Dícese el dicho “que, en casa de herrero, cuchillos de palo”. Pero ante tal refrán están los actos bondadosos y fructíferos de un gran profesional del hierro y el metal como nuestro homenajeado de hoy, nuestro vecino y amigo Pedro Cubillo Blasco.
Su vida ha sido una gran victoria, plagada de jornadas laborales llenas de sutileza y pragmatismo, ya fuera en un hogar, en un edificio público o privado, o en aquellas empresas locales y comarcales donde su buen hacer engrandecía cada trabajo. Un artesano del hierro y la metalurgia que, además, ha llevado una vida de fe sincera, portando a su amado Jesucristo cada Semana Santa.
Hombre correcto, siempre en esas líneas que separan lo idóneo de lo gratificante. Con cariño y esmero ha formado ese carácter noble y respetuoso que viene de familia, casi de fábrica, esa manera generosa de ser que define a Pedro.
A él hay que situarlo entre esos grandes genios que aprendieron en casa todo lo esencial de la vida, como en aquel bolero nostálgico de Armando Manzanero, “Contigo aprendí”. Aprendió a amar a su familia, a sus amigos y también a su profesión, siendo de los últimos grandes maestros de nuestro pueblo.
En Pueblonuevo, rincón humilde y orgulloso de Peñarroya-Pueblonuevo, nació Pedro Cubillo Blasco, hijo de Francisco Cubillo Jara y Fina Blasco. Sus padres vivían en Alemania; su madre vino a dar a luz al pueblo y regresó a los pocos meses. Después vinieron años en Alemania y Barcelona, hasta volver a Peñarroya con 13 años. Creció entre martillos, chispas de forja y olor a hierro caliente. En el viejo taller de su padre aprendió más que un oficio: aprendió a ser útil, preciso, cumplidor… y a ayudar siempre, aunque el cansancio pesara más que el hierro.
Era de los que no hacían ruido, pero sostenían el mundo. Lo sabían sus hermanos —José, Sonia y Francisco— y también su compañera de vida, Toni Sánchez, con quien ha compartido proyectos y desvelos. Juntos levantaron una familia que habla de esfuerzo y cariño: Pedro, Javier y la pequeña Andrea, la nieta que le ilumina los ojos.
Tras pasar por el taller y forja familiar y por la fabricación de maquinaria en Talleres Iglesias, Pedro dio un paso valiente: abrir su propio taller. Lo hizo junto a sus dos hijos y a Toni, porque para él el trabajo nunca ha sido solo trabajo, sino también una manera de permanecer unidos.
Así nació ese pequeño universo de aluminios, aceros inoxidables, mecanizados, fresadoras, cerrajería y reparaciones donde Pedro se mueve como en su casa… porque lo es.
Los vecinos lo saben: a Pedro se le puede llamar para todo. Una puerta que no cierra, una barandilla que soldar, una avería inoportuna… Él llega, mira, sonríe y dice lo de siempre:
—Tranquilo, ahora lo arreglamos.
Servicial, cumplidor, amable. Así lo definen todos.
Forofo del Barcelona hasta la médula —sin fanatismos, solo con alma—, siempre ha sido también un hombre de tradiciones. Más de 25 años en la Hermandad de la Virgen del Rosario y en la Hermandad del Nazareno y Santo Entierro. Y en la Asociación Cruz de Mayo del Parque, donde siempre suma y siempre está.
No es hombre de grandes vicios ni caprichos raros. Su mayor hobby es el mismo que su oficio: trabajar en el taller. Allí es feliz, entre virutas, planos y herramientas. Solo hay algo que lo emociona igual: la playa. Ese momento en que se mete en el mar y se olvida de todo, como un chiquillo.
Con los amigos es leal; con la familia, de los que están incluso sin hablar. Tiene esa forma de querer que se demuestra haciendo, no diciendo.
Pedro Cubillo Blasco no es un personaje inventado ni un héroe de novela. Es algo mejor: un hombre bueno, de esos que sostienen pueblos y familias sin pedir aplausos. Un trabajador incansable, un vecino ejemplar y un paisano que honra a su tierra cada día.
Hay personas que pasan.
Y personas que permanecen.
Pedro es de las segundas.
Y siendo honorosos con nuestros vecinos, esta historia novelada muestra la cara amable y cercana de quienes, como él, han hecho de nuestra comunidad “un lugar plagado de estrellas” —como dice Sergio Delgado Cintas—. Pedro es una de esas estrellas: su luz nace de la tierra y llega al cielo.
Que este artículo sirva como reconocimiento a su trabajo incansable, su dedicación y su humildad.
Te queremos mucho.
Te lo mereces, Pedro.
SERGIO DELGADO CINTAS






























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