La psiquiatra y escritora Elisabeth Kübler-Ross dejó una reflexión que define a las personas verdaderamente valiosas:
“Las personas más bellas que he conocido son aquellas que han conocido la derrota, el sufrimiento, la lucha y la pérdida, y han sabido salir de las profundidades. La gente bella no surge de la nada”.
Siendo honestos, la vida de nuestro homenajeado es un fiel reflejo de esas palabras. Rafael Santiago Holguín encarna la dedicación plena y constante a Peñarroya-Pueblonuevo, representando valores esenciales como el compromiso, la solidaridad y el servicio desinteresado a los demás.
De carácter entrañable, aunque en apariencia serio, es dueño de un corazón cálido y de un sentido del humor cercano. Siempre ha estado donde se le ha necesitado, apareciendo al rescate con constancia, serenidad y una firme vocación por la seguridad y el bienestar de sus vecinos.
Su gesto solidario ha ido siempre por delante, con lealtad y rigor, poniendo lo colectivo por encima de lo individual. Hombre profundamente familiar y amigo leal, sus aficiones y su forma de entender la vida nacen de lo sencillo y lo auténtico, de ese lugar donde se forjan las personas que dejan huella sin hacer ruido.
Esta es la historia —contada de forma novelada— de nuestro entrañable amigo y vecino.
En Peñarroya-Pueblonuevo hay personas que no necesitan monumentos porque ya sostienen el paisaje humano del pueblo. Personas que no levantan la voz, pero levantan ánimos; que no buscan aplausos, pero merecen todos. Rafael Santiago Holguín es una de ellas.
Nació aquí, donde la palabra vecino todavía significa algo. Hijo de Francisco y Magdalena, creció entre una familia numerosa —Angelita, Luisa, Conchi, Celia, Paco, Antonina, Rosario y Pepi— donde se aprendía pronto a compartir, a esperar turno y a cuidar del otro. De aquella casa salió un hombre sereno, con los pies firmes en la tierra y el corazón siempre disponible. La familia fue su primera escuela de compromiso; el pueblo, su aula permanente.
Con Teresa Sánchez García construyó un hogar hecho de paciencia y complicidad. De ese amor nacieron Francisco Javier y Juan Luis, y hoy la vida le devuelve tanto dado en forma de nietos —Rafael, Lucas y Mara—, que son futuro, risa y continuidad. Rafael ha sido padre y abuelo presente, de los que enseñan más con el ejemplo que con los discursos.
Trabajó donde hizo falta y como hizo falta: en una boutique en Peñarroya, en un hotel de la Costa Brava, repartiendo bebida y como electricista. Oficios distintos, misma actitud: cumplir, aprender, ayudar. Pero si algo marcó su carácter fue entender pronto que servir a los demás no es una ocupación, es una forma de estar en el mundo.
Fue de los primeros radioaficionados del pueblo, cuando comunicarse era casi un acto artesanal. Entre cables, antenas y noches de escucha, Rafael aprendió a esperar señales y a responder con precisión. Aquella afición era, sin saberlo, un entrenamiento para lo que vendría después: estar atento cuando otros duermen, responder cuando otros dudan.
Ese espíritu lo llevó a implicarse en Cruz Roja, en la Hermandad de Donantes de Sangre de Córdoba, en el Consejo de Participación Ciudadana, en la REMER y, de manera constante y ejemplar, en Protección Civil, donde sigue activo. Más de cuatro décadas dedicando tiempo, formación y recursos personales a cuidar de su gente. No hay tormenta, accidente, evento o emergencia donde no haya estado dispuesto a sumar. Siempre con calma. Siempre con humanidad.
En 2020 llegó un reconocimiento que no buscó, pero que merecía de sobra: la Medalla de Oro con distintivo rojo, por heroísmo o solidaridad. Treinta y cinco años entonces; más de cuarenta hoy. Diplomas, menciones y agradecimientos se acumulan, pero ninguno pesa tanto como el respeto silencioso de quienes saben que, cuando suena la llamada, Rafael responde.
Le gustan las motos —porque también hay que sentir el viento— y la cocina, donde demuestra que cuidar también es alimentar. En la mesa, como en la vida, mezcla paciencia, intuición y generosidad. Con amigos y familiares es igual: da lo que tiene y, sobre todo, lo que es. Apoyo sincero, consejo sabio, ayuda sin condiciones. Primero la familia; después, el pueblo entero.
Rafael es un referente social profundamente apegado a Peñarroya. Capaz de formarse una y otra vez para ayudar mejor. Capaz de mantenerse firme sin endurecerse. Capaz de dar un poco más cuando ya ha dado mucho. Su trayectoria no se mide en años de servicio, sino en confianza: la que inspira, la que transmite, la que deja.
Este homenaje no pretende cerrar nada. Al contrario. Es una manera de decir gracias mientras el camino continúa. Porque hay personas que no hacen historia con grandes gestos, sino con una suma infinita de pequeños actos. Y gracias a personas como Rafael Santiago Holguín, Peñarroya no solo es un lugar: es una comunidad que se cuida.
La verdadera vida de Rafael Santiago Holguín, sin una sola tachadura en su hoja de servicio. Una vida entregada a los demás, a la que Infoguadiato ha querido rendir tributo de forma afectiva y respetuosa.
“Si una vez hablé con Dios, fue cuando conocí el servicio a todo un pueblo”
SDC
Rafa, no cambies nunca.
Tu vida es una admiración a lo bello que es la vida y al conocimiento puro de personas como tú.
Te queremos mucho.
Te lo mereces.
SERGIO DELGADO CINTAS






























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