Hay personas que, sin buscar protagonismo, terminan convirtiéndose en ejemplo para quienes las rodean. Personas que, incluso después de los golpes más duros que da la vida, encuentran la fuerza necesaria para levantarse, mirar hacia adelante y seguir viviendo con alegría.
Ese es el caso de Rosa María Asensio Antonio, aunque para todos en Peñarroya-Pueblonuevo siempre ha sido simplemente Rosi.
En Peñarroya-Pueblonuevo, tierra de memoria minera y de familias forjadas en el esfuerzo, nació Rosi en la calle Góngora, en pleno centro del distrito de Peñarroya. Creció en un hogar sencillo, donde el trabajo, la humildad y el cariño familiar formaban parte de la vida cotidiana.
Su padre, Vicente Asensio, era peñarriblense y trabajó en la antigua Central Eléctrica del Cerco. Su madre, Hilda Antonio, natural de Río Tinto, llegó siendo muy joven a Peñarroya junto a su madre, comenzando aquí una nueva vida.
En la familia son tres hermanos: Maribel, Rosi y Emilio, que crecieron juntos en un ambiente cercano y familiar de esos que dejan recuerdos para toda la vida.
Muy joven, como era habitual en aquellos años, Rosi se casó con Miguel Cubero, natural de El Porvenir de la Industria, un hombre profundamente ligado al mundo minero.
Miguel comenzó a trabajar en 1973 como peón en el volquete de la Mina San José y posteriormente desempeñó el puesto de ayudante de minero en la Rampa 3, aquellos antiguos vagoneros que auxiliaban a los picadores en el duro trabajo del interior de la mina. Con el paso de los años continuó su trayectoria laboral hasta jubilarse en el Pozo María en 1997, tras toda una vida dedicada al trabajo en la mina.
De ese matrimonio nacieron sus dos hijos: Roberto, al que Rosi tuvo con tan solo 21 años, y más tarde Patricia, que se lleva con su hermano cinco años y medio.
Con el paso del tiempo la familia creció aún más con la llegada de sus nietos Jesús y Lucía, que hoy llenan de alegría su vida.
Pero la vida también le puso a Rosi una de esas pruebas que nadie desea afrontar.
En enero de 2020, una enfermedad devastadora se llevó a su marido Miguel en apenas seis meses tras ser diagnosticado de cáncer. Fue una pérdida profundamente dolorosa.
Sin embargo, Rosi demostró entonces la fortaleza que siempre ha llevado dentro. Poco a poco decidió levantarse, mirar hacia adelante y seguir viviendo.
Con la ayuda de su familia, de sus hijos y de sus amigos, fue recuperando la ilusión por la vida.
Quienes la conocen saben que Rosi es una mujer con una energía especial. Ha sabido rodearse de amigas y de personas que la quieren y con quienes comparte muchos momentos de convivencia.
Hoy forma parte de la Peña Flamenca y Literaria Peñarriblense, un espacio donde la música, la cultura y la amistad siguen muy presentes.
También participa activamente en los Centros de Mayores de Peñarroya, Pueblonuevo y Belmez, donde acude con su grupo de amigas para bailar, cantar y disfrutar de la vida. Allí es muy conocida por su alegría y por su capacidad para animar cualquier encuentro.
Además, ha colaborado con la Asociación Española Contra el Cáncer (AECC) de Peñarroya, aportando su apoyo a una causa que conoce muy de cerca.
Porque si algo define a Rosi es su manera de vivir.
Le encanta la música. En su casa rara vez falta una canción sonando. Para ella la música es una forma de recordar, de sentir y de seguir adelante.
En los bailes de los domingos, en las ferias, en las fiestas o en cualquier reunión con amigos, Rosi aparece siempre con su sonrisa, con su energía y con sus ganas de disfrutar.
Canta, baila y contagia alegría a todos los que la rodean.
Hace poco volvió a enfrentarse a otra dificultad. Durante las pasadas Navidades sufrió una neumonía inesperada que preocupó mucho a su familia durante los primeros días.
Pero una vez más volvió a demostrar su fortaleza. Con paciencia, con serenidad y con ese carácter positivo que la define, logró recuperarse.
Porque si algo ha aprendido Rosi con los años es que la vida puede poner obstáculos en el camino, pero siempre merece la pena seguir adelante.
Disfrutar de la familia.
Disfrutar de los amigos.
Disfrutar de cada momento.
Vivir a su manera, sin preocuparse demasiado por lo que piensen los demás.
Compartiendo bailes, risas y momentos de felicidad.
Quizá ahí esté la verdadera esencia de su historia.
Porque Rosi ha comprendido algo que solo enseñan los años y las experiencias:
que la vida puede golpearnos…
pero siempre merece la pena levantarse y seguir bailando con ella.
Este pequeño homenaje nace desde el cariño, desde la ternura y desde la admiración hacia una mujer sencilla, cercana y llena de vida.
Una mujer que ha sabido demostrar que la felicidad no está en evitar los golpes de la vida, sino en saber levantarse después de ellos.
Como escribió Aldous Huxley:
«La realidad no es lo que nos sucede, sino lo que hacemos con lo que nos sucede.»
Y Rosi decidió hace tiempo qué hacer con la suya:
seguir viviendo, seguir sonriendo y seguir bailando con la vida.
Un homenaje más que merecido.
Te queremos mucho, Rosi.
Te lo mereces.
SERGIO DELGADO CINTAS





























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