Hoy es Nochebuena y, alrededor de la mesa, una silla vacía. Una puesta de sol orienta su luz hacia esa silla, dejando patente que ese ser estará presente esta noche, iluminando todo el árbol y el decorado navideño.
Brindaremos alrededor de ese centro de luz que nos iluminó el camino a lo largo de su vida; aquella que nos dio la vida y que jamás pensé que nos iba a abandonar tan temprano. Pero la ley de la vida pasó antes por la suya. Aun así, sé que está descansando en el mejor lugar, en el paraíso, desde donde hoy nos mirará con esa cara de felicidad con la que nos dejó aquí, en la tierra.
Si hay una noche bonita, es esta, en la que seguro que lo pasaremos lo mejor posible, siguiendo su legado y en compañía de los seres que dejó para continuar su estela.
Son las primeras Navidades sin mi madre, pero también las primeras en las que me conectaré con ella desde el otro mundo. Le hablaré de lo que haré estas fiestas cuando vaya a visitarla este mediodía al cementerio y, después, por la noche, acuda a misa para celebrar la llegada al mundo del Dios divino; aquel que no juzgó ni a vivos ni a muertos, un Dios que hizo el bien y nos dejó una misión a todos los hombres y mujeres: amarnos los unos a los otros. Sin más, unas Navidades para aguardar que ya no estás en casa.
Todos los versos convertidos en besos. Caricias y abrazos que hoy se trasladan al cielo. Cuánto daría por meterme en tu cabeza y pasear por el paraíso cogidos de la mano, y que nos roce el viento para que la tristeza no invada mi miedo de no verte ya nunca jamás, después de casi ocho meses.
Suerte la mía de tenerte durante treinta y nueve Navidades. Esta primera será única y, como siempre te dije, fuiste una madre buena y siempre estarás con nosotros, cuidándonos, sea en el lugar que sea, porque siempre serás la luz que guíe mi vida.
Una vida que esta Nochebuena se sentirá tan cerca del cielo y de Dios bajo la presencia de mi adorada madre.
Tengo una obsesión y una envidia sana de Jesucristo, porque ya pasa más tiempo con él que conmigo mismo. Siempre te querré, mamá. Algún día nos volveremos a reencontrar. De momento, disfruta de tus Navidades en el Reino de los Cielos.
Por aquí abajo, todo bien.
Cuídanos y protégenos como hiciste en la tierra.
Feliz Navidad, mamá.
Besos al cielo.
Este artículo emocional de MOTIVA-TÉ se hace extensible a todos aquellos seres humanos que han perdido algún familiar recientemente y notarán estas Navidades el síndrome de la silla vacía.
A todos aquellos seres que ya no están con nosotros:
Felices Fiestas.
EL DÍA MÁS EMOTIVO DE MI VIDA
MOTIVA-TÉ con el día más emotivo de mi vida, donde todo es posible en Navidad.
Y tú, ¿estás motivado o motivada?
¿Te encuentras motivado o motivada?
MOTIVA-TÉ con estos artículos sobre reflexiones y pensamientos emocionales para los lectores y lectoras de INFOGUADIATO.
Sergio Delgado Cintas





























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