Sergio Marquina es el «profesor» en la aclamada serie de ficción de cinco partes, compartidas entre las dos primeras emitidas en Atresmedia y las tres restantes en la plataforma de streaming Netflix, La Casa de Papel.
Toda la serie giraba en la ejecución de los planes en la mente del personaje interpretado por el actor onubense Álvaro Morte para asaltar la Casa de Moneda y Timbre de España. Para ello alineó a su banda de seguidores, ladrones de toda índole. Hombres y mujeres de diferentes razas y nacionalidades, la mayoría españoles.
Cada uno con el sobrenombre de diferentes capitales del mundo, lograron enganchar a millones y millones de espectadores en todo el planeta.
Las chicas, sobre todo Tokio, en la figura de la actriz catalana Úrsula Corberó, acabarían sucumbiendo a los encantos del Profesor y se enamorarían de su inteligencia, no de su apariencia física ni de su estatus social. A ese enamoramiento intelectual se le denomina “sapiosexual”.
Todos sabemos cómo acabó la serie, y si no, no hago ningún spoiler por si algunos o algunas la están viendo o la quieren ver. Esta serie está catalogada como una de las mejores de la historia, y todo ese hito es fruto de la cabeza creativa de Álex Pina: director, guionista, productor pamplonés y padre de esta criatura televisiva que movilizó a las masas con la careta de Dalí y los monos rojos.
A colación de explicar a mi manera de vivir y sentir la serie La Casa de Papel, me encuentro en un punto en el que puedo escribir de lo que quiera, porque mi mente domina todos los temas, y sin querer dejar de lado un tema tabú como es el suicidio.
Hablo porque es una de las principales causas de muerte en el mundo, por encima del cáncer o de fallos neurocerebrales y cardíacos.
La obra literaria Todo sigue tranquilo del desaparecido autor Chusé Izuel da muestra, en primera persona, de lo que es el día a día de una persona depresiva y esquizofrénica. En forma de diario, este escritor aragonés, joven estudiante de arquitectura, se traslada a Barcelona junto a un grupo de amigos para cursar la carrera.
Una vida en apariencia normal, a la que se suman las adicciones a las drogas y al alcohol, lo arrastran a un círculo vicioso del que resulta muy difícil salir.
Chusé Izuel, joven inteligente cuya afición en sus ratos libres era escribir y dibujar artículos para un periódico de la Ciudad Condal, un buen día se despide tras discutir con su pareja. Deja escrito su final, relatando en el libro cómo lo iba a hacer… y lo acabó haciendo. En su habitación redactó una nota de despedida, abrió la ventana de un quinto piso y se lanzó al vacío, acabando así con todos esos demonios que merodeaban en su débil cabeza. Con tan solo veinticuatro años se dejó arrastrar por su mente.
Este libro lo leí en las semanas posteriores a la muerte de mi madre. Y me digo: sí, Chusé Izuel fue muy valiente en su decisión, pero yo también me considero valiente por aceptar mi enfermedad mental, que es casi parecida quitando lo de depresiva, aunque también sé lo que es estarlo. Me considero valiente porque me queda tanto que aportar a la sociedad y a la salud mental todavía, que soy un afortunado de tener una vida plena y feliz. Y quiero seguir aportando mi granito de arena a todas aquellas personas que piensan hacer lo mismo que hizo Chusé Izuel. Aunque ese parezca el camino para extirpar vuestros dolores, existen otras vías para combatir las enfermedades mentales: el amor por la vida, y la obligación de seguir viviendo porque aún existen personas que nos quieren. Y eso ya es más que suficiente para espantar aquellos fantasmas que solo buscan privarnos de nuestra libertad y felicidad.
M’EXPRESO DICIENDO QUE TODO SIGUE TRANQUILO.
Y tú, ¿te expresas?
¿A qué esperas para leer esta nueva cápsula emocional en exclusiva para los lectores y lectoras de Infoguadiato?
SERGIO DELGADO CINTAS





























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