En la construcción de nuestras frases solemos empezar o terminar con una palabra negativa. “No lo puedo hacer”, “Eso no”, “Espero que no”, “No lo voy a intentar”… y así un largo etcétera de expresiones que nos invaden cada día con un tono derrotista, propio de este mundo globalizado y arrastrado por el consumismo verbal del capitalismo.
Vivir ajenos a la realidad es un lujo. Una estupenda sencillez, un juego de espionaje literario al estilo de Philip Kerr: una sucesión de acontecimientos precisos, milimétricos en cada acción, y un bosque de palabras dispuesto a atraparte y seducirte.
Un cuerpo, un alma. Aquellos atardeceres perfectos para ver desaparecer el sol y dar paso a la oscuridad, esa oscuridad en la que la sociedad prefiere esconderse en lugar de aceptar la sencillez de sentirse satisfechos con la luz que cada amanecer regala.
Bienaventurados quienes esperan liberarse de las cadenas que los atan a una falsa libertad que marca el ritmo de sus vidas. Y perseguidos sean quienes no permiten que otros brillen, aunque para ello tengan que desplazar a los demás para que no sean iluminados.
De ingeniosas personas y de caracteres firmes está el “patio” lleno. Hagamos posible que los pesimistas cambien su versión y “nunca digan no”.
Aunque parezca ilógico o irracional, no creo que existan personas buenas o malas en esencia. Pienso más bien en personas con buenas acciones y otras carentes de ellas. Pero, al final, todos terminan realizando esas buenas acciones que liberan el alma y los desatan de las cadenas de una esclavitud indeseada, tejida por estereotipos creados en sus propias mentes.
Os recomiendo ver la película Doce años de esclavitud, del director londinense Steve McQueen, protagonizada por Chiwetel Ejiofor, Michael Fassbender y Brad Pitt —quien también participa como productor—, entre otros grandes actores. Basada en hechos reales del año 1850, narra la historia de Solomon Northup, un culto músico negro que vivía con su familia en Nueva York. Una noche salió a tomar unas copas, fue drogado y secuestrado, y posteriormente vendido como esclavo en las plantaciones de Luisiana, donde permaneció doce años hasta su liberación.
Toda una declaración de intenciones para no seguir siendo esclavos de este mundo globalizado y consumista, dominado por la plutocracia.
M’EXPRESO PARA QUE NUNCA DIGAS NO
¿Y TÚ, TE EXPRESAS?
¿A QUÉ ESPERAS PARA LEER ESTA NUEVA CÁPSULA EMOCIONAL EN EXCLUSIVA PARA LOS LECTORES Y LECTORAS DE INFOGUADIATO?
SERGIO DELGADO CINTAS





























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