Ayer fue “el Día del Padre”. Un día donde, por suerte, los que podemos disfrutar de nuestros padres seguimos celebrando juntos los dos: padres e hijos.
Un padre es la figura protectora y de seriedad, pero a la misma vez de darte su amor, cariño, ternura y amistad.
Pasado un día después de el Día del Padre de ayer, jueves 19 de marzo, hoy viernes 20 de marzo es el cumpleaños de mi padre. Una persona a la que quiero rendir mi gratitud por ser un gran padre conmigo.
De llevarme siempre de la mano y, en mis momentos débiles y de enfermedad, estar siempre ahí, cuidándome y sacándome siempre una sonrisa.
Hablar de mi padre, Fermín Delgado Babiano, es contar que es toda humanidad y humildad. Siempre está atento y al servicio de los demás. Sabemos los dos que lo ha pasado mal tras la pérdida de su mujer, que era mi madre.
Ha sido casi un año angustioso desde su fallecimiento, con tres años y medio en los que se le ha visto el desgaste y deterioro físico y de la enfermedad de ella.
Jamás olvidaré los años que me sacaba al Bécquer a ver el Barça y aquellos momentos en los que se quedó conmigo más de un mes en el centro psiquiátrico donde estuve en Córdoba hace casi trece años.
Antes estuvo todos los días visitándome cuando era un adolescente en el Hospital Reina Sofía, por dos estancias largas cuando sufrí anorexia.
De orígenes humildes, fue el mayor de tres hermanos, y pronto supo que tenía que ser responsable tras el fallecimiento de su padre cuando tenía quince años. Se desarrollaría su infancia y adolescencia hasta la edad adulta en la calle Fábrica, cuyo callejón sin salida lo vería nacer. Dice sin pudor que se crio sin ropa y descalzo, y que al nacer le dieron pocos días de vida. Hijo de Arturo Delgado y Angelita Babiano, y hermano mayor de Diego (que en paz descanse) y Francisca, su hermana pequeña que vive en Badalona.
Trabajó desde edad infantil por varias tiendas del municipio; luego estuvo de repartidor con Gregorio Fernández; más tarde entró por un periodo de tiempo en el Silo; y, a principios de los años setenta, hubo una expedición al extranjero y estuvo tres años en Alemania y otros tres años en Holanda.
En uno de esos veraneos al pueblo, se enamoraría de su esposa y única mujer. Mi madre no quería irse a Holanda y le dijo que se viniera a Peñarroya-Pueblonuevo, y se vendría y se casaría en la Parroquia de El Salvador y San Luis Beltrán un sábado 17 de abril de 1976. Su luna de miel fue interminable, de cuarenta días por todo el territorio nacional, donde cogerían el tren, barco y avión: estuvieron en Barcelona, Mallorca, Madrid y también en Córdoba.
Fruto de su matrimonio, nacerían sus cuatro hijos: Arturo, Manuel Ramón, Christian y Sergio. Siempre ha estado al cuidado, tanto en temas de salud como personales, de sus hijos y de su mujer, e incluso ayudando a su cuñada Rosario en su tienda de comestibles cuando fuera necesario.
En la mina de Encasur entraría a finales de los setenta. Estuvo en el embarque hasta su jubilación, con cuarenta y nueve años, a mediados de los noventa. Antes de entrar a la mina y sin trabajo fijo, se compraría la casa donde reside actualmente, y siempre fue un hombre que ha sabido llevar su casa y su vida al margen de cómo la llevaban los demás.
Ha sido un hombre muy disfrutón y una persona que ha viajado mucho por cuestiones laborales y también personales. Ha visto mucho mundo; por eso, como dice él, es un licenciado en “Mundología”.
Le gusta la música de Peret y la copla. Le gusta conversar con los vecinos y vecinas, y es muy amigo de sus amigos.
Ha sido una persona fiel y leal; para muestra son los casi cuarenta años que se tiraría contando las monedas de la máquina de tabaco del Bar Porras con su anterior dueño, Marcelo Porras.
Le encanta ver el concurso de Antena 3 “Pasapalabra”, el programa de Canal Sur de “Juan y Medio” y las tertulias políticas. Es un gran admirador de Johan Cruyff por sus años en Holanda, y le gusta el fútbol, aunque no es de ningún equipo.
Desde siempre se decidió por ser buena persona, en ayudar a los demás y en conservar sus amistades. Gran jugador de cartas que fue en su día y muy receloso de su intimidad.
No tiene teléfono móvil ni redes sociales. Vive su vida a su manera, sin hacerle daño a nadie. Es un gran padre y abuelo de tres nietos: Otto, Paula y Noelia. Aunque parezca una persona seria, es una persona con unos “buenos golpes”, y le gusta hacer el bien a los demás.
Para mí es un ejemplo a seguir, el padre que siempre he querido tener, y porque, como se suele decir: “Padre no hay más que uno”. Y yo tengo la suerte de tenerlo todavía en vida, a pesar de haber cumplido hoy la friolera cifra de ochenta y dos primaveras, muy bien conservadas y bajo la estricta rigidez de llevar a rajatabla su rutina de comida y mantenerse desde hace décadas en su línea.
Hombre vivo y de mente despierta, que siempre se ha mostrado con ese cierto interés de aprender cada día una cosa más.
Y por eso, y por muchos motivos más: quiero un montón a mi padre.
Y, a pesar de no tener a mi madre ya con nosotros, tengo la suerte de poder vivir todavía con el mejor padre del mundo.
Con motivo de su onomástica le quiero decir a mi padre:
“Gracias por todo. No habrá vida para agradecerte todo lo que has hecho por mí y sigues, a día de hoy, haciéndolo”.
Te deseo un feliz cumpleaños y que sigamos celebrándolo los dos por muchos años más.
Te quiero infinito, papá.
“No es la carne y la sangre, sino el corazón, lo que nos hace padres e hijos”.
FRIEDRICH SCHILLER
Sergio Delgado Cintas





























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