Me confiesan que una loca del barrio anda buscando mi boca.
Su boca es fruto de una fuente de aguas termales donde sacio mi sed.
Aguas aptas para todos aquellos locos de amor que buscan la libertad de amar sin condiciones, sin ser presos del “qué dirán”, ni del rechazo de quienes no toleran las obras amatorias del dios del amor y sus secretos.
El otro día fui en busca de esa fuente, de esa loca que desea mi boca, que anhela besar mis labios, y que —como un depravado— también busca sellar mi labio superior e inferior con sus labios de seda.
Esas aguas son curativas como sus palabras: bálsamo sanador que revela que su locura y la mía tienen cura.
Surtió efecto beber de la fuente del amor, de esos labios que atan y vuelven adicto, preso de las divinidades que un loco del deseo bebió como brebaje, y con ello se curó de sus delirios de soledad.
No solo se liberó de la cárcel de las cuatro paredes de su casa, sino que se convirtió en fiel seguidor de esa fuente regentada por la loca que siempre quiso mi boca.
Y al juego del amor, como al de la vida, no hay que hacerle trampas.
Hay que beber siempre de esas aguas, de esa fuente, de esos labios deseosos de amar y de besar los labios que siempre quisieron besar.
Aquella loca del barrio está a pocos metros de mi boca, dispuesta a besarme y a prolongar mi locura: beber de sus labios narcóticos, de la fuente mágica del amor, la que conmueve corazones y nos mantiene eufóricos en esta vida llena de locas del barrio con sus fuentes en forma de labios sanatorios para los locos que quieren curar sus locuras.
Me expreso con el agua de la fuente de tus labios.
¿Estás dispuesta a besarme?
¿Y tú, te expresas?
¿A qué esperas para leer esta nueva cápsula emocional en exclusiva para los lectores y lectoras de Infoguadiato?
Sergio Delgado Cintas





























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