17 de mayo de 2024

UNA SOLA RAZA, LA HUMANA; UNA SOLA IGLESIA, LA DE JESÚS

El pasado 13 de mayo, lunes, tuve la suerte de asistir a una convivencia religiosa de la comunidad evangélica de Peñarroya Pueblonuevo, con la asistencia de los pastores evangélicos de Mengíbar, de Madrid y de Barcelona, que acompañaron al pastor de la comunidad local

Hagamos un poco de historia.

La Iglesia Evangélica nace en el Siglo XVI, a partir de la Reforma de Martin Lutero (1.483-1.546), el cual, el 31 de octubre de 1.517 publica sus 95 tesis en un intento de reforma de todo cuando creía criticable y reformable, tanto a nivel papal como eclesiástico en general. A partir de esa fecha nace, en Alemania, la Iglesia Protestante o evangélica en general, que se extiende posteriormente por toda Europa, sufriendo grandes persecuciones e incomprensiones.

En España, en concreto, sufren, desde un primer momento, graves persecuciones durante 350 años, con la creación de la llamada “Santa Inquisición”. El decreto por el que se suprime la Inquisición se lleva a cabo el 22 de febrero de 1.813, aunque el delito de herejía siguió siendo objeto de persecución por los obispos hasta el año 1.934, en que, con la Segunda República Española, finaliza su reinado, reconociéndose por primera vez la libertad religiosa.  Una página negra de la Historia de España, llena de censuras, torturas, autos de fe, muertes y persecución. Y quizás, todavía, la persecución se extendería durante la primera mitad del Siglo XX, con la llegada de la dictadura franquista, durante la cual existió una unión total y favorecista entre Iglesia Católica y Estado. Un dato llamativo, durante esta época, los protestantes ni siquiera eran enterrados junto a los demás españoles, se les enterraba en lugares apartados de los cementerios, destinados a los abortos, los suicidas, los gnósticos y los judíos.

Tras las persecuciones, la razón se impone. La Constitución de 1.978, y la Ley de Libertad Religiosa de 1.980, garantizan la libertad religiosa y la libertad de culto, dando origen al desarrollo de estos grupos evangélicos. Hay contabilizados más de 4.500 templos protestantes, en más de 850 municipios. De todas las iglesias, unas 3.000 han abierto en los últimos años. Entre ellas, la más numerosa es la Iglesia Evangélica Filadelfia, con alrededor de 1.000 lugares de culto, y sus miembros de población mayoritariamente gitana.

Todas las iglesias cristianas. protestantes, evangélicas, católicas y ortodoxas, profesan la fe en Jesús como el Mesías anunciado en las escrituras hebreas, la devoción por la Biblia, y la identificación con la cruz.

Como tema central de la enseñanza evangélica, destaca la conciencia de la existencia de Dios, creador, justo y amoroso, que desea tener una relación personal con cada ser humano. Para ello es muy importante conocer las enseñanzas, las obras y el mensaje de Jesús, descubriéndolo en la convivencia comunitaria y predicación del Pastor.

Para un cristiano evangélico, la celebración religiosa es el momento en que se reúnen, en la iglesia o domicilio familiar, para alabar, adorar, hablar con Dios y escuchar las palabras del Pastor.

Y esto fue lo que viví, en primera persona, el martes pasado en la Iglesia Internacional “Palabra Viva”. de nuestro pueblo, integrada en la Federación de Entidades Evangélicas de España con el nº  015997.

La asistencia fue masiva, unas ochenta personas, destacando el gran número de jóvenes y niños. A la predicación de los pastores, las exclamaciones de júbilo y alabanza no cesaban de escucharse. Reunirse en grupo nos ofrece apoyo, seguridad, transmisión de la fe comunitaria. A través de himnos, silencios reflexivos, palabras y exclamaciones que brotan del corazón, se crea comunión. Entre las exclamaciones espontáneas de los asistentes hay una que se repite constantemente: “Aleluya”, junto a expresiones de acción de gracias al Señor, y petición de ayuda para solucionar los problemas personales.

Destaco, entre otros, el grito espontáneo de uno de los asistentes: “Peñarroya se vacía, pierde habitantes, pero ha llegado uno para quedarse definitivamente: Jesús”.

El acto finalizó con la imposición de manos sobre los asistentes, por parte de los Pastores, los cuales habían centrado su predicación en un punto concreto: Jesús no falla nunca, Jesús cumple siempre su palabra, Jesús siempre llega en el momento más oportuno.

Un acto verdaderamente emotivo, cargado de fe y esperanza, que me hicieron revivir las palabras de Jesús: “…para que todos sean uno; como Tú, oh Padre en mí, y yo en ti, que también ellos sean uno en nosotros…” (Juan 17, 21-23). ¡Ojalá, un día no lejano, podamos orar juntos todos los que seguimos a Jesús!

 

Carlos Serrano

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