue creando recuerdos que quedarán para siempre.
Hoy rendimos homenaje a una mujer sencilla y generosa, a una vecina que ha sabido vivir desde el cariño, el trabajo y la entrega. Porque pueblos como Peñarroya-Pueblonuevo se sostienen gracias a personas como María Lourdes García Cubillo, que hacen comunidad sin darse importancia.
Como escribió Fiódor Dostoyevski:
“El secreto de la existencia humana no sólo está en vivir, sino también en saber para qué se vive”.
Gracias por tanto.
Por tu ternura, tu dedicación y tu forma de querer.
Te lo mereces.
SERGIO DELGADO CINTAS





























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