Ando en una de esas semanas convulsas, donde me invade el caos y mi mente se debilita junto al tratamiento y al calor.
Todos los días hablo con algunos compañeros de Faisem. Mantenemos ese contacto diario, aunque sea por el celular. Seguramente nos sentimos acompañados y doy por hecho que nos sentimos comprendidos entre nosotros.
En un mundo ajeno al dolor propio y donde la mente se debate entre la cordura y la locura, siento que, si puestos a decidir entre llevar una vida de arrastres y taras mentales, decido por mí mismo ponerle punto y final a todo lo que me cause dolor. Porque, puestos a decidir, decido.
Decido ser un verso libre. Decido ponerle emoción a mi vida. Decido ser siempre yo, con mis virtudes y mis defectos. Y decido, por mi cuenta, ser yo quien sepa qué es lo perjudicial para mí en cuanto a la toma de medicamentos.
Hay casos en los que los tratamientos no funcionan o te tienen aplomado. Quizás ese tipo de tratamiento no sea el tuyo o necesites otro; o tal vez no necesites nada porque estás mal diagnosticado.
Es fácil ponerle un nombre a una enfermedad mental. No se asume que antes hay que investigar si realmente te ocurre esa enfermedad mental o no. En mi caso, y lo cuento por primera vez, creo que no es realmente lo que me pusieron en los papeles sobre mi enfermedad mental.
Sencillamente, es la excusa perfecta para escurrir el bulto. Ni he escuchado voces, ni tampoco he visto visiones, ni he tomado sustancias psicotrópicas en mi vida, cosa que se asocia a la enfermedad que me diagnosticaron hace ya trece años.
En posesión de mi verdad y de lo que me ocurrió hace unas semanas, quizás no necesite este tipo de tratamientos; quizás mi enfermedad sea más emocional que otra cosa.
Visto lo visto, es fácil diagnosticar a todo el mundo por el mismo patrón, y no todos necesitan tomar el mismo tratamiento. No es por acusar a los especialistas, pero mi lucidez mental me hace pensar que estoy mal diagnosticado. Bueno, ellos son los que de verdad deben revisar mi diagnóstico, porque, después de trece años, sigo sin recaídas y con la mirada puesta en el futuro.
Mientras tanto, seguiré mandando mensajes de ánimo y de esperanza a todas las personas con alguna enfermedad mental. Porque mi vida no se quedará estancada en la enfermedad mental, sino en seguir llenando páginas y páginas de ilusiones para todas las personas que necesiten de mi aliento para poder seguir batallando con las enfermedades mentales.
En mi caso, la esquizofrenia paranoide no me hace nada más que decidir por mí mismo llevar realmente una vida plena y feliz.
Puestos a decidir, decido.
Y tú, ¿decides por ti mismo?
Adelante con tus sueños, en esta vida que es muy bonita y con altas dosis de belleza.
PUESTOS A DECIDIR, DECIDO
MOTIVA-TÉ DECIDIENDO TU FORMA DE VIVIR LA VIDA CON UNA ENFERMEDAD MENTAL
Y TÚ, ¿ESTÁS MOTIVADO O MOTIVADA?
¿TE ENCUENTRAS MOTIVADO O MOTIVADA?
MOTIVA-TÉ CON ESTOS ARTÍCULOS SOBRE REFLEXIONES O PENSAMIENTOS EMOCIONALES PARA LOS LECTORES Y LECTORAS DE INFOGUADIATO
SERGIO DELGADO CINTAS






























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