No hay mejor imagen ni fotografía para estas Navidades que una estampa familiar. Días de añoranza y nostalgia que nos invitan a detenernos en lo esencial, a mirar a los niños y niñas desde su inocencia, y a recuperar, sin complejos, ese espíritu navideño que a veces parece olvidado.
Nada ni nadie podrá apartarnos de las buenas intenciones de estos días. Saber apreciar a quienes nos rodean, lo cotidiano y lo verdadero, merece ser retratado, y hacerlo bien exige una buena cámara… y, sobre todo, una buena mirada.
Si a esa cámara se le une un magnífico fotógrafo —como nuestro homenajeado en esta Nochebuena, Antonio Bautista Prado—, junto al árbol de Navidad aparece una imagen que resume la esencia de la Navidad peñarriblense más tradicional.
Antonio es un fotógrafo fuera de serie. Un hombre pausado y tranquilo que ha sabido retratar los últimos treinta años de nuestra historia, siempre atento a lo que sucede en ese preciso instante en el que cámara y retratista se funden para detener el tiempo. En ese paseo silencioso entre el carrete y la revelación, nace la magia.
No busca el aplauso fácil ni el elogio gratuito. Antonio Bautista no fotografía para engrandecer egos, sino para contar la verdad de las personas y los momentos. Ha sabido evolucionar con los tiempos, mantenerse siempre a la vanguardia del sector fotográfico, con una sutileza especial en el uso del color y los retoques, siempre al servicio de lo importante: hacer felices a quienes confían en su trabajo.
Un homenaje sincero en Navidad para quien ha sabido mirar sin hacer ruido y contar nuestro pueblo con respeto, sensibilidad y honestidad.
Antonio Bautista Prado nació en Peñarroya-Pueblonuevo con una cualidad que no se aprende en ninguna escuela: la de observar sin estorbar. Hijo de Antonio Bautista Marmolejo y de Angelina Prado Fernández, y hermano de Ángela, creció en una familia donde el trabajo no se explicaba, se hacía. De su abuelo y de su padre heredó algo más que una profesión: heredó una ética. La fotografía no fue para él una ocurrencia ni una moda, sino una continuidad natural, casi un deber silencioso con la memoria.
Cursó C.O.U. y completó estudios y cursos de especialización en fotografía y reportajes fotográficos. Aprendió técnica, encuadre y revelado, pero sobre todo aprendió a esperar. Porque Antonio es de los que saben que la prisa estropea la verdad. Como autónomo y fotógrafo profesional ha recorrido actos, calles, celebraciones y momentos íntimos con una discreción casi invisible. Nunca interrumpe la escena; la respeta. Su cámara no invade, acompaña.
Es un hombre serio, callado, responsable. De los que llegan antes de tiempo y se van cuando ya no hacen falta. Un profesional riguroso, meticuloso, al que le importa tanto el resultado final como el camino para alcanzarlo. Por eso su trabajo transmite confianza: porque detrás hay compromiso, constancia y una mirada limpia.
En la adolescencia jugó al fútbol y le llamaban Boby. Fue uno más del grupo, sin estridencias, como siempre. Durante muchos años tocó la caja en la Procesión del Silencio del Miércoles Santo, marcando el ritmo de una de las tradiciones más sobrecogedoras del pueblo. Ahí, como en su vida, entendió que a veces el papel más importante es sostener el paso de los demás sin hacerse notar.
También conoció el servicio desde muy joven. Fue voluntario de Cruz Roja y, durante el servicio militar, conductor de ambulancia. Vidas en juego, decisiones rápidas, responsabilidad absoluta. No hay épica en cómo lo cuenta, porque nunca la buscó. Simplemente hizo lo que había que hacer, con serenidad y sentido del deber.
Su gran refugio es la música. Posee una colección de discos impresionante, recuerda fechas, versiones y sonidos con precisión casi artesanal. Es un cinéfilo convencido: el cine no como distracción, sino como lenguaje, como forma de entender al ser humano. Le gusta mirar películas como mira la realidad: con atención y respeto. Aficionado al fútbol y al baloncesto, vive el deporte con pasión contenida. Forofo del Barcelona, sin estridencias, fiel incluso en los momentos difíciles.
Desde la fundación del Periódico de Peñarroya-Pueblonuevo en 1992, Antonio es colaborador constante. Décadas de imágenes que hoy son archivo, memoria colectiva, historia viva. Muchas de las fotografías que explican el pasado reciente del pueblo llevan su firma, aunque casi nadie repare en ello. Y quizá ahí esté la grandeza: en haber estado siempre, sin alardes, dejando constancia.
Antonio Bautista Prado no es un hombre de palabras grandes ni de gestos exagerados. Es un hombre de hechos. Su vida es una suma de silencios útiles, de trabajos bien hechos, de responsabilidades asumidas sin ruido. Gracias a personas como él, la memoria no se borra y la historia cotidiana de un pueblo queda a salvo. Porque hay miradas que no buscan protagonismo, pero lo sostienen todo.
No hay trucos para ensalzar tanta belleza en sus fotografías. Nuestro amigo y vecino es el fiel reflejo de toda una vida dedicada a hacer lo que más le gusta, y lo hace de manera natural, sincera y honesta.
El encuadre y el decorado ya estaban en la escena, dispuestos para convertirse en la postal navideña de estas fiestas. Hoy se ha producido la simbiosis perfecta entre cámara y fotógrafo. En esta Nochebuena hemos querido rendir tributo a la figura de un hombre que, con su mirada, ha sabido retratar la esencia de lo cotidiano y, en esta ocasión, la llegada simbólica del Mesías.
En la noche de su nacimiento, Antonio Bautista Prado ha sido hoy el fotografiado. La cámara ha puesto imagen a las letras con las que, desde Infoguadiato, hemos querido expresar nuestra Navidad en Peñarroya-Pueblonuevo, a través de sus amigos y compañeros.
Un homenaje sencillo y divino en el día en el que todos nos reunimos alrededor de la mesa para celebrar una Nochebuena tan especial. A pesar de las ausencias, la vida debe continuar, por ellos y por ellas, y también por nuestro protagonista de hoy: Antonio Bautista Prado.
«En nochebuena todos los caminos llegan a casa»
ANÓNIMO
Te queremos mucho.
Te lo mereces.
Felices Fiestas.






























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