Las circunstancias de la vida, como las épocas en las que nacemos, hacen que demos mayor o menor importancia a las cosas que poseemos. En las diversas tenencias que atesoramos a lo largo de los años hay algo inquebrantable: las ganancias que adquirimos con la familia y los amigos.
Y si a todo eso se le añade el amor por tu pueblo, por sus fiestas y tradiciones, y la idolatría profunda por nuestra historia, no se hable más, porque estaremos hablando —por supuesto— de un gran conocedor de todos esos valores incalculables: la figura de nuestro tributado de hoy domingo, Francisco Fernández Arias, alias “Tito Chele”.
Hablar de este ilustre vecino es caminar por un sendero de entrega total, trabajo y dedicación a su pueblo. El alma de todas las fiestas, siempre de buen humor, un hombre deportista, naturalista y animalista, una persona polifacética porque sabe hacer de todo, y todo lo hace bien, y además con una generosidad que está fuera de lo normal. Como dice Antonio Vega en una de sus frases de la canción “Lucha de Gigantes”: “en un mundo descomunal veo mi fragilidad”.
Y en ese mundo frágil y débil que ve nuestro vecino y amigo, agudiza sus ingeniosas ocurrencias para hacer feliz a los que están a su alrededor.
Participativo, solidario, laborioso y, sobre todo, ufano: se siente muy orgulloso de sus raíces y de su procedencia, y nada cambia su carácter jovial ante un niño o ante una persona mayor.
La cara más desconocida del gran “Tito Chele” se relata de forma novelada a continuación para que leáis la curiosa, fantástica y emotiva vida de nuestro vecino:
Si uno pasea por Peñarroya-Pueblonuevo y pregunta por Francisco Fernández Arias, pronto descubre que nadie lo llama así. Para su gente, para su pueblo, para quienes lo han visto entregarse en cuerpo y alma a todo lo que toca, él es simplemente “Tito Chele”: un nombre que suena a cercanía, a amistad y a esa forma de ser que pocos tienen y muchos admiran.
Nacido en Almagro, hijo de Luis Fernández y Cristina Arias, creció rodeado de sus hermanas Luisa, Encarna y Mari Carmen antes de que la vida lo llevara a construir su historia en estas tierras del Guadiato. Aquí formó una familia hermosa junto a su compañera de vida, Guadalupe Martín Ruiz, y sus dos orgullos: Juan Jesús y Cristina. Con ellos aprendió que la alegría compartida es doble, y que el amor, cuando es verdadero, se multiplica en cada gesto.
“Tito Chele” trabajó en Encasur y también como pintor decorador, oficio en el que dejó huella —paredes y corazones incluidos—. Pero si hay algo que lo define mejor que su profesión es su espíritu inquieto, su voluntad de ayudar y su forma de estar en el mundo: siempre presente, siempre útil, siempre de buen humor.
Francisco no es hombre de quedarse quieto. Su historia está trenzada con la del propio pueblo. Fue jugador y entrenador de balonmano, un deporte en el que cosechó éxitos en la antigua OJE y donde enseñó a muchos niños —ya en los años 60-70— que el deporte no solo forma brazos y piernas, sino también carácter.
Fue socio fundador de la Peña Cultural Nuevos Carnavales, alma del carnaval de Peñarroya-Pueblonuevo y pregonero en 1995, dejando un pregón que hoy aún se recuerda con una sonrisa. Actualmente continúa dando vida a las tradiciones como secretario de la Asociación Cultural Carnavalesca Amigos del Acorde, y también es socio de la asociación “El Cerro”. Su implicación es total: donde hay un evento, allí está él; donde se necesita una mano, allí aparece; donde suena música, allí acompaña, sobre todo si es la de su hijo. Porque si hay algo que lo llena de orgullo es disfrutar de los grupos musicales de Juan Jesús, a los que sigue con pasión de padre, de amigo y de aficionado.
No solo entiende de compases. Habla idiomas, aprende guitarra y se emociona con los coros rocieros. Y en casa siempre hay un animal al que cuidar, porque su cariño no entiende de especies: es amante de los animales como quien ama la vida misma.
Sus amigos lo describen como uno de esos hombres que ya no abundan: fiel, generoso, entregado al extremo, siempre dispuesto. Y su familia lo sabe bien: es un gran esposo, un padrazo de los que escuchan, apoyan y celebran cada paso de los suyos.
Por eso Peñarroya-Pueblonuevo lo quiere tanto. Porque “Tito Chele” no pasa por los sitios, los ilumina. No participa en los eventos, los engrandece. No acompaña por obligación, sino por esa vocación que lleva dentro de hacer pueblo, de unir, de sumar.
Quien lo conoce sabe que su presencia mejora el ambiente, da confianza y aporta alegría. Por eso, allá donde va, recibe cariño. No es casualidad: es la cosecha de toda una vida sembrando bien.
Francisco Fernández Arias, “Tito Chele”, es, en definitiva, una de esas buenas personas que honran a su pueblo con su sola manera de ser.
Un hombre que deja huellas, no pisadas.
Un ejemplo silencioso.
Una vida grande vivida con humildad.
Y un corazón entregado —siempre— a los demás.
“En los corazones de los peñarriblenses hay corazones que laten de forma más tranquila y pausada. Con el mimo y la ternura que los buenos corazones suelen tener a su pueblo.”
Y uno de esos buenos corazones que siempre ha transmitido ese mimo y esa ternura de forma desinteresada ha sido el de nuestro personaje de hoy: “El Tito Chele”.
De forma honorífica, sus amigos de Infoguadiato hoy cambian el papel de periodistas por el de admiradores de esta persona. Pasará de ser un mito de nuestro pueblo a ser homenajeado, y así se lo hacemos llegar a su familia, a sus amigos, a su pueblo y, por supuesto, también a él:
“Gracias por hacer más grande a nuestro pueblo. Eres una persona más que merecedora de este reconocimiento a una vida totalmente entregada en cuerpo y alma a tu pueblo, y que nunca da nada por perdido.”
Eres un gran referente para los que humildemente contribuimos a hacer valer, a través de estos escritos, la enorme valía de nuestro pueblo. Y eso se consigue con personas tan formidables como tú.
Te damos las gracias también por dar a conocer en este municipio deportes como el balonmano y por hacer del carnaval una tradición anual, siendo uno de los pilares y fundadores de estas fiestas.
Tito Chele es uno de los nuestros.
Y, a partir de hoy, uno de nuestros dioses: el Dios de la buena gente.
Siempre a nuestro lado.
Te queremos mucho, amigo y vecino.
Te lo mereces, Francisco.
Sergio Delgado Cintas






























Que alegría me ha dado leerte Sergio. Y hablando de Tito Chele. Lo recuerdo de adolescente en la puerta de la OJE cuando yo pasaba por allí.
Que alegría saber que está muy vivo y en el pueblo, para mí lejos, es una novedad.